Watergate Vol. 06 Watergate Vol. 06

Álbumes

dOP dOPWatergate Vol. 06

7.3 / 10

dOP  Watergate Vol. 06 WATERGATE

Que sí, hombre, que a los clubes más importantes y adinerados les gusta darse baños con su propio sebo, les gusta que te lleves un pedazo de ellos a casa, les gusta ser más que un club, como el FC Barcelona. Cuando una disco tiene su propia serie de CD-mixes es que ha alcanzado un estatus ciertamente elevado y, qué diablos, si Fabric y Berghain, por poner dos rollizos ejemplos, lo hacen ¿por qué diablos iba a ser menos la enormísima discoteca Watergate de Berlín? Tener tu línea de CDs te inyecta pedigrí y te granjea respeto internacional. De todos modos, me gustaría decir algo que todos los ejemplares masculinos pensamos: los mejores clubs no son los que tienen su propia línea de sesiones enlatadas; los mejores clubs son los que tienen las mejores tías. Huelga decir que si tienes una combinación de ambas cosas, entonces eres la hostia en verso y ese es precisamente el caso de Watergate: tiene enormes CD-mixes y unas jacas de pellejo y pechuga germánica que harían andar a Stephen Hawking. Toma bingo.

En este contexto hormonal-technoide, llega la sexta entrega de la serie con una propuesta que intenta desmarcarse de los tópicos, apostando por una fórmula a medio camino entre el disco de rarezas, el directo y la sesión in your face. Los artífices de este mamotreto bailable son el trío parisino dOP, una fuerza de la naturaleza en cuestiones de groove y house con alma. Los franceses han decidido envolver su regalo con toda suerte de novedosos adornos, han querido rizar el rizo, y lo cierto es que la pirueta les ha salido muy bien. Todas las canciones del set son suyas (hay remezclas, temas propios y cortes en colaboración con otros artistas), el material es inédito y exclusivo para este CD y el formato parece mantenerse perfectamente a flote entre la inmediatez de la sesión y la precisión quirúrgica del live concert. Con tan llamativo envoltorio, cabría pensar que esta endogamia puede resultar cargante y pesada, pero no. Los cerebros de dOP se las apañan para que el viaje tenga sentido de principio a fin y no se convierta en una ducha de autobombo musical y nutrición de ego porque sí. Los trece cortes que conforman el set se comportan como un todo, como un fluido musical que te inunda los pulmones y aún así te permite respirar, como si fueras la rata de laboratorio de Abyss.

La idea está clara. Quieren hacernos bailar, pero no quieren palmas, silbidos, torsos desnudos de hombre y otras guarrerías de la música dance más provinciana. Lo suyo es aristocracia house de la buena, por eso buscan refinamiento y high class. Lo que les va es un dancefloor bien educado, cultivado en las buenas maneras, con gente guapa moviéndose felinamente, mujeres de piernas largas embutidas en vestido de verano, cócteles imposibles en la barra, una terraza al lado del mediterráneo (o del río Spree). No puedes colmar semejantes ambiciones con cuatro temas chungos, acelerados y grasientos. De ahí que el latido de la sesión sea house, pero un house profundísimo, hipnótico, con sedación intravenosa –la concatenación de “Before You Go” y “Carte Blanche”, por ejemplo así lo atestigua–, guiños al sonido Detroit más puro – “Call The Shots”– y una elegancia gatuna pensada para mojar bragas. Los graves son cavernosos, pero dulces, agradables, como un vibrador silencioso hincado en el clítoris, como un muelle perfectamente engrasado.

Lo bueno es que no se dejan llevar en ningún momento por la euforia. Saben contenerse y mantener a raya los bpms. Y eso es impagable. Se permiten el lujo de hacer pequeños descansos y atacar directamente a la yugular con descargas de deep house tántrico, como vemos en la brutal irrupción de “Glory Hole”, que pone la piel de gallina. El arrastre es perezoso y ofrece pasajes de instrumentación real muy estimulantes, como los maravillosos pianos de “Deaf Wagrant”. Aquí hay calidad. Belleza. Sumido en una sedosa embriaguez, llegas sin darte cuenta al track 13, emerges del líquido amniótico y das las gracias por un set subyugante, estilizado, suave, fresco y reptante. Ya lo dijo Bruce Lee: “be Watergate, my friend”.

Óscar Broc

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