We Built A Fire We Built A Fire

Álbumes

Seabear SeabearWe Built A Fire

7.3 / 10

Seabear  We Built A Fire MORR MUSIC

El buenrollismo que despiden Seabear, se lo huele este redactor, seguramente viene por el hecho de vivir en Reikiavik, la capital de Islandia y cuna de la mujer-simbiosis (entre humanos y aliens) Björk. Como en el caso de sus otros paisanos ( múm o Sigur Rós), hay algo en toda esta música que viene con el equivalente del sello de denominación de origen (podríamos comprar vinilos de todos ellos y encontrarnos con un sticker promocional con el eslógan “hecho en Islandia”). En el caso de Seabear, básicamente tenemos aquí al multi instrumentalista Sindri Már Sigfússon que ha dejado de lado proyectos mucho más arriesgados (presentó “Clangour” bajo el nombre de Sin Fang Bous, o su hemisferio cerebral más electrónico) para juntarse con su actual sexteto y volver a facturar, después de aquel disco de debut, “The Ghost That Carried Us Away” (2007), otro volumen de depresión a dentelladas.

Lo que ocurre, sin embargo, es que la manifiesta dicotomía musical de Sindri no se ha decantado ni por la conjugación electrónica ni por la depresión en (podríamos decir) clave de sol sostenido, o la alegría contenida de muchos de sus nuevos temas. “We Built A Fire”, pues, es un miasma de claroscuros. Casos como el de “Lion Faces Boy” o “I’ll Build You A Fire” son como pastillas energéticas para una voz, la de Sindri, tan flotante y ancha como un dirigible. ¿El resto? Bandas sonoras de una película del medio oeste (en “Fire Dies Down” hay silbidos incluidos) que derivan hacia el alt-country en arrebatos pasionales y acústicos. Es una especie de engaño, como “Cold Summer”, un espejismo donde los viajes por el desierto en un coche con teclas de piano como carrocería terminan convirtiéndose en rock de medios tiempos pasado por el filtro de los violines más hippies. El himno pastoril por antonomasia en este trabajo es “Wooden Teeth”, y que levante la mano quien no vea por el rabillo del ojo a la Companyia Elèctrica Dharma en los acelerones folkies de la canción de cuna “We Fell Off The Roof”. Es decir, que tenemos un grupo de canciones (eso sí, muy defendibles) con saltos en el género a veces bruscos ( “Leafmask” comienza siendo pseudoamericana y termina con tonos demacrados y coros angelicales), a veces muy bien calculados (el arranque post-mortem de “Warm Blood” es interrumpido por un guitarreo rabioso efectivo que realmente potencia el dramatismo), pero que, en general, carecen de estribillos mnemónicos (en el caso de la correcta “Softship”).

Solamente una canción sobresale como un jugador de baloncesto entre chavales de párvulos: la maravilla “In Winter Eyes”, una oda a la referencia oculta, Sufjan Stevens, que marca (o debería hacerlo) el camino a seguir por Sindri de cara al futuro tercer disco (si lo hay) de Seabear. Porque éste “We Built A Fire” propone y dispone, pero peca de inquietudes de estudiante de bachillerato, que no sabe aún si optar entre las carreras de ciencias o las de letras. Con Sin Fang Bous demostró su buen hacer en el mundo de los arreglos electrónicos. Con Seabear toca meter mano a panoramas menos campestres y de banda sonora y asentar mejor estas bases folkies de guitarras y ritmos y riffs diáfanos, tan alegres y potentes, tan contradictorios con el susurro de Tramontana que es la gélida voz de Sindri. Entonces podremos decir de ellos que son como querían ser en realidad, un Sufjan Stevens en plan relax, unos múm pasados de revoluciones y unos Kings Of Convenience sin sus toques afrancesados. No parece sencillo. Pero Björk tampoco parecía humana, y mírala.

Jordi Guinart

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