Wild Peace Wild Peace

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Echo Lake Echo LakeWild Peace

7 / 10

Aunque los medios británicos ya han hecho todo lo posible para encumbrar a Echo Lake, debajo de los Pirineos son casi unos desconocidos. Aunque debería llamar la atención que publiquen en No Pain In Pop y Slumberland Records (encargados de la distribución europea y norteamericana, respectivamente) su álbum de debut, “Wild Peace”, que, por cierto, llega en el peor momento posible, pocos días después del repentino fallecimiento de su batería, Pete Hayes. Si dos sellos de tanto prestigio se han fijado en ellos, probablemente algo tendrán. Se sabe que el proyecto empezó en algún punto de finales de 2010 cuando Thom Hill y Linda Jarvis se conocieron en una escuela de arte del sur de Londres. Él encontró en ella a la aliada ideal para unas producciones que se miraban en el espejo de Beach Boys y Galaxie 500. En febrero de 2011 se estrenaron con el EP “Young Silence” en el sello londinense y ya en verano editaron un siete pulgadas, “Another Day”. Estos lanzamientos les sirvieron como caldo de cultivo para que la maquinaría del hype echase humo y les empezasen a salir bolos de debajo de las piedras.

Los cambios que ha sufrido la banda en el plazo de un año son los habituales en debutantes: no hay giro estilístico, es decir, siguen transitando por las pobladas aguas del dream-pop y el shoegaze, pero suenan un poco más limpios. Esto no quiere decir ni mucho menos que su sonido sea nítido, simplemente han echado un poco de barniz sobre sus canciones para que todo luzca más –especialmente la resultona voz de Jarvis– pero el reverb sigue ahí. Para muestra un botón: “Young Silence” e “In Dreams” están repescadas de su EP de debut, aunque regrabadas para la ocasión. Ambas contienen unos ritmos muy bien marcados por una percusión pesada; la primera orientada hacia al noise-rock de My Bloody Valentine y la segunda hacia esa mezcla de estilos con dominancia de krautrock que han popularizado bandas como Deerhunter.

Los ingredientes de todo buen disco de dream-pop que se precie están aquí bien expuestos. Empiezan con “Further Down”, una sólida introducción en la que bien pronto aparece la voz de Jarvis dividida en mil capas, hay unos cuantos susurros estimulantes y un matiz atmosférico que les acerca a Slowdive. Su gusto por las melodías queda patente en pistas como “Another Day”, en las que éstas se muestran amables e infantiles y, junto a una dulzona voz, entran en contraste, hacia la mitad, con unas guitarras ligeramente afiladas. También echan la mirada atrás hacia los 60s en piezas como la titular, que es como si a las girl-groups de ahora no les diese por distorsionar tanto su sonido, o en “Swimmers”, donde se acercan peligrosamente a terrenos Cults aunque sin unos resultados tan satisfactorios. En todos estos casos simplemente cumplen el expediente. No hay nada que reprocharles aparte de una cierta falta de valentía. Pero “Wild Peace” también brilla. Primero en “Even The Blind”, que precisamente ellos mismos consideran su canción más atrevida. Viene a ser algo así como si Arcade Fire se juntasen con Beach House para crear canciones etéreas. Más tarde hay un portentoso riff ( “Last Song Of The Year”) y ya para el final se dejan su mejor pieza, “Just Kids”, siete minutazos de dream-pop inmaculado que no tienen nada que envidiar a las producciones de Mazzy Star. Aquí por fin se desmelena el dúo, tanto ella, con una voz altamente sensual, como él, con unos épicos punteos de guitarra que erigen al tema como uno de los mejores que se han facturado este año en el género. Quizá no es lo suficiente para que el disco nos entusiasme como lo ha hecho en las Islas, pero desde luego no es un estreno tan tibio como aseguran desde el otro lado del charco.

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