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Claro Intelecto Claro IntelectoWarehouse Sessions

6.5 / 10

Claro Intelecto Warehouse Sessions MODERN LOVE

Las portadas de los maxis eran las siluetas de dos hombres forjando el hierro a martillazos. Esos dos mismos herreros, sombras chinescas en una fragua sin polisón de nardos pero con fondo estelado de plata, son los que recupera la portada de “Warehouse Sessions”: la alusión al metal – “Metal on metal” de Kraftwerk, por ejemplo, con su repiqueteo marcial de beats de acero y estaño– es crucial en esta serie iniciada por Mark Stewart en 2006, ya que incide en la fuerza y la constancia, la insistencia del ritmo y su textura fría. Antes de empezar con estos vinilos de techno resecado, Claro Intelecto se había hecho merecedor de una plaza permanente en la cabeza del revival intelligent techno con “Neurofibro” ( Ai Records, 2004), un viaje al electro ensoñador de B12 o Clatterbox, carne de nostalgia de primera calidad de la que, de algún modo, ha querido apartarse desde ese momento.

Claro Intelecto ha perseguido la modernidad en su electrónica de detalles y de cadencia, y como ya le ocurrió a Donnacha Costello tras los diez vinilos (más uno de propina; no olvidemos “Infinite Now”) de su “Color Series”, quiso alejarse de la imagen de pureta que vive de explicar las batallitas de antaño: su evolución ha sido silenciosa, casi imperceptible, pero del golpeteo electro ha hecho la transición al techno con envoltura dub y sensación hipnotizante: en otras palabras, abandonó la melodía elaborada que perfeccionó en “Peace of Mind” y se quiso aproximar a la absoluta abstracción del techno por el techno, algo que le honra. De ahí un título como “Warehouse Sessions”, que redundaba en lo nostálgico –las raves, el acid house, la edad dorada de la cultura electrónica en UK–, pero que incidía en el baile sin excusas elitistas. Y así apareció el primer maxi, le siguió un segundo y, dos años después, completó la serie con el quinto y final. Una serie que dividió opiniones y que, en conjunto, se observó como atrevida, necesaria, pero mal resuelta en la práctica.

Este CD recoge los cinco maxis –esto es, diez temas– y añade uno exclusivo, “W6”, que ni añade ni resta nada a lo ya dicho antes: Claro Intelecto buceó entre lo mejor del techno horizontal de ayer –el meditabundo, melífluo y espacial de la ‘inteligencia artificial’ de Warp– y lo más intrigante del de hoy –el inundado por oleadas de eco, ambientes fríos y bases del dub–, y los restos del tesoro que consiguió sacar a la superfície fueron dispares: todo el álbum es fórmula, con un bombo cojonero siempre acompañado de un paciente entramado de texturas húmedas, pero en ningún momento la fórmula trasciende las partes de que se compone, ni crea himnos de baile para un público que desea un techno trabajado, perdurable y emotivo. Durante la prolongación de la serie, la sensación siempre fue la misma: cada tema era notable, pero le faltaba algo. Ahora que se recogen todos de una vez, la sensación quizá sea algo mejor –está claro que suena a Claro Intelecto, de modo personal, distintivo–, pero sigue careciendo de ese chispazo, de esa inspiración divina que diferencia lo bueno –esto es bueno– de lo extraordinario. Con su segundo álbum, “Metanarrative” (Modern Love, 2008), sucedió algo parecido. El papel que Stewart buscaba es el que hoy ostenta su amigo Andy Stott, que de buenas a primeras le adelantó por la derecha hace un par de temporadas y desde entonces no frena.

Javier Blánquez

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