W.A.R. (We Are Renegades) W.A.R. (We Are Renegades)

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Pharoahe Monch Pharoahe MonchW.A.R. (We Are Renegades)

8.1 / 10

Pharoahe Monch  W.A.R. (We Are Renegades) W.A.R. MEDIA-DUCK DOWN RECORDSCon esta portada, este título y este contenido se hace difícil pensar en un momento más apropiado para la publicación de “W.A.R. (We Are Renegades)”, esperadísimo retorno del superdotado Pharoahe Monch a la actualidad hiphopística, cinco años después de aquel aplaudido “Desire” que dio continuación a un “Internal Affairs” todavía recordado como uno de los mejores debuts del género a finales de los 90. Tres discos en más de diez años: una media profundamente baja, rara avis en un contexto de lanzamientos fast-food, que sirve de perfecto resumen y presentación del personaje, meticuloso, riguroso y concienzudo rapper que invierte tiempo, esfuerzos y energías en la confección y desarrollo de sus discos, sobre todo porque en estos priman las ideas, el concepto, el planteamiento y la ejecución bien medida por encima de singles fugaces o excusas poco trabajadas para salir de gira.

“W.A.R. (We Are Renegades)” propone una idea general fascinante. Trasfondo de ciencia ficción y ambientación en un futuro casi apocalíptico para bifurcar dos tramas en paralelo que acaban estrechando sus propios lazos y conexiones a lo largo y ancho del álbum: la debacle de conciencia, integridad, moral y valores del mundo real, por un lado, y de la industria musical, más concretamente el universo rap, por el otro. Monch vincula una cosa con la otra en un muestrario de letras de altísima gradación poética e intelectual, conjugando como ningún otro rapper podría hacer en la actualidad la ambición político-social con el fervor y la devoción de género. Entremezcla con sincronía, rabia y espléndidas argumentaciones el desprecio a una escena sin alma ni orgullo creativo con la mirada desencantada y alarmista sobre una sociedad a la deriva, en clarísima caída libre. Es brillante, lúcido, atrevido y virtuoso.

Por si este apabullante bagaje lírico no fuera suficiente elemento de valor, Monch ha sabido rodearse de un elenco de productores y MCs de acompañamiento que ayudan aún más a la consolidación del concepto y del proyecto. Marco Polo, Diamond D, M-Phazes o Exile nutren de sabio combustible un discurso que se mueve en la ortodoxia pero con claras y meritorias ampliaciones del campo de batalla: excelente introducción de instrumentos entre los loops y beats, poco forzados, con sentido y aportación; sabias incursiones soul a cargo de Jill Scott o Mela Machinko; incluso acercamientos rock de las manos de Vernon Reid. A excepción de la tosca y desubicada “The Grand Illusion (Circa 1973)”, se puede decir que no sobra absolutamente nada del recorrido, como si esta secuenciación, y en líneas generales todos los detalles del disco, hubiera pasado por un severo proceso de purga y testeo que garantizaran la plena calidad del contenido. Cosa seria. David Broc

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