Voltaic Voltaic

Álbumes

Björk BjörkVoltaic

8.6 / 10

Björk  Voltaic POLYDOR / UNIVERSAL

Que Björk saque un nuevo recopilatorio no debería ser motivo de aplauso por parte de sus fans –saca tantos…–, pero cuando el hecho va más allá de astillarnos las carteras en los tiempos que corren y nos ofrece un sinfín de jugosas delicatessen, entonces la cosa cambia. La excusa en esta ocasión ha sido la de testimoniar en dos CDs y dos DVDs todo el entramado de su Volta Tour, una gira que no pasará a los anales de la historia como su lírica tournée del “Vespertine” (el listón es utópicamente inalcanzable) pero que, alejándose de las experimentaciones guturales de “Medúlla” o esa pieza bizarra que pasó con más pena que gloria de nombre “Drawing Restraint 9” –su segunda banda sonora después del sobrecogedor “Selmasongs”–, nos vuelve a traer a la artista electrónica, visionaria y loquita en su justa medida que echábamos ya de menos. Pero vayamos por partes, que la ocasión lo merece.

Reflexión número uno: ¿por qué no volvemos a grabar los temas de la gira en un estudio? Pues dicho y hecho. Las versiones ciertamente no difieren en exceso de sus originales –a excepción de un “I Miss You” con tintes electrohouseros–, pero es una delicia volver a creer en “Army Of Me” y “Hunter” como si el tiempo no hubiera pasado por ellas. Obviamente, volver a grabar “Earth Intruders”, “Wanderlust” y “Declare Independence” no es que tenga mucho sentido que digamos, teniendo en cuenta que aún siguen frescas –hubiera sido de agradecer que se hubiese decantado por ese terremoto en directo que supuso la revisión ravera de “Hyperballad” o el “Oceania” con reminiscencias de pasodoble con el que nos deleitó en Las Ventas de Madrid–, pero nunca puede llover a gusto de todos.

Reflexión número 2: ¿qué os parece si me grabáis dándome un buen baño de masas pero también en una iglesia islandesa con cuatro gatos? A ver quién es el guaperas que le dice no... Desde la mítica sala parisina Olympia y acompañada de su fiel escudero Mark Bell, Damian Taylor en las programaciones (y ejerciendo de gurú del Reactable, como demuestra en “Desired Constellation”) y diez féminas en la sección de viento, el show supone no solamente una muestra de lo mejorcito de su “Volta” y los temas easy-listening de “Medúlla” –en la que por razones más que obvias no se animó a darse ningún garbeo en directo–, sino también una orgía de grandes clásicos de la talla de “Jóga”, “Pluto” e “Hyperballad”, que, aunque anteriormente ya ha sido mencionada, la verdad es que se trata de la versión más electrizante que se ha marcado en toda su carrera, con diferencia. En cuanto al público asistente, ya pueden imaginarse: los franceses no son muy dados a dar brincos que digamos –por todo ese rollo de la clase que tienen dirán algunos–, pero cuando los decibelios ensordecen los bises y las primeras filas se sacan de la manga unas más que preparadas banderitas tibetanas durante “Declare Independence”, gracias a Dios, sucumben al desmelene y a los bailoteos esquizos de nuestra esquimal protagonista.

La versión islandesa –el particular punto y final de la gira, si no se tiene en cuenta su actuación en el festival Ola– es una vuelta de tuerca de la Björk más delicada. Vamos, Björk a pelo acompañada de Bell y un coro cantor en un marco inmejorable (sea uno ateo o no), con sendas interpretaciones de “Mouth’s Cradle” o “My Juvenile”. Aunque mención aparte merece su estilismo –una buena muestra de cómo envejecer diez años de golpe sin darse apenas cuenta– y la lasciva muchacha cantora con lipgloss rojizo que está más pendiente de guiñar el ojo a la cámara que de entonar las notas. Llámenme freak, pero no me ha quedado otra que hacerme fan de la chiquilla por el morro que le echa.

Reflexión número tres: si hago unos vídeos tan molones, lo lógico es que los muestre, ¿no? Además de los vídeoclips correspondientes a los singles de su último largo –donde Michel Gondry vuelve a demostrarnos su genialidad gracias una tejedora a la que David Carradine le hubiera sacado un gran partido–, se recogen las creaciones elaboradas por sus fans en el concurso público que convocó para “Innocence”. La única pega (puestos a pedir) es que ya que ha tirado la casa por la ventana se podría haber estirado un poquito y obsequiarnos con unas gafas 3-D para contemplar en todo su esplendor (tal como se concibió) “Wanderlust”.

Reflexión número cuatro: ya que tengo tantos amigos que me remezclan tan y tan bien, ¿los podríamos meter en el último compacto? Aquí radica una de las principales bazas de la caja, ya que a no ser que uno se monte su propia colección de singles no podríamos disfrutar de la versión electro-funk de “Earth Intruders” que se marca XXXchange (o Lexx en una especie de R&B espacial), el flamante “The Dull Flame Of Desire” (destinado a las mujeres, no me pregunten el porqué) de Modeselektor o las dos reinterpretaciones que Simian Mobile Disco realizan de “Innocence” (donde la primera gana ciertamente la batalla ante el discutible remix dub que firman más tarde). Por si pudiera parecer poco, el propio Matthew Herbert hace de las suyas en su experimental (a la vez que ralentizada) visión cíclica de “Declare Independence”, mientras que Ratatat (vencedores por méritos propios de esta ficticia batalla de remezcladores de escándalo) dan una genuina vuelta de tuerca a “Wanderlust” a base de sedosas bases electrónicas que no tienen nada que envidiarle a su original.

En definitiva, “Voltaic” supone un caramelo de alto standing para sus fans. Pudiéndose haber conformado con lanzar únicamente el DVD de su última gira, es de agradecerle, y mucho, que no haya mantenido inamovible en su mesita de noche todo el material que su última etapa ha dado de sí. Además de quitarnos el sabor agridulce que “Volta” nos había dejado hace apenas dos años, supone una reafirmación de las eclécticas inquietudes de la artista, la cual no sabemos con que nos saldrá en su próximo largo. ¿Una reinvención del “Homogenic”? ¿La vuelta de la Björk más pop desde “Debut”? ¿Otra ida de olla que nos dejará sin palabras y acabaremos defendiendo a ultranza? Para descubrirlo no nos queda otra que ser pacientes.

Sergio del Amo

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