Wild Angels Wild Angels

Álbumes

Mary Anne Hobbs Mary Anne HobbsWild Angels

8.5 / 10

Mary Anne Hobbs presents  Wild Angels

PLANET MU

Ahhh, Pegaso. Bello animal de nobleza mitológica. Alas al viento, relinche equino de ultratumba, dermis blanca como el azúcar glasé, crin dorada acompañando las ondulaciones del viento… Mary Anne Hobbs es nuestro Pegaso particular, nuestra criatura eterna, inmutable, preciosa. Nuestro sueño caballar volando libre por el firmamento de la experimentación sonora, lanzando una coz letal a los que se frotan el miembro en la radiofórmula y se creen que Zomby y Rustie son dos payasos del circo húngaro. Nadie puede compararse a esta británica de porte aristocrático y Harley de 700 kilos aparcada en el garaje (le pirran las motos gigantes, no es broma). Su show radiofónico en la BBC Radio 1 ha perforado el himen herciano de Albión cual tranchete hasta alcanzar una repercusión mundial que le ha convertido en algo mucho más importante que una simple DJ en una emisora perdida en la bruma londinense. Mary Anne Hobbs es una gurú, amigos, su palabra es ley, sus exploraciones son pioneras, sus selecciones siempre van por delante de las de los demás. Si esta mujer de finas curvas y carácter afable –lo comprobé in situ en Sónar y me enamoré de ella– dice que el wonky es lo más, nosotros amén. Si dice que en la Costa Oeste americana está el futuro del hip-hop más transgresor, amén. Si dice que las pizzas Dr. Oetker son mejores que la de Casa Tarradellas, requeteamén.

“Wild Angels” es una selección que destila la exquisitez inigualable de esta diosa del underground; otro clavo en la cruz sagrada de Planet Mu (me pregunto si Mike Paradinas y nuestra heroína han tenido algo más que bleeps y bloops entre sus cuerpos), otra exhibición de paladar que asusta y deja al 80% de los selectors que conozco en simples amateurs rebuscando en las cubetas de Galerías Preciados. Nunca he sido muy amigo de las compilaciones, son los típicos álbumes de los que arrancas una canción, dos, tres a lo sumo, y luego abandonas a la suerte del polvo en las profundidades de tu discoteca. Cuidadín, fistros. No es el caso. Esta colección me ha cogido con las enaguas en los tobillos; todos los temas tienen sustancia y molleja. Aquí hay grandeza. Es una compilación porcina, qué demonios, se aprovecha hasta hasta la pezuña, que en este caso es una vomitona de ruido blanco con la firma de Appleblim –si optas por la versión vinilo– o de Legion Of Two –en el CD convencional– como colofón a una set de lágrimas en los ojos y carreras rabiosas.

El primer paso es etéreo, arrítmico y oscuro. Ambient denso como la brea y con guitarra eléctrica de ultratumba cortesía del siempre inspirado (e inspirador) Mark Pritchard, en este caso a años luz de la protervia Jedi –sector lado oscuro, claro– y del wonky que tanto parece gustarle últimamente. Es un comienzo para asentar glúteos y observar con toda la pachorra un desfile de derivados imposibles del germen dubstep, mutaciones grime y toda suerte de abstracciones alienígenas que nos hablan de un hip hop hinchado por la electrónica y fascinante en su aparente fealdad artificial. Ahí tenemos la magistral “Spotted” de Hudson Mohawke: como si J Dilla fuera Terminator e hiciera música con una máquina tragaperras. O el crunk radioactivo y enfermizo del eximio Rustie en la mareante “Zig-Zag”. O el hip hop esquizofrénico, makinero y grimesco de Starkey en “Gutter music V.I.P.” O el illbient marciano de Tranquill, con una relectura en clave dub del temarro “Payroll” que acojona cosa malita con ese sample de Vangelis que resuena por ahí. Pero también hay espacio para la ensoñación sideral, merced al garage con sabor a Detroit de Brackles –magistral “LHC”– o la electrónica bailable con bouquet melódico de Hyetal, en la impecable “We Should Light A Fire”. Y que no falte la locura, por supuesto, para eso tenemos a Darkstar y su “Videotape”, apasionante collage sonoro en tono lo-fi que reinventa el pop ketaminero con un par de bemoles. La avanzadilla electrónica británica y yanqui conviven en paz, y revueltos todos los oseznos del sampler y los 8-bits como los mejores huevos, bajo la placentera mirada de esta sílfide cuarentona que a cada compilación enlatada nos da una nueva lección de música y riesgo. Sabéis qué, retiro lo dicho al principio. Veo a Pegaso y veo a Mary Anne Hobbs, claro que sí, pero esta vez no hay caballo que valga: sólo ella y un camión de cuatro ejes que domar. Dale gas, Mary Anne, ¡dale más gas!

Óscar Broc

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