A Wasteland Companion A Wasteland Companion

Álbumes

M. Ward M. WardA Wasteland Companion

7.7 / 10

Hablábamos el otro día de cómo James Mercer ha alcanzado la madurez abriéndose a la comercialidad sin apenas despeinarse. Pues bien, aquí tenemos bordeando la cuarentena a otro que convierte en oro todo aquello que toca. A M. Ward le adora todo el mundo. A Mercer también. Ambos pulen el sonido al máximo y los dos, Mercer menos, parecen empeñados en escribir canciones pretéritas que no pertenezcan al año en que viven. Aunque más joven, Ward representa un estilo de compositor menos locuaz. Tierna y queda, su música reconforta enfocando lo ‘radiable’ desde una perspectiva diferente a la de Mercer, como se puede comprobar al escuchar el cegador “Port Of Morrow” y este deslumbrante, pero menos, séptimo trabajo del de Oregon. Por decirlo en plan fino, “A Wasteland Companion” es un disco delicioso pero no una delicatessen como eran “The Transfiguration Of Vincent” (2003), “Transistor Radio” (2005) o “Post-War” (2006). Estamos ante un disco, como ya ocurrió con “Hold Time” (2009), más de artista consagrado que de consagración.

No se asusten. La frecuencia continúa sintonizada en el mismo dial de siempre. Ward flotando en una bendita nube acústica que le lleva como el río a la corriente. Su voz rociando arbustos de blues evanescente, rescatando telarañas que cuelgan de época mejores. Fantasmas de cuando en la radio se ponían discos de baquelita ululando por aquí y por allá… y un par de hits para bailar: “Primitive Girl” y “Sweetheart”. La coartada estética, decimos, sigue en pie, particularmente acalorada y dispuesta, y Ward aparece por primera vez en portada, saludando desde la penumbra. La luz propia que emana de su figura nunca ha necesitado de flashes adicionales, sin embargo esta vez ha querido divertirse al máximo grabando el disco y para ello ha llamado a más gente que en sus otros discos, como si después de tanto trabajo en común ( Monsters Of Folk, She & Him) no quisiese estar solo. Y claro, tras cinco años llenos de giras, encuentros y desencuentros por el mundo, su agenda de contactos está llena. Además de los casi quince músicos participantes, recluta a Zooey Deschanel, John Parish, Howe Gelb, Steve Shelley y al productor Tom Schick (Rufus, Sonic Youth, Wilco). Todos lo bordan, pero el rastro de Ward es imposible de eclipsar.

En el tema titular, con una cadencia parecida a la de la inolvidable “Requiem”, canta “I love my friends. They know how, they know when”. En la feérica “Watch The Show”, casi al final del disco, saluda a los que le escuchan de madrugada. También regala un par de sus queridísimas versiones: “Sweetheart”, de Daniel Johnston, y el standard “I Get Ideas” popularizado por Louis Armstrong. Y dedica la fabulosa “Clean Slate” al protagonista de “Ballad Of El Goodo” (Alex Chilton). Como ese título, “Pizarra Limpia”, hay muchos otros igual de perfectos. Sólo pensar en nombres como “Pure Joy”, “Me And My Shadow” o “There’s A Key” ya te hace imaginar cómo de bonitas deben sonar esas canciones. Es todo un honor (volver a) cruzarse con temas así, que intercalan las luces con las sombras y el pasado con los recuerdos que de él se tienen. Que se bambolean apabullantes en su delicadeza, con una riqueza cromática omnipresente en cada surco, a la búsqueda del equilibrio perfecto que Ward busca incansablemente en sus discos. Completando a través de ellas ese puzzle atemporal, y por ello interminable, que nuestro hombre comenzó a montar cuando cogió por primera vez una guitarra.

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