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Grimes GrimesVisions

8.7 / 10

Cuarto lanzamiento en menos de dos años de la canadiense Claire Boucher: “Visions” es un disco importante que permite traer a la conversación interesantes conceptos. El primero y más comentado, ese famoso post-internet con el que ella misma ha bautizado el estilo del álbum. Claire, 23 años, toda una figura en la escena DIY de Montreal, ha crecido en un mundo en el que los ávidos consumidores de música navegamos por territorios virtuales como si nos paseásemos picoteando por la barra de un buffet. Un mundo donde los propios músicos disponen de la historia de la música al alcance de un clic para inspirarse. Es exactamente en el centro de este panorama global donde se posiciona Grime s para, empachada de infinitud, comenzar a generar parte de toda esa música que cree que debe existir y todavía no ha sido escrita. Claire, además, conoce un dato esencial: sabe que lo raro, lo otro, lo confuso, es lo que más fascina hoy en día al circuito indie, y por eso no debería decirse que componga música desde los márgenes, sino más bien que ha necesitado traspasar el sentido de la palabra frontera para poder tomar voz y voto en esta historia. Bajo el prisma de este tipo de disertaciones sobre la aldea global, firma un inclasificable “Visions” que plantea, como todas las buenas obras de arte, más preguntas que respuestas. ¿Disculpa el posmodernismo cualquier movimiento que valga?, ¿cómo traducir en sonidos esa idea de la Red como subtexto?, ¿estamos ante una simple coartada conceptual o funcionan realmente en Grimes todas las aspiraciones teóricas que maneja?

“Visions”, como decimos, no plantea soluciones, o al menos no lo hace muy descaradamente. Está lleno de trucos que camuflan inteligentemente pistas sólo descifrables para quien ose leer entre líneas. Rebelde, reversible, rayano en lo Dadá, todo en él encaja a la perfección precisamente porque nada lo hace. Es un artefacto en el que suman tanto los errores como los aciertos y en cuyo metraje confluyen tanto las ideas apuntadas en las dos cassettes gratuitas de Grimes de 2010 como la estilización de los hallazgos que asomaron en su fabuloso split del año pasado junto a D’Eon. Todo ello desemboca en una papilla de detritos sónicos donde flotan referencias y estilos sin aparente orden ni concierto. Brumas witch-house, electro mutante, R&B deshuesado y art-pop a granel, además de muchos otros condimentos que 4AD se encarga de apuntar desde la nota de prensa: de la new age al K-pop pasando por la IDM, la música industrial, el glitch o el New Jack Swing. Ante tal maraña de sonidos corres el riesgo de quedarte embobado, como frente a la pantalla de un ordenador. Si te fijas bien, se ven loops filiformes, sintes descompasados y bajos anfibios, atmósferas góticas que se vuelven celestiales de repente, hits en principio bailables que te pillan con el paso cambiado, baladas que apuntan en direcciones verticales, melodías de un padre, estructuras de otro y arreglos alojados en vientres de alquiler. Nada es lo que parece.

Y llegamos desde ahí a una conclusión que ya han sacado algunos medios y que no por exagerada suena menos factible. “Visions” parte de eso que da en llamar post-internet para acabar remitiendo directamente a la noción de post-género. Es centradísimo y tremendamente jugoso en la superficie, sin embargo reina en su interior la indefinición, el cambio continuo y el despiste. Dicho todo, ojo, como un cumplido, ya que es eso precisamente lo que persigue. Hijos del caos, los cortes no paran quietos un momento y buscarles parientes deviene algo morboso. El trato de la voz y algunas bases pueden recordar a Björk, a Mariah Carey (la canción favorita de nuestra protagonista es “Fantasy”) o a piradas de los 80 como Danielle Dax. También hay conexiones con compañeros empeñados por igual en hablar fuertemente del presente, en especial conexiones con el pop estroboscópico de Crystal Castles, los loops procesados de Animal Collective (Claire confiesa haber comenzado a ver despejado el camino gracias a ellos) y el sonido globalizado, tan orientalista como alienígena, de Gang Gang Dance.

Aunque lo más interesante sea ir un poco más allá y ver en las aspiraciones de Claire las de alguien que redacta una tesis, verla como el reverso femenino de otros teóricos actuales tipo Ferraro o John Maus. Resulta mucho menos pedante que el primero porque sabe que la capacidad de atención de la generación YouTube es escasa y acaba tornándose tan interesante como Maus, con quien no sólo comparte lo tenebroso de unas canciones que fueron escritas “durante un período de enclaustramiento autoimpuesto durante el que no vi la luz del día”, sino también la manera de inclinarse ante lo clásico (donde aquel referencia a Bach, ésta se marca novenas sinfonías y cita el “Réquiem” de Mozart en “Nightmusic”, título parafraseado del austríaco) y el bagaje universitario que en su caso no es de filosofía sino de neurociencia. No cabe duda: Claire de conexiones sabe un rato largo y de ahí que logre moldear al experimento con la forma de un divertido juguete.

Por último, un comentario sobre las letras. Exceptuando las señales desperdigadas en versos puntuales como los de “Oblivion” ( “cuando corres a solas es difícil que alguien te tienda la mano”) o “Skin” ( “tócame para que pueda volver a ser humana”), cabe apuntar que la mayoría cumplen una función meramente anecdótica. El resto de elementos de “Visions” suenan tan insaciables como capaces de guardarse ases en la manga, pero a las letras se las trata como un ornamento más, bordeando en ocasiones el sarcasmo. Acaso su autora nos esté desafiando a responder: ¿no vivimos en un mundo en que los textos han ido perdiendo importancia gradual en favor de las imágenes? El disco sigue sonando y sus misterios sin ser desvelados.

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