When Can When Can

Álbumes

Kettel & Secede Kettel & SecedeWhen Can

7.1 / 10

Historias interrumpidas, las de Secede, Kettel y Sending Orbs. El primero llevaba sin editar nada desde 2007, el año de “Vega Libre EP” y su colaboración –primera, la que tenía que anticipar este álbum– con su amigo Kettel en el maxi “Perspeeks”. El segundo llevaba detenido desde 2009, tras “Myam James”, álbum en dos partes que en su exuberancia acid y su travesura IDM elevó el techo creativo de su carrera, y Sending Orbs, en tanto que sello, también hacía tres años que estaba detenido, tras haber cerrado un buen año con los álbumes del islandés Yagya y el alemán Markus Guentner, dos de los artistas con mejor repertorio ambiental de los últimos tiempos. En otras palabras, y por resumir: nadie esperaba “When Can” a estas alturas del siglo porque se daba por hecho que Sending Orbs había cesado en su actividad y tanto Lennard van der Last (Secede) como Reimer Eising (Kettel) estaban desaparecidos en combate. Pero aquí está, como prueba quizás de que las promesas, por muy antiguas que sean y olvidadas que estén, todavía hay gente que se resiste a incumplirlas.

Años atrás, se anunció que Secede y Kettel iban a grabar un álbum a medias. En aquel momento parecía la mejor de las ideas: “Tryshasia” (2005) se había convertido en un clásico moderno del ambient de tono melancólico –algo así como la respuesta holandesa a Boards Of Canada–, y Kettel había consolidado su reputación en la IDM como un productor de gran instinto melódico, un dibujante de notas juguetonas en medio de rupturas rítmicas propias del techno y el braindance de la escuela Rephlex –era un Aphex Twin con granos, un Cylob con coleta–. Con toda seguridad, lo que hubiera surgido en aquel momento habría sido muy diferente a lo que ahora es “When Can”: había un momento en “Tryshasia”, “Leraine”, que estaba firmado a medias por los dos, y era pop ambient en su más depurada versión. Pero era siete años atrás y sus gustos, prioridades y avatares vitales eran muy distintos a los de hoy.

¿Qué clase de disco es, pues, este “When Can” de 2012? La descripción más honesta y fácil de entender sería ‘downtempo’: las once producciones trabajadas por Secede y Kettel son miniaturas electrónicas montadas sobre ritmos suaves, veraniegos y que podrían ganarse perfectamente la etiqueta ‘balearic’, pues entre ellas abundan sonidos de viento y olas, trinos de pájaros (o el canto de un gallo) y sonidos de motores, esa sensación placentera de un atardecer de agosto en una costa mediterránea. Tiene por momentos la ligereza de un disco new age, sobre todo cuando suenan arpas y pífanos junto a los sonidos electrónicos, y la despreocupación relajante de algunos viejos títulos de The Orb pero con los pies en el suelo: “When Can” parece querer situar a quien se acerque a escucharlo en un prado fresco, no en la inmensidad del espacio. La música evita cualquier tipo de grandeza y discurre como las aguas claras de un arroyo, si seguimos el símil pastoral.

Sin embargo, es inevitable sentir una decepción, no por lo que el álbum es, sino por lo que pudiera haber sido, sobre todo si se hubiera elaborado hace cuatro años. Secede siempre se había acercado al ambient con una sutileza mayor de la mostrada aquí: sus melodías eran un temblor, no una caricia con toda la palma de la mano; sus texturas eran etéreas, no terrenales como aquí –la diferencia entre lo celestial y lo mundano, excepto en “Canned Forever”, final que suena como petición de segunda oportunidad–, y Kettel es el tipo de artista capaz de sostener un equilibrio entre la belleza paradisiaca y un fuerte brío clubber, y aquí se echan a faltar sus ritmos quebrados, sus rompecabezas con el software de edición y sus incursiones ácidas. Esos desfases y desajustes, ese tiempo empleado entre dudas e inicios frustrados, es lo que al final ha impedido que haya salido un disco sublime y haya quedado, simplemente –y que no es poco–, un disco enternecedor.

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