Wolfgang Amadeus Phoenix Wolfgang Amadeus Phoenix

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Phoenix PhoenixWolfgang Amadeus Phoenix

7.5 / 10

Phoenix  Wolfgang Amadeus Phoenix

V2 / COOP

Revisar el cuarto trabajo de los franceses Phoenix (me) obliga a un serio ejercicio de distanciamiento y abstracción. Hay demasiadas cosas alrededor de los de Versalles que me repelen sobremanera: desde Thomas Mars himself, hasta Thomas Mars encamándose con Sofia Coppola, pasando por la canción del verano (así, en general), su poco disimulado afán de situarse en el lugar de Coldplay –en lugar de conformarse con despeinarle el flequillo a Alex Kapranos de Franz Ferdinand (¿hacía falta decirlo?)–, que sean colegas de Air, la manera nada sibilina de importar hacia el rock recursos de las producciones de baile, no en vano produce de nuevo Philippe Zdar ( Motorbass, Cassius) y, en fin, el hecho de que se les siga viendo como unos indies “en crecimiento”, en lugar de como una banda mainstream de tomo y lomo (un fenómeno en el que coinciden con mis amigos The Strokes).

Pocas de esas cosas son responsabilidad directa de los propios miembros de Phoenix, así que lo mejor es centrarse en el contenido de un disco del que sobresalen por lo menos cinco canciones: “Lisztomania”, “1901”, “Fences”, “Lasso” y “Rome”, que contrastan poderosamente con el insufrible cuasi-instrumental de siete minutos “Love Like A Sunset”, que divide el LP con su mar de aburrimiento y su adocenado subidón (cosa muy francesa por otra parte). Al parecer, la intención de la pieza es recrear un viaje en coche a través de los túneles desde el centro de París hasta su Versalles natal (no, no se pasa bajo el Pont de l’Alma).

Lo cierto es que esas cinco canciones citadas son, todas ellas, quedoncillas, tarareables y candidatas a canción del verano (ver arriba) y proporcionan a Wolfgang Amadeus Phoenix una media de aciertos impresionante, sobre todo teniendo en cuenta que contiene apenas diez canciones y dos de ellas son las dos partes de “Love Like A Sunset”. Con ellas, Phoenix demuestran que son capaces de hilvanar melodías adhesivas con pasmosa facilidad ayudados por la peculiar pronunciación inglesa de Thomas y por toneladas de trucos de producción que potencian los ganchos de sonido en lugar de los melódicos (y no digamos ya de los líricos: hay pocas frases que puedan entenderse a la primera y la mayoría de ellas, sinceramente, no vale la pena recordarlas). Esa producción obsesiva –hay que hablar de “obsesión” cuando se invierten ¡¡dieciséis meses!! en grabar un LP– contrasta con las declaraciones promocionales de la banda en las que insisten en que improvisaron mucho y usaron las míticas Oblique Strategies de Brian Eno y Peter Schmidt para ayudarse a tomar decisiones. A mi juicio, les salió demasiadas veces la carta número 5 ( “Think of the radio”) y demasiadas pocas la número 103 ( “Go outside. Shut the door”).

Half Nelson.

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