Vignetting The Compost Vignetting The Compost

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Bibio BibioVignetting The Compost

8 / 10

Bibio  Vignetting The Compost MUSH/ POPSTOCK

Aunque sepamos que es inglés, no es difícil imaginar a Stephen Wilkinson, el tipo que se hace llamar Bibio, como el primo norteamericano de Boards Of Canada. El que creció en el Medio Oeste y añade, a la melancolía y el sentimiento de retorno de la infancia que es sello de la familia, unas guitarras de folk descoyuntado, que parecen desmoronarse a cada acorde: si alguien dijera que la razón es que utiliza cuerdas oxidadas, yo estaría dispuesto a creerlo. La música de Wilkinson, decíamos, se parece tanto a la que hacen los duendes de Edimburgo como una gota a otra: los mismos sintes de sabor analógico, desafinados y tocados con tres deditos, la misma épica retrofuturista, incluso algún coro infantil era posible escuchar en sus dos primeros discos (no en este, que es el tercero y quizás el mejor). Él mismo se ríe cada vez que alguien le pregunta por estas semejanzas en una entrevista: qué va a decir, si fue el mismo Marcus Eoin Sandison, cincuenta por ciento de Boards Of Canada el que recomendó a los capitostes de Mush que ficharan aquel jovenzuelo.

Su primer disco, " Fi", publicado en 2004, era una mezcla fantástica de sonidos encantados: drones perezosos abarrotando el plano de fondo, sintes antediluvianos que pulsaban el nervio de la melancolía con apenas tres notas, acordes ligeramente desafinados y, sobre todo, un sinfín de sonidos de guitarra manipulados. Vibrantes y ensoñadoras, aquellas canciones aparecían desdibujadas en la distancia: ni siquiera los arpegios de guitarra, más o menos limpios de efectos, que situaba en primer plano conseguían eliminar la sensación de niebla permanente. " Hand Cranked", dos años después (y siempre en Mush), aportó al conjunto un grado mayor de limpieza, y añadió a la paleta de sonidos unas masas que parecían cuerdas, que daban más cuerpo a las canciones y las convertían en algo de naturaleza más terrenal. Un cambio que no sentó bien a los headz de Boards Of Canada (hubo protestas en los foros), pero que en la distancia se ve como un paso adelante: al ganar en nitidez, aquello ganaba también en belleza. Además, aquel gesto también le servía para librarse de los fantasmas que siempre han perseguido a sus inopinados padrinos: es decir, que a fuerza de repetir una misma fórmula el oyente llegue a saturarse.

Así que la buena noticia es que la evolución ha continuado en " Vignetting The Compost", y que ha sido para mejor. Wilkinson ha aprendido cuándo debe limpiar de ruido las canciones para que parezcan eso, canciones, y cuándo le conviene potenciar la legaña ambiental. Y el resultado es un disco en el que se suceden momentos de una gran pureza acústica (apenas algunos efectos y algún drone para dar cuerpo) con otros de naturaleza, digamos, más shoegazer. Además, ese equilibrio de fuerzas ayuda a construir una atmósfera que da unidad a todo el disco, que lo recorre de principio a fin. Y así, donde antes sólo habría un bonito ramillete de canciones, que sólo tenían en común la forma de sonar, ahora hay toda una colección de pistas, pensada para ser escuchada en su conjunto: de ahí que aparezcan puentes y caprichos melódicos, florituras que confieren a " Vignetting The Compost" una nueva dimensión. Bibio, no hay duda, se encuentra en un espléndido momento de forma, y tal vez por eso en Warp se han apresurado en ficharle: si todo sale según lo previsto, habrá disco nuevo del niño antes de que llegue el verano. Y esta vez, saldrá para jugar en las ligas mayores.

Vidal Romero

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