Waxing Gibbous Waxing Gibbous

Álbumes

Malcolm Middleton Malcolm MiddletonWaxing Gibbous

7.8 / 10

Malcolm Middleton  Waxing Gibbous FULL TIME HOBBY

A todo el mundo parecía caerle mejor Aidan Moffat… y no se entiende el porqué. Cierto es que el antiguo frontman de Arab Strap era y es pura pirotecnia: sus letras eran transparentes en el sentido de que lo dejaban todo a la vista. Y cuando digo “todo”, quiero decir “todo”. Vamos, que si eras una ex novia de este tipo podías ir llamando a tus abogados porque el barbudo escocés iba a explicar incluso cuál era el tono de tu gemido al llegar al orgasmo. A su lado, Malcolm Middleton siempre parecía quedar en segundo plano. Incluso cuando empezó a labrarse una carrera en solitario con su debut, “5:14 Fluoxytine Seagull Alcohol John Nicotina” (Chemikal Underground, 2003), se le endilgó la etiqueta de “atormentado à la Morrissey” en contraposición al vistoso “atormentador” que lucía Moffat en su frente. Ya se sabe: cuando te ponen etiquetas, puedes tomártelo mal o hacer de tu capa un sayo… Y el Middleton de “Waxing Gibbous” (Full Time Hobby, 2009) tiene su armario a rebosar de sayos.

Eso sí, el color predominante en ese guardarropa es el negro del luto: por ahora, el artista ha expresado la voluntad de que este álbum suponga el inicio de un paréntesis largo o incluso un punto y final en su carrera en solitario. Semejante declaración de intenciones entristece al comprobar que, por fin, en “Waxing Gibbous” Middleton ha encontrado su propia identidad personal y diferenciada: una voz que coge la caja de cartón de “atormentado” y la convierte en una habitación amplia y espaciosa, con abundantes ventanales que arrojan un torrente de luz matutina sobre los dramas que, inevitablemente, habitan entre las cuatro paredes. Y es que puede que, al fin y al cabo, la decisión del artista de retirarse tenga algo que ver con el título de este álbum: “waxing gibbous” es una fase lunar a medio camino entre la media luna y la luna llena. Lo que puede traducirse directamente como: “ey, tíos, que por mucho que digáis que me mola eso de ir de alma en pena, lo cierto es que veo la botella medio llena, no medio vacía”. Pero, en ocasiones, ni ver la botella medio llena es suficiente motivo para continuar hacia adelante...Podría decirse que escuchar “Waxing Gibbous” se asemeja a pasear por senderos de montaña que suben y bajan a cada minuto, pero lo cierto es que el álbum supura espíritu urbano de confesiones entre amigos en pubs beodos y paseos parejiles de domingo por la mañana por los parques de la ciudad. Basta escuchar la excepcional “Red Travellin’ Socks” que abre el disco para rendirse a la evidencia de que las comparaciones con el miserabilismo de Morrissey son más que injustas, y que mejor será mirar en la dirección del Bruce Springsteen de luces de neón en moteles de barrios periféricos: es una espídica y luminosa encabalgada sobre ritmos guitarreros que no pierden de vista las vías del tren popero de toda la vida. Y es que también hay mucho de viaje en “Waxing Gibbous”, aunque sean viajes por trenes de alta velocidad en los que casi no te da tiempo a vislumbrar el paisaje rural que se esperaría de un escocés de pura cepa como Middleton. “Kiss At The Station”, el segundo corte, arranca precisamente con el sonido de un tren para explorar las mismas texturas de pop rock de estadio que borda el Springsteen menos atormentado, ampliando las fronteras de la referencia con un estribillo pegadizo y unas guitarras colosales que recuerdan al último disco de Arab Strap, “The Last Romance” (Transdreamer, 2006). El tercer corte es, sin embargo, la estrella del lote: “Carry Me”, más en la línea del malrollismo opaco de los Arab Strap primigenios, extingue las luces que brillaban en las canciones anteriores para ahogar la atmósfera en el humo de tabaco de las confesiones de pub que se susurran a altas horas de la madrugada. Los coros, a cargo de Jenny Reeve y King Creosote (como en el resto del disco), puntean el fraseo melancólico con un aire espiritual, que no gospel: hay más de iglesia escocesa que de coro de basílica norteamericana.

A partir de aquí, las subidas y bajadas se suceden como una visita turística a una ciudad realizada en un único día. “Zero” se abre con unos teclados borrachuzos que recuerdan a Casiotone For The Painfully Alone hasta que explotan en un pop trotón, pegadizo y optimista que se sublimará en las posteriores “Subset Of The World” y, sobre todo, en “Shadows”. Los medios tiempos predominan con digresiones electrónicas ( “Love On The Run”), con coros capaces de soplarte directamente en el corazón (los de King Creosote en “Don't Want To Sleep Tonight” son arrebatadores) y con composiciones desnudas con aroma de western religioso escocés ( “Ballad Of Fuck All”). Y aquellos que piensen que el drama es la especialidad de Malcolm Middleton podrán corroborar sus teorías con delicadas composiciones como “Stop Doing Be Good” o “Box & Knife”, donde el drama se personifica en opacos muros de sonido; u otras como “Made Up Your Mind” o la mencionada “Carry Me”, en las que, tras la ruptura, Middleton busca un piso de soltero en el que, por favor, tiene que haber una chimenea para calentarse las manos (y el corazón) cuando caiga la noche. En ese piso, además, hay que añadir que suenan los pianos de Barry Burns ( Mogwai), presentes durante todo el disco.

Puede que, en conjunto, “Waxing Gibbous” sea el escalón anterior al estado de gracia que ansía todo artista. Y, sí, hay que admitir que es mucho menos pirotécnico que cualquiera de los aspavientos de Aidan Moffat. Pero entristece ver cómo, justo después de casi casi alcanzar la luna llena, Middleton decide tirar la toalla en vez de seguir amueblando y perfeccionando su nuevo piso de soltero. Dan ganas de escribirle (a mano) una carta (de las de antes) para decirle: “Malcolm, de verdad, yo tampoco entiendo por qué la gente prefiere a Moffat. Tú sigue con lo tuyo, confórmate y celebra lo que tienes”. Que no es poco.

Raül De Tena

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