Ways To Forget Ways To Forget

Álbumes

Clock Opera Clock OperaWays To Forget

7 / 10

Hay grupos que, en plena era de las prisas, prefieren tomarse las cosas con calma. Es el caso de Clock Opera, proyecto británico capitaneado por Guy Connelly del que se empezó a hablar hace tres años. Desde entonces, se postuló como una de las grandes esperanzas pop de las islas, y aunque los sencillos iban llegando –y alguna que otra remezcla a gente como Au Revoir Simone, The Drums, Metronomy o Tracey Thorn–, el esperado álbum de debut se retrasaba. Cuando parecía que otoño de 2011 iba a ser el momento marcado para su estreno volvió a demorarse, esta vez hasta abril de 2012: hace unos días ya que Moshi Moshi Records lo tiene en las tiendas. Tomarse las cosas con calma en estos días es un arma de doble filo. Si utilizas bien el tiempo y no holgazaneas puede servirte para perfeccionar el material del que dispones. Pero también puede que te recrees en la postproducción, que se te pase el arroz o, peor aún, que la gente empiece a olvidarse de ti. Afortunadamente, y sólo echando un vistazo a su agenda –con bolo en el Scala londinense incluido–, parece ser que no ha ocurrido nada de eso.

Desde los primeros compases queda claro que Clock Opera es un proyecto esencialmente británico. Guy Connelly como cantante es muy solvente. La comparación fácil sería con su tocayo Guy Garvey, de hecho su música debe mucho a la sofisticación de Elbow. Pero tiene más recursos: alterna con asombrosa facilidad entre el registro de barítono y el falsete, como si fuese a la vez Hayden Thorpe y Tom Fleming de Wild Beasts. Sin embargo, a diferencia de estas bandas, pocas veces consigue altas cotas de intensidad emocional (en “11th Hour” se acerca, pero sin llegar a sobrecoger en ningún momento). También cabe achacarle que, con el tiempo que ha tenido, no haya sido capaz de afinar del todo su puntería. Hay momentos realmente interesantes en dos distintas vertientes. Por un lado, hay himnos de estadio como “Man Made” –que parece compuesta para que suene expresamente en los escenarios grandes de los festivales veraniegos, con miles de jóvenes siguiendo el estribillo: “I want to show you how much I've left to lose”–, y “The Lost Buoys”, solvente en sus formas retro y un falsete para quitarse el sombrero. Ambas emergen aquí como las piezas destacadas para quienes busquen unos buenos bailoteos. Por el otro, también sabe ponerse elegante y guardar la compostura, como en la coqueta e intimista “Belongings”. Desgraciadamente, también hay patinazos. “Move To The Mountains” evoca lo más insulso del pop hecho en las islas. Su piano es demasiado azucarado y la percusión recuerda demasiado a Coldplay. Sin lugar a dudas, el peor momento de “Ways To Forget” junto al ramalazo electrónico risueño de “White Noise” (en este terreno está mucho más acertado en “A Piece Of String”).

Existen, además, momentos en los que combina sabiamente ambas vertientes y lo hace con un sentido de la estructura compositiva admirable. En “Once And For All” maneja bien la tensión para luego soltar los fuegos artificiales pasado el primer minuto; “Lesson No. 7” gusta especialmente porque es donde el bajo está más presente, guiando al tema hacia un clímax final estruendoso; y “Fail Better” pasa en tres minutos de Noah And The Whale a MGMT. Es éste un álbum casi perfecto en el apartado técnico. Con todo, no va a sorprender a nadie a estas alturas –aunque probablemente tampoco lo buscaba–, y cumple con las expectativas depositadas en él.

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar