Vienna Blue Vienna Blue

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Tin Man Tin ManVienna Blue

7 / 10

GLOBAL A RECORDS

Tin Man ha sido, desde su primer EP, sinónimo de acid. Acid a veces domesticado, de fino estilista que no quiere hacer sangre con borbotones de sulfuro en su máximo punto de corrosión, o acid directamente borde, que salta hacia el oído con la furia de un volcán en erupción. Su producción hasta hoy es notable: un puñado abundante de mini-álbums, todos en vinilo –en formatos tan lujosos como el triple 12”, como los míticos “Acid Acid” y “Places”, editados en aquel momento fugaz de la Europa minimal en la que unos pocos nostálgicos como Gerome Sportelli, Jesper Dählback y nuestro hombre se quisieron tomar la revancha contra la economía de medios con la TB-303 por montera–, y todos difundidos por y para DJs, por vías oscuras y en tiradas limitadas. El californiano Johannes Auvinen –aunque de genes finalendeses–, por tanto, es lo que se conoce como un músico de culto, y su intención parece ser avanzar en esa dirección que le separa de cualquier intento de agradar al pelotón electrónico al completo, con música esquiva y caprichosa. También más humana, pues esa ha sido su intención desde hace poco: ser menos borde, arrogante y elitista, y sacar a pasear su corazón, que lo tiene. Y así es como este derrochador de basslines se descuelga con “Vienna Blue”, un 2x12” que se diferencia de todos los demás negando la mayor: aquí no hay acid. Ni rastro.

Lo que hay son violines, paisajes neblinosos de ciudad de piedra antigua y canciones, decididamente inesperados por su cambio de residencia (sí, acertaron; ahora vive en la capital de Austria). Un giro inesperado por lo súbito, pero atractivo por la forma: es como si el bueno de Johannes hubiera ido madurando en privado una personalidad de crooner y cantautor romántico con un lado oscuro –pongamos por caso, el primer Scott Walker, antes de que se volviera un loco huraño– e intentara mezclar en su música un poco de Schönberg con otro poco de Strauss y el Aphex Twin de los momentos delicados de “Druqks”. El título identifica casi por completo el punto de partida para este “Vienna Blue”: Viena porque es la capital de la música europea, la corte de los Habsburgo, la ciudad de Mozart en su plenitud, allí donde Mahler dirigió la ópera con mano de dictador genial, y azul –como la portada, que es tan azul que duele– porque con ese color es se traduce en inglés la idea de tristeza, melancolía, desesperanza y vacío. En “Vienna Blue” hay efluvios de la vieja Europa previa a la Primera Guerra Mundial, de esa resignación que debió experimentar la civilización cuando advertía que la modernidad y la tecnología resultaban inevitables. Es música de cafés en penumbra, con nieve en la calle, de parques vacíos y palacios pálidos, a las que ocasionalmente se les suma un beat y una voz que buscan su identidad en la manera de componer de Junior Boys o Superpitcher, aunque sin alcanzar ese nivel de lujo y excelencia porque, aunque la idea sea atractiva y esté bien llevada, Tin Man no deja de ser un aprendiz en esta disciplina del decadentismo fin de siècle en clave electrónica. Sus dominios son los del acid y esto, sencillamente, es una escapada hacia delante que aún tiene que pulir.

Son 22 temas que, en la mayor parte de los casos, no pasan de esbozos, de pinceladas orientativas sobre el lienzo, esquemas y borradores para una idea mayor que se desglosa a lo largo de todo el álbum con un buen resultado global, pero que, atendiendo a los momentos particulares, parece débil. Es como mirar una muralla de cerca: las piedras, una a una, no sugieren nada; de lejos, la construcción parece imponente y sólida. La belleza, eso sí, dependerá de los acabados y los adornos, y Tin Man es un hombre escueto que gusta de dejar cada canción en un esqueleto, sin mayores piruetas en las melodías o las líneas rítmicas. Incluso la pieza más larga – “Ice Blue Eyes”, que alcanza casi siete minutos– resulta minimalista, sencilla de destripar. El resto se mueve por los dos minutos, como si fueran un aroma dulce al pasar por la puerta de una pastelería. Pero, a pesar de sus insuficiencias, “Vienna Blue” es un título prometedor. No es fácil borrar el pasado de un plumazo y Tin Man ha sido capaz de quitarse el acid de encima como si fuera una miga de pan en la hombrera. Ahora visualiza una etapa de concisión, de canciones y de melancolías, embriagado por los fantasmas de una Europa culta, refinada y pretérita que ya no volverá, pero que él revisitará en su interior cuando lo estime oportuno.

Javier Blánquez

Tin Man - Ice Blue Eyes

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