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The Golden Filter The Golden FilterVoluspa

6 / 10

The Golden Filter  Voluspa BRILLE

A la mierda con el misterio. Puedes empeñarte en ir por la vida de diva indescifrable, después puedes encabronarte porque no quieres que te vean como a una diva sino como a un dúo, puedes esforzarte en que las entrevistas que concedes sean más crípticas que Inland Empire, puedes crear toda la expectación del mundo afirmando que tu debut será una obra conceptual basada en un poema de la mitología nórdica en torno a la idea de la destrucción e incluso puedes dejar caer que eso de la “destrucción” no es gratuito y que quién sabe si la banda sobrevivirá al primer disco. A The Golden Filter todo eso le ha servido para mantener el interés, para crear una cortina de humo justo antes de que su debut se hiciera público. De hecho, no era difícil, ya que esa cortina de humo crecía de una hoguera que prendía fabulosamente bien: “Solid Gold”, un temazo que aterrizó entre nosotros en febrero de 2009 y que todavía es capaz de reducir a ruinas la pista de cualquier club que se precie con tan sólo hacer sonar sus primeros 15 segundos. Pero entonces llegó “Voluspa” y... a la mierda con el misterio.

“Voluspa” no da gato por liebre. Prometieron un disco en torno al concepto de la destrucción, y así ha sido, aunque al final te encuentres con algunas letras tan vergonzosas que harían que el tarado que escribe las rimas de Christina Aguilera mereciera un Grammy al mejor letrista. Y puede que ellos no lo prometieran, pero los singles que precedieron al álbum sí que prometían un festín de sintetizadores a lo Moroder en tensión continua con arreglos clasicorros y delirios operísticos que obligarían a Goldfrapp a admitir que no existe un futuro para ella en el mundo de la música y a retirarse a lo alto de una montaña para hacerse trenzas crusties ad aeternum. Este segundo punto, de nuevo, lo han cumplido a medias. Porque la ecuación está ahí dando cera y puliendo cera durante todo el disco, pero en nuestro subidón de adrenalina no nos dimos cuenta de que esa suma de elementos se podía aplicar al chumba-chumba fardón de “Solid Gold”… o al 80% de la discografía baladera de las divas pseudo-discotequeras que aplican el “mucho lirili pero poco lerele”: mucho prometer hitazos para la pista de baile pero, al final, te intentan meter unas baladas que ni los italianos en los 70. Con litros de vaselina, eso sí.

Esto es lo que pasa cuando el saldo final de las canciones de un disco es deficitario. ¿Es suficiente con que cuatro temas de once sean tremendos? Vale: “Solid Gold”, “Hide Me”, “Thunderbird” y “Stardust” son alucinantes. Y casi podríamos sumar “Dance Around The Fire” y “Moonling Fantasy” unos dos peldaños por debajo de las mencionadas. Pero es que el resto se pierde entre tanta sosería brumosa y medios tiempos saltless. El efecto final es algo así como cuando en los 80 se empeñaban en utilizar el glow en las películas romanticonas (e incluso en cierta facción del porno softcore): tanta difuminación, tanto pastel bajo en intensidad, tanta neblina... ¡tanta tontería para encubrir un fondo mediocre! Que nadie me malinterprete: “mediocre” no significa “mal”, sino “normal”. Y es que las medianías palidecen todavía más cuando se ponen delante y detrás de aciertos como los mencionados, donde la herencia del cool disco neoyorkino se da de bruces con la sorprendente percusión tribal de Bat For Lashes y con la electrónica más estética de esa última generación abanderada por nombres como Chew Lips (con los que comparten las melodías más radiables) o School Of Seven Bells (con los que les empareja una tendencia mística, áspera y casi atávica hacia un sonido hipnótico y ancestral).

En su particular salto de altura, Penelope Trappes (con una voz seductora a más no poder) y Stephen Hindman (con una capacidad para conseguir que la tradición y el futuro se den la mano de la forma más lúbrica posible) se han dado de bruces contra el listón que se habían impuesto, que les habíamos impuesto. Queríamos el disco de pop bailongo ideal para hacernos sudar este verano y, en su lugar, los neoyorquinos entregan cuatro hits y bastante relleno. Lo bueno es que los hits, por mucho que tres de ellos ya los hubiéramos escuchado con anterioridad, son palabras mayores. Eso, al fin y al cabo, es lo único que salva a “Voluspa” de la hoguera. ¿No iba esto de fuego y destrucción?

Raül De Tena

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