White Wilderness White Wilderness

Álbumes

John Vanderslice John VandersliceWhite Wilderness

6.6 / 10

John Vanderslice  White Wilderness

DEAD OCEANS

Inquieto y poco condescendiente con su propia música, John Vanderslice lleva ya tres discos consecutivos apretándose las tuercas e hincando los codos para darle nuevos aires y enfoques a sus grabaciones. Sus últimas señales de vida hasta la fecha eran el magnífico “Romanian Names”, disco que pasó algo desapercibido entre el público y la crítica (todavía sigo sin entender bien por qué), y el EP gratuito “Green Grow The Rushes”, que podías descargar plácidamente de su web. En el caso del álbum se agradecía el esfuerzo del cantante y compositor por pulir, perfeccionar y redirigir la producción y los arreglos, que tenían incidencia directa en una espléndida colección de canciones a medio camino entre el indie-pop y el folk, perfumadas, además, con un aire de melancolía y desencanto que las hacía todavía más irresistibles.

De cara a su nuevo disco, Vanderslice ha vuelto a dar un golpe de timón, ha intentado reformular y replantearse, una vez más, el proceso de grabación y las posibilidades de la producción, los arreglos y la dinámica de estudio. En colaboración con The Magik*Magik Orchestra, un combo de San Francisco con el que ya había actuado previamente, se encerró en el estudio durante tres días para experimentar con la unión de su estructura compositiva y expresiva más básica, guitarra, batería y bajo, más alguna incursión pianística, y del acompañamiento de una orquesta al uso que integrara sus instrumentos y también su visión arreglística, por llamarlo de alguna manera, en un contexto pop de corte clásico. Un experimento, una probatura en toda regla, con todo lo bueno y menos bueno que se puede desgranar de una aventura de estas características y condicionada, además, por la premura de tiempo con la que fue gestada y ejecutada.

El principal inconveniente de “White Wilderness” es que contiene tantos aciertos y hallazgos como obstáculos y desencuentros. En algunos momentos esta complicidad con la orquesta aflora en su máximo esplendor y le da mucho sentido y plenitud a la propuesta conjunta, como es el caso de la magnífica “Sea Salt”, tema de inicio que resume con excelencia el propósito de este duelo entre la visión de Vanderslice y la aportación de la formación, bien engrasada, con criterio y mucho contenido en la dinámica de la canción. Es algo que también sucede en “Convict Lake”, por ejemplo, y que justifica plenamente el propósito y la idea central del autor cuando planeó este álbum. En la otra cara de la moneda, “White Wilderness”, que estrecha lazos con Eels hasta el punto de confundirse con alguna canción de ‘E’; “20k”, con parecidos más que razonables con los Radiohead más solemnes; o “The Piano Lesson”, ceden casi todo el protagonismo a la orquesta, ralentizan el tempo y difuminan en exceso la personalidad del propio Vanderslice, que acaba perdido entre jugueteos y arreglos de cuerda y viento.

Quizás para equilibrar el contenido general, el cantautor se toma las licencias de incluir varios flashes de corte más ortodoxo y clásico, acorde con su propio discurso, como pueden ser “After It Ends”, él con su guitarra acústica y para de contar, o “English Vines”, otro medio tiempo tristón en que el papel de la orquesta es más secundario detrás de un esquema de piano y guitarra acústica en consonancia con los instantes más íntimos de su discurso. Y así, la sensación que te queda es la de haber escuchado un experimento inacabado o incompleto, más una suma de ideas y pruebas que un proyecto sólido y perfilado, algo así como un curioso y atractivo banco de pruebas que, a pesar de tres o cuatro canciones brillantes, y que conviene destacar una vez más, transmite emociones encontradas y desiguales y, a la postre, te acaba contagiando de su tono frío, anticlimático e implosivo.

Julio Pardo

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar