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Emmy The Great Emmy The GreatVirtue

6.8 / 10

CLOSE HARBOUR

Había bastantes ganas, especialmente en el Reino Unido, de escuchar “Virtue”, el segundo largo de Emmy The Great. La londinense, de nombre real Emma-Lee Moss, se erigió en 2009 como una de las figuras capitales del anti-folk de su país y como una prodigiosa letrista pese a apenas superar la veintena. Y ahora, con este nuevo trabajo, vuelve a mostrarse tan incisiva como siempre. No es ningún secreto el trasfondo de este disco: la inglesa lo escribió a raíz de romper la relación con su prometido, un ateo que finalmente acabó abrazando la fe de Dios y la dejó, literalmente, por la iglesia. Aunque su idea principal era contar una serie de historias bajo el punto de vista de unos personajes históricos y de ficción, este trágico evento cambió radicalmente el enfoque. El tratamiento volvería a ser mucho más personal, como su debut, “First Love”, pero en esta ocasión Moss mezclaría sus propias vivencias con toda serie de mitos, cuentos de hadas y las vidas de santos. La chica se recluyó en el campo para sumergirse en la lectura de libros que iban desde figuras de la cristiandad hasta el folclore. Y así es como surge este “Virtue” que navega entre dos aguas. Por un lado, el terreno más personal –aunque su intención no era la de escribir un LP sobre ella misma, sus vivencias quedan muy plasmadas en las letras– y, por el otro, la creación de mundos fantásticos.

Respecto a “First Love” hay más diferencias. Efectivamente, ambos discos son muy personales y, todo hay que decirlo, en algunos momentos algo tristes, pero mientras que en el debut Emma sobresalía como figura solista, aquí ha querido rodearse de más gente, para otorgar al trabajo de más empaque y un sentido más colectivo, dándole así un sonido más sólido, grande, lustroso y, si se quiere, más pomposo. Su mano derecha, Euan Hinshelwood, tiene ahora un rol más protagonista y a todo esto han sumado al prestigioso productor Gareth Jones, que ha trabajado en el pasado con bandas tan diversas como Depeche Mode, Wire, Grizzly Bear, Einstürzende Neubauten y These New Puritans. Aquí no faltan arpas, armonios, violines, campanas, saxo, autoharp, mandolina, órgano y otros tantísimos instrumentos. No cabe duda de que normalmente están bien utilizados (los coros en “A Woman, A Woman, A Century Of Sleep” casan bien con el fastuoso órgano), pero la jugada no siempre la sale bien, como es el caso de “Sylvia”, sustentada por un sintetizador punzante que no hace ningún favor a la delicadeza de la pieza.

Pero entre tanto barroquismo y tantos mundos y personajes imaginarios, la canción más potente es “Trellick Tower” (que, por cierto, existe, es un bloque de pisos en el oeste de Londres), en la que Moss afronta sin rodeos, cara a cara, el resquemor que le ha dejado la ruptura con su prometido. Es también el tema más sencillo, pero a la vez, más efectivo. No necesita de enrevesados arreglos para cautivarnos. Sólo con su piano y los poderosos versos que recita consigue cautivarnos y, a la vez, purifica su alma y la somete a un exorcismo para expulsar los demonios que tenía dentro. El sello compara este disco a otros trabajos en cierto modo conceptuales como “In The Aeroplane Over The Sea” de Neutral Milk Hotel y “The ArchAndroid” de Janelle Monáe, aunque estilísticamente se acerca más a las obras de Bat For Lashes y Joanna Newsom. Desgraciadamente, si nos ceñimos a parámetros estrictamente cualitativos, queda claro que está a años luz de estas dos divas. Le falta fuerza y le sobra languidez, y por eso, aunque nos intenten decir lo contrario, Emmy The Great de momento está en la división de las Laura Marling y Marina And The Diamonds. Afortunadamente, la suya es una pluma más virtuosa, así que seguramente acabaremos escuchando mejores obras de la londinense.

Álvaro García Montoliu

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