Voguing: Voguing And The House Ballroom Scene Of New York City, 1976-1996 Voguing: Voguing And The House Ballroom Scene Of New York City, 1976-1996

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Various VariousVoguing: Voguing And The House Ballroom Scene Of New York City, 1976-1996

7.9 / 10

Entre otras muchas cosas, este recopilatorio funciona como prueba de la importancia del contexto en la música popular, frente a las teorías neoliberales que negaban tal importancia en los 80s, años en los que el voguing tuvo su momento de máximo apogeo. Es imposible entender la subcultura aquí representada, que es también el hilo conductor que da coherencia a esta colección de temas que van de la música disco de los 70s al house de principios de los 90s, sin prestar atención al colectivo que lo creó y sus características distintivas en cuanto a vestuario, gestos, bailes, relaciones y preferencias, los cuales acabaron influyeron directamente en el tipo de música con el que se les asocia.

El Voguing, o la escena House Ballroom, tuvo desde el principio un interesante componente político que no necesitaba hacerse totalmente explícito debido a que su público potencial se distinguía por cuestiones identitarias principalmente de orientación sexual (gay), pero también de raza (negra y latina) y clase, proyectadas sobre sus elecciones estéticas tanto visuales como sonoras.

En el imprescindible documental acerca del movimiento, “Paris Is Burning”, se puede ver cómo sus rasgos característicos son una respuesta al triunfalismo capitalista de los años 80s. El baile y las celebraciones reflejados en ese documental, y al que las canciones de este recopilatorio servían de banda sonora, reflejan un acercamiento casi ritual a una idea de triunfo y aceptación social que les era vetado. Así, el concepto de realidad, de hacerse pasar por blancos y adinerados heteros, es el usado como criterio para determinar a los ganadores en sus competiciones. Aunque fascinados por la opulencia, eso no les hacía menos conscientes de su situación como subalternos, apartados de las estructuras de poder hegemónico; de hecho, la mera existencia del voguing funciona como crítica a una sociedad que les relegaba a posiciones marginales.

Como en muchas subculturas intimamente ligadas a la música, se pueden distinguir dos etapas. En la primera no se hace música pensando en un público en concreto, sino que se selecciona de entre lo disponible en el propio entorno aquello que mejor encaje con la identidad colectiva que se está formando. A estos discos se les llama Old School Vogue, aquí representados por clásicos fundacionales de Diana Ross o Salsoul Orchestra, además de “Is It All Over My Face”, con Arthur Russell en tareas de producción. Lo que estos temas tienen en común es una visión sensual, estilizada y sofisticada de la feminidad y el hedonismo. En un segundo momento, denominado new way voguing, se hace evidente una preferencia por ritmos más duros, que suponían nuevos retos para los bailarines. Algunos de los temas representativos de esta etapa son auténticos clásicos del house como “The Witch Doktor”, de un jovencísimo Armand Van Helden, o “The Ha Dance” de Masters at Work. También, por supuesto, el voguing cuenta con sus propios DJs estrella, de entre los cuales Junior Vasquez tiene aquí trato de preferencia, no solo con la inclusión de “X”, sino con la mixtape de más de una hora también incluída en el lote, y encargada directamente por Soul Jazz para la ocasión.

Incluso se puede hablar de una etapa más, iniciada por el siempre astuto Malcolm McLaren y su “Deep In Vogue”, a quien no resulta extraño imaginar atraído por una subcultura articulada en torno a la ropa, sexualidad y la marginación social (los mismos ingredientes del punk). Sin embargo, el momento de mayor popularidad, aunque no incluído en este recopilatorio, es el “Vogue” de Madonna. Coproducido por Shep Pettibone –nombre que se puede leer con frecuencia en los créditos de este recopilatorio–, la canción levantó una polvareda por las acusaciones de expolio cultural. Esta línea narrativa, en cualquier paso, aparece disuelta en este recopilatorio en favor de una secuenciación de temas que favorece trazar conexiones entre las distintas etapas para darse cuenta de que forman parte de un mismo continuum identitario, al principio latente, y al final plenamente consciente de sí mismo y de su potencial.

Para terminar, una advertencia: no caigan en la tentación de ver en esta subcultura un gesto nostálgico hacia una época pre-Internet en la que la música articulaba relaciones sociales radicadas en espacios físicos concretos y reales. En la actualidad siguen existiendo, como por ejemplo en el caso del footwork de Chicago.

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