With Love With Love

Álbumes

Zomby ZombyWith Love

7.7 / 10

Muchos llegaréis aquí en busca de sangre; Zomby no es el tipo de productor que despierte simpatía. No os faltan motivos, dicho sea de paso. Sus desplantes en directo en territorio nacional sin ningún tipo de justificación, su afición por firmar temas más cortos que un snippet (DJs complaining, ahí lo llevas), por no hablar del bragging continuum que es su cuenta de Twitter, expelen desprecio a aquel que osa prestarle atención. Y, por ende, hacen que el dolido fan sienta el mismo rechazo por el artista. Infinitamente esquivo con su identidad real –tanto que huyó a la Gran Manzana para preservarla lo mejor posible–, pero sobreexpuesto al mundo virtual con su omnipresencia en la red social. Aplicándose continuamente la fórmula de la auto-indulgencia cuando la caga (como con el episodio del plagio de “Natalia’s Song”) y, a la vez, cargando sin piedad contra trolls e incluso compañeros de profesión (los beefs con Roska y Scuba fueron de órdago). Su cretinismo es paradigmático. Pero su genialidad es insólita. Él lo sabe, todos lo sabemos. Y aquí estamos, aguantándole las tonterías a cambio de 33 nuevos cortes. Y lo que te rondaré, morena.

Para escuchar los dos discos que conforman “With Love” de un tirón necesitas una hora y muchos minutos de tu vida que, damos por sentado, no te sobran. Así que, dada la fisionomía del álbum, puedes dividir el trámite en dos cómodas partes. Al fin y al cabo, Zomby sigue facturando bosquejos (aquí hay más temas de más de tres minutos que en “Dedication”, pero no muchos más), coitus interruptus sin ningún tipo de hilo narrativo, dispuestos en aséptico orden alfabético. ¿Devalúa este factor el disco? Yo no lo creo. Es más, entiendo que este detalle es una vuelta de tuerca más en su afán de anticiparse al futuro con su obra. Y lo aplaudo. El primer disco es puro estimulante incluso en los momentos en los que suena a rap “codeínico”. En cambio, el segundo disco es totalmente relajante; más lineal, más monótono, convirtiéndose en el antídoto perfecto del primer CD. Así que, a pesar de no existir en “With Love” esa disposición narrativa de los cortes, sí que hay un contexto ideal, un doble contexto en este caso, para escucharlo. Y para juzgarlo.

Y puestos a juzgar, el primer disco es ejemplar. Mejor dicho, sería ejemplar si fuera posible pinchar la mitad de los temas y no desaparecieran en un abrupto fade out a los dos minutos. Compendia todos los estados por los que ha pasado Zomby desde “Where Were U In ’92?” hasta “Dedication” sin necesidad de variar su genética sonora. Los picos en los que retoma los breaks y la era rave como ingrediente básico –“ It’s Time”, “Overdose”, “777”– son fabulosos. Tensos, brutales, furiosos y apocalípticos como un buen viaje de éxtasis que acaba mal. Los episodios en los que aplica su dubstep preciosista y caleidoscópico –el de la época en que editaba en Hyperdub y Ramp– siguen embaucando y conmoviendo como la primera escucha. “A Darkness Falls”, “Memories”, o “Pray For Me” son buenos ejemplos. Hay demasiados beats de hip hop de calidad como para que los de Zomby destaquen, pero tampoco se les pone pegas. Y, para culminar, hay algunos temas excepcionalmente extraños viniendo de él que podrían marcar la línea a seguir en un futuro. “VI-XI” y su percusión tribalera es uno. Pero la ganadora por goleada es “Isis”. Ahí tenéis la mejor línea de bajo de 2013.

El segundo álbum es menos efectista porque es el de la bajona. Más sesudo, más planeador, quizás requiera de tiempo para macerar o de otro rondo de escuchas. Sea como fuere, hay tramos en los que Zomby vuelve a poner de manifiesto que su sensibilidad para la belleza conmovedora y triste es tan inmensa como su capacidad de irritar. “Black Rose”, “Reflection In Black Glass” o “Sunshine In November” desvían al productor de su zona de confort urbana y lo introducen por la puerta grande en la composición contemporánea. Podrían musicar el clímax de una buena película y hacerla mejor. El resto de canciones del segundo disco son una borrachera del hi-hats que navega a la deriva en la actual corriente instalada en el grime de copiar el trap norteamericano. Una absoluta herejía viniendo de alguien que no solo se las da de enciclopedia del grime, sino que cuando lo practica sin miramientos es fulminante –ojalá edite algún día su remix de “Cha”–. Si hay algo excepcional es ese featuring con Last Japan. No por el resultado, sino por ser la primera vez (si no me falla la memoria) que vemos un featuring en un disco de Zomby.

Otro disco discordante de este tarado con manía persecutoria, síndrome de Asperger o cualquier otro cuadro patológico mental. Y van tres. Seguiremos esperando esa obra maestra, ya por una cuestión de fe en su más que demostrada locura que por los brotes de genialidad que va dejando, como un rastro de miguitas, en su discografía.

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