White Label Classics White Label Classics

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Ruff Sqwad Ruff SqwadWhite Label Classics

8 / 10

A medida que el grime va entrando en sus años de adolescencia, es hora de celebrar algunos de sus mayores logros con la edición de varias producciones populares y altamente difíciles de encontrar: las de Ruff Sqwad en “White Label Classics”. Para hacerse una idea de la importancia histórica y cultural de las más de 20 piezas instrumentales recogidas en este CD, el primer punto de referencia (y posiblemente el único) debería ser el artículo recientemente publicado por Dan Hancox en The Guardian. En tanto que uno de los comentaristas que mejor conocen el género, Hancox acierta al describir con exactitud la importancia de la reedición de estas producciones ahora ya clásicas.

Cuando apareció el grime a principios de la década pasada, no supe entender de qué iba la cosa. No siento ninguna vergüenza en admitirlo ahora. No fue hasta más tarde, alrededor de 2005 o 2006, cuando entendí complemente cuál era la relevancia del género tanto para la historia de la música moderna en el Reino Unido como para mis propios intereses musicales. Durante mucho tiempo, el grime era demasiado ruidoso y áspero, demasiado amateur, como para que yo me detuviera a prestarle atención. Mejor tarde que nunca, como dice el refrán.

El significado del grime, para mí, y como finalmente he acabado aceptándolo en los últimos años, es en su condición de ‘verdadero’ hip hop en el Reino Unido. Mientras el país disfrutaba de un buen periodo de hip hop autóctono con el cambio de siglo –reflejado en artistas como Skitz, Rodney P, Jehst, Braintax y algunos más, todos ellos editando por ese entonces sus mejores discos–, lo cierto es que ese hip hop británico no tenía nada que hacer ante su ascendiente americano, vinculados como estaban a un mismo lenguaje. Por supuesto, había diferencias locales, diferentes acentos, modismos y argot, y aún así el hip hop británico nunca se sacudió de encima el fantasma de su homólogo norteamericano, al menos no con tanto acierto como otras escenas locales en Europa como la francesa, que sí fue capaz de establecer una variante del género por la vía de la apropiación de ciertos giros vocales. Y, por tanto, el hip hop británico acabó muriendo de una manera que muchos creyeron inevitable. Pero llegó el grime, mucho más que otro sonido de Londres, y comenzó a dominar la escena local (y más tarde la nacional), ganando atención hasta conseguir un reconocimiento global a finales de esta década pasada. El grime era, y todavía lo sigue siendo, el verdadero hip hop de UK. Una música que es el equivalente a Londres lo que el hip hop fue a Nueva York durante sus años de formación.

Los paralelismos entre el grime y el hip hop son muy obvios si nos atenemos al nivel vocal, ya que son dos estilos dominados por los MCs. En ese sentido, nos ha recompensado con algunas de las expresiones vocales, freestyles y producciones más memorables de los últimos tiempos, lo que hace de “White Label Classics” un lanzamiento aún más interesante y vital a medida que se va acercando el final de 2012. Primero, porque está compuesto enteramente de instrumentales, 22 para ser exactos, seleccionados por los productores principales de la pandilla, Rapid y Dirty Danger de entre más de 50 beats legendarios. Al sacar a los MCs del encuadre se consigue que el foco de atención se centre en los artesanos del sonido grime, la gente responsable de inspirar a tantos MCs y hacer que la música urbana británica pudiera competir a modo de alternativa con sus hermanos americanos. Es tan real y vital, de hecho, que el grime ahora mismo se copia en Nueva York (y hasta Auckland), sólo porque su sonido ‘significa’ Londres, que viene a significar el país entero, y de una manera en que ningún otro género lo había conseguido antes.

El sonido de la música en esta recopilación no puede ser más desnudo, casi siempre sacando el máximo partido a una sencilla combinación de percusiones, líneas de bajo sintéticas y samples melódicos o vocales. Si trazamos otro rápido paralelismo con el hip hop, esta simplicidad imita aquellas legendarias producciones del hip hop, en especial las de la edad dorada de Nueva York, que eran a la vez simples en su construcción y a la vez poderosas y emocionales. Esta simplicidad en los beats viene, sin duda, del hecho de que la mayoría de cortes se hicieron cuando la pandilla la formaban todavía unos cuantos adolescentes de Bow (un barrio del este de Londres), a medida que aprendían a manejar el software de un ordenador para hacer beats –y revelando de paso la inmediatez que se obtiene al ser capaz de transformar una idea en un sonido real sin la exigencia de tener estudios musicales o un equipo caro. Este es el mismo ímpetu que nos ha dado algunos de los mejores discos de baile en Gran Bretaña en los últimos años (véase toda la escena dubstep). Hay un motivo por el que productores de todos los lugares y con background similar repiten tan a menudo la idea de que las limitaciones estimulan la creatividad. En un mundo en el que cualquiera puede descargar en un día todo tipo de herramientas para hacer música con calidad de estudio profesional de las que se van a poder a aprender a manejar en un año, la inmediatez y la energía de las producciones que hay en “White Label Classics” ofrecen la prueba de que no se trata de las herramientas que tienes, sino de lo que haces con ellas y qué partido les sacas en tu entorno directo.

La segunda razón por la que “White Label Classics” es un disco esencial es por el momento en que surge. La edición de todos estos dubs perdidos de Ruff Sqwad consigue algo muy parecido a lo que hace Mala cuando reúne algunos dubplates antiguos de DMZ: se le está dando un contexto histórico a la música. Mientras la relevancia del grime se ha debatido hasta la náusea en la última década y se ha proclamado su muerte unas cuantas veces más, “White Label Classics” demuestra que no hay que tener en cuenta ninguna de estas opiniones, porque el género aún tiene mucho que ofrecer tanto a los fans como a los artistas que aspiran a hacerse un lugar en el género. Esta selección de más de veinte producciones con casi diez años de antigüedad aún suena nueva e hipnótica, al menos tanto como en su momento, y es la única prueba que necesitamos para proclamar la longevidad, la relevancia cultural y las enseñanzas del grime.

En cuanto a la música en sí, para mí los mejores momentos en “White Label Classics” serían “Burial”, un riddim increíblemente ajado y desnudo con líneas de sintes gélidas tan crudas que deberían presentarse con una alerta de peligro a la salud auditiva, así como el muy alabado “Functions On The Low” –su melodía principal me recuerda a los mejores momentos del grime de influencia tradicional china– y también “Together”, que retuerce la melodía de guitarra del “Message In A Bottle” de The Police con una simplicidad tan bella que cualquier aficionado al hip hop debería rendirse ante ella. Luego tenemos “Ting In Boots”, con esa línea vocal que proclama “bass in your face” y que anticipaba en varios años el fetichismo del dubstep por la combinación de bajo y referencias lingüísticas al rostro (algo que también escuchamos en “Underground”), y “Top 3 Selected”, con su combinación discordante de percusión pop y subgraves pesados. Te puedes hacer una idea: hay muy poco que se pueda desaprovechar en “White Label Classics”.

“El grime ha cumplido diez años y nosotros ya somos viejos”, es lo que vino a decir Philip Sherburne hace poco en un artículo para Spin (cito de memoria). Sería muy fácil sacar a relucir la frase hecha que dice que cualquier tiempo pasado fue mejor, aunque en última instancia eso sería como ignorar la longevidad del grime, algo que queda de manifiesto en este disco y en algunas de las resurgencias recientes del género –véase, por ejemplo, el trabajo de Logos y Slackk en Londres, o incluso más allá, el de Noaipre desde Barcelona. El grime ha pasado por épocas de éxitos y fracasos, flirteos con el mainstream y autopsias prematuras, y aunque en la superficie parece que su pariente más cercano, el dubstep, es el que mejor ha resistido de los dos –al menos en cuanto a reconocimiento popular–, el grime es tan significativo en lo histórico y en lo cultural, si no más. Y “White Label Classics” es la prueba de todo esto.

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