Wild Light Wild Light

Álbumes

65daysofstatic 65daysofstaticWild Light

7.8 / 10

Bla, bla, bla: en ocasiones, escuchar a un artista hablar sobre su música es una cháchara insoportable, un desesperante no-sé-lo-que-hago-ni-por-qué-lo-hago que puede llegar a ser mortal de aburrimiento en épocas de promoción. Otras veces, presenciar cómo un músico mete mano a su propio trabajo, lo analiza y lo contextualiza es una delicia. Conviene entonces que el resto nos callemos un rato y prestemos atención. Es el caso del guitarrista Paul Wolinski, que ha firmado para Drowned In Sound un texto imprescindible para cualquier seguidor de 65daysofstatic y para cualquier insensato que quiera introducirse en su incendio inextinguible de guitarras inflamables, ritmos rotos e interferencias electrónicas. Wolinski repasa uno a uno los seis discos que la banda ha entregado desde 2004 y, lo que es más importante, habla con humildad de algunos de los problemas a los que se han enfrentado durante estos años, aportando información muy valiosa sobre sus técnicas de producción, de composición, sobre la dificultad para tocar en directo algunas de las filigranas conseguidas en estudio, sobre la oportunidad de ir de gira con The Cure, de su ascensión en términos de visibilidad y, ojo con esto, de la distinta percepción que a menudo tienen fans y bandas de lo que es “progresar”. En este sentido, queda muy claro que para el cuarteto, el giro de timón que supuso “We Were Exploding Anyway” (2010) les permitió encontrar un nuevo camino y evitar repetirse, encontrar una voz con la que sentirse cómodos definitivamente. Parece inevitable, porque así lo dicen ellos, que aquel disco supuso el “fin de una era” para 65dos. También abrió una brecha entre su, hasta entonces, inquebrantable legión de fans, y en una situación similar nos encontramos ahora: ¿cómo escapar de la trampa que supone haber encontrado tu camino?

Wolinski y su grupo parecen tener que justificarse constantemente por algo que, en su opinión, siempre ha estado presente en 65dos: la electrónica y el elemento bailable. Según cuenta, en sus años mozos estaba más próximo a Orbital y Underworld que a otras músicas y “no fue hasta los 20 años en que empecé a comenzar a escuchar cosas como Deftones, así que ese elemento [el bailable] siempre ha estado ahí”. Los beats y efectos programados también llevan en el ADN del grupo desde el comienzo, cuando ni siquiera tenían a alguien que tocara la batería, cuando se parecían “un poco a Fuck Buttons pero mucho más ruidosos”. En 2013, 65dos siguen condenados a jurar a sus seguidores que todavía hay millones de guitarras en sus discos, aunque ya no se inflen y exploten como antaño, a pesar de los sintetizadores y a pesar de que han pulido y perfeccionado ese componente cinematográfico que se le intuye a toda música instrumental, en especial al post-rock. En ese sentido, el nuevo “Wild Light” parte del ejercicio de contención mostrado en “We Were…”, pero también del evocador y cálido “Silent Running” (2011), la banda sonora alternativa que compusieron para la película de ciencia-ficción de 1972. Y no solo en lo musical: también en su idea de que un álbum es mucho más que una recopilación de canciones escritas y grabadas durante un periodo concreto.

En “Wild Light” hay una voluntad por mantener un orden preestablecido, por controlar el sonido y evitar que este salga despedido de los altavoces sin más, arrasando todo a su paso, y hay también un trabajo previo para esquivar algunos de los errores (y también algunos vicios) aprendidos en estos diez años. Estamos, en general, ante un disco donde sus canciones saben muy bien a dónde van, en el que todo está perfectamente dirigido (empezando por el volumen) y donde no hay más pérdida posible que la sorpresa. Por eso cuando uno escucha temas como “Unmake the Wild Light”, “The Undertow” y “Sleepwalk City” no puede evitar levantar una ceja: porque la música no discurre a borbotones por donde solía hacerlo (o al menos por donde el oyente de 65dos espera que lo haga) y, en su lugar, se para a desarrollar detalles que el grupo antes hubiera pasado por alto. No hay ruido que tape los huecos, no hay relleno.

La fantástica “Prims” ha sido elegida con razón como single de presentación del disco y del actual estado de las cosas: el ritmo sincopado en primer plano, arropado por sintes, pianos cristalinos que gotean y guitarras atmosféricas que huyen de la mera acumulación. Menuda sorpresa, eh: es lo de siempre, puro 65dos, pero mejor medido y cortado que nunca. La intensa “The Undertow” es otro ejemplo de contención, un tema que se interrumpe precisamente cuando uno espera que haga boom y le estalle en los oídos. El resultado es casi siempre hermosísimo, como lo son los paisajes huracanados y la narrativa de “Sleepwalk City” o los ecos sci-fi de “Heat Death Infinity Splitter”. Como ese “Safe Passage” encargado de mostrarnos la salida del túnel y en el que parecen interpretar a su manera el “Plainsong” de The Cure. Hay también tiempo para la pirotecnia, así que todos tranquilos: en “Blackspots” siguen sonando épicos y fibrosos, pero de nuevo consiguen hacerlo soltando lastre guitarrero, sin aspavientos ni demasiadas exageraciones. Otras veces, por desgracia, el buen hacer del grupo no da para tanto: “Taipei” hace alarde de una falta de originalidad preocupante, ni siquiera parecen 65daysofstatic, sino otro grupo más de post-rock lacrimógeno obsesionado con capturar el sonido de las explosiones en el firmamento. Está claro que todo paso que se salga del camino transitado tiene su riesgo, aquí, en concreto, el de armar algo tan bien construido, tan bonito y transparente, que acaba desembocando en ciertos arrebatos de vulgaridad.

Si eres de los que piensa que “We Were…” no fue ni de lejos un disco de transición o un parón en la carrera de 65dos, “White Light” te parecerá todavía mejor porque termina de afinar sus esfuerzos de los últimos años por apartarse de su propio canon. Es menos insolente y menos inmediato, pero se presta por ello a placenteras lecturas posteriores. Si por el contrario sigues pensando que los 65dos que merecen la pena son los que firmaron esa trilogía involuntaria de álbumes iniciales que forman “The Fall of Math” (2004), “One Time for All Time” (2005) y “The Destruction of Small Ideas” (2007), bueno, entonces puede que te parezca que a “Wild Light” le falta nervio y le sobre emotividad, especialmente cuando vuelves a escuchar temas tan estrictos como “Retreat! Retreat!”, “A Failsafe” o la irrepetible “The Distant & Mechanised Glow of Eastern European Dance Parties”. Al margen de dónde te coloques, estamos ante un ejercicio que resume a la perfección los esfuerzos del grupo por apartarse de su propio fantasma y cuya receta, en el fondo, no ha cambiado tanto como para echarse las manos a la cabeza. Y es que a veces nos ponemos de un alarmista que no hay quien nos aguante.

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