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Álbumes

El-P El-PWeareallgoingtoburninhellmegamixxx3

7.8 / 10

EL-P, Weareallgoingtoburninhellmegamixxx3 GOLD DUST

Digamos que las anteriores entregas de la serie Megamixxx de El-P sonaban como un puntapié en la sien, pero el tracklist era inconexo y los cortes parecían dispuestos sin ton ni son. “Aquí tenéis unos temitas que tenía en los baúles, para que vayáis matando el hambre”. Nada en contra. Lo que pasa es que El Producto no es el clásico artista endiosado que se aburguesa porque sí, por algo el tipo lleva 20 años en el juego del rap con los índices de respeto intactos, sin haberse bajado una sola vez los pantalones ante la industria y las modas. Por eso, en este “Weareallgointoburninhell megamixxx 3” se aprecia una clara evolución en lo que al concepto de álbum se refiere. Las apuestas han subido. El otrora soldado de Company Flow ha conseguido elevar la catadura de sus nuevas aventuras instrumentales, dándole comienzo, nudo y desenlace tanto al conjunto como a las diferentes piezas que componen esta M-16 cargada de napalm y funk de destrucción masiva. Se aprecia una mayor elaboración en el guión de la película, un intento por disponer las fichas en un arco argumental que enganche al oyente y una progresión dramática en todos y cada uno de los temas.

He leído ya en varios sitios que el álbum que nos ocupa –sí, esta vez sí que podemos considerarlo un álbum, no una colección de outtakes– le debe mucho al “Donuts” de J.Dilla. De todos modos, que nadie piense que El-P ha decidido imitar los parcheados de jazz-funk futurista del maestro de Detroit. El fundador del malogrado sello Def Jux ha asegurado que la inspiración se debe más a la idea de producir cortes que fueran al grano, sin paja, sin minutos de la basura: a no aburrir al oyente, como hacen muchos discos instrumentales. La influencia musical de Dilla, a mi modo de ver, es mínima: El-P tiene suficiente con insuflar vida a su particular mundo de angustia hip hop para hacer rugir el motor; musicalmente él y sólo él es su único maestro.

Aquí no hay sitio para los que buscan sutileza, paisajes cósmicos o hip-folk avantgarde. Estamos ante una pintura tenebrista llena de moscas e insectos viscosos; una máscara de tortura que no te permite respirar y perfora tus cuencas oculares con clavos oxidados: distorsiones que ponen a prueba los graves de nuestro equipo, ritmos gordos con sabor a electro putrefacto, melodías enojosas sacadas de una película gore, teclados lo-fi que parecen compuestos para una misa negra con Vangelis y Jan Hammer en la mesa de sacrificios. En estos momentos de mutación electrónica para el hip hop instrumental, ahora que la sofisticación digital de Los Ángeles parece marcar el ritmo de la maratón, se agradece encontrar una colección de beats tan aplastantemente ortodoxos, tan in your face, tan directos, tan barrocos, tan ruidosos y tan góticos.

El-P acude una vez al rock progresivo para endurecer los callos de su sonido y conferirle al mejunje esa grasa retro que hace de su universo algo único. El riff satánico de “I Got This” y las guitarras estilo Black Sabbath de “Secret Police Man’s Ball” te golpean con encarnizamiento y hacen crepitar los auriculares hasta sacarles sangre. Y se aferra al componente apocalíptico del heavy luciferino para imprimir el extra de mala hostia que requieren sus cortes más tóxicos y más rabiosamente funk. Hablo del remix de “Driving Down The Block” de Kidz In The Hall –para mí la mejor base instrumental del 2010, así de claro–; hablo de “Whores: The Movie” –los efectos electrónicos, el riff, las sirenas, ¡fuas!–; hablo de “Time Won’t Tell”, obra de orfebrería hardcore que podría estar perfectamente entre los mejores temas de The Glitch Mob –si el trío de LA hubiera fichado a Darth Maul como beatmamker–. El-P juega cada vez más con los sintetizadores y enriquece su particular infierno con unos teclados que producen cagarrinas. Su capacidad de hombre orquesta le permite incluso devorar el libro de estilo del dubstep para reinventar el género en la acojonante “Honda Redux” o dejar a Squarepuhser y similares en braguitas mojadas con la ensalada de drum’n’bass licántropo de “Drunk With A Loaded Pistol”. Jaime Meline es el hijo del diablo, ya no hay duda de ello, y nos ha regalado la fanfarria del Apocalipsisis. Así es, el minutaje de este apasionante álbum es exactamente el tiempo de vida que le queda a la humanidad. Cogedme la mano y no miréis abajo: lo que El-P enseña da miedo. Óscar Broc El-P - Whoress: The Movie El-P - I Got This (EL-P Remix) Redux [Instrumnetal]

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