Veronica Falls Veronica Falls

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7.6 / 10

BELLA UNION

Mucho se ha hablado sobre estos londinenses originarios de Glasgow, Veronica Falls, en su cruzada por recuperar y rehacer el sonido del indie británico de mediados de los 80, en particular esa variedad lánguida, de baja fidelidad, que destapó la revista NME con su famosa (y según para quién, incluso infame) cinta de cassette “C86”. Este tipo de estética sólo se había vuelto a tocar en tiempos recientes en América, donde bandas como Vivian Girls, Best Coast y Dum Dum Girls han estado en los últimos años sacándole todo el jugo al asunto. Eso teniendo en cuenta de que estamos hablando de un estilo de música tan evanescente que a veces puede parecer inimaginable que de él salga tanto jugo.

La gran diferencia entre las bandas americanas y sus influencias británicas está en que los americanos han conseguido que la fórmula sea exitosa. Así que últimamente se ha incrementado el entusiasmo hacia esta banda local, con capacidad suficiente para competir con sus colegas al otro lado del charco, y con la autenticidad añadida de haberse originado en Glasgow, la patria espiritual del twee-pop. Su buena reputación en directo ha ido madurando a lo largo de muchos conciertos (empezaron como teloneros de The Pains Of Being Pure At Heart, que es un muy buen comienzo), y ha continuado con una serie de singles brillantes. El más brillante de todos es el vibrante “Beachy Head”, un himno frío a mayor gloria de esa zona costera del sur célebre por su altas estadísticas en suicidios. Se retuerce y se prolonga a modo de violentas oleadas contra la pared de un acantilado, mientras la línea vocal repite, de manera perturbadora al fondo, ese “te voy a echar de menos”. Suena como un acompañamiento maldito y gris a la lectura de “Brighton Rock” (Graham Green), y es un jodido triunfo.

Los otros singles comparten esa misma conjunción de vigor y viscosidad. “Found Love In A Graveyard” es igualmente mórbida, e igualmente pegadiza, una canción de amor perturbada dirigida a un espectro que huye. “Bad Feeling” prosigue con el mismo tema: la cantante, Roxanne Clifford, suena primero con el corazón roto, luego al borde de la locura mientras entona “No arm around my shoulder / Only getting colder / Trying to remember / If you were even real”. La canción sufre cuando experimenta una evolución hacia acordes mayores a partir del estribillo, y ese lamento de los versos nos asegura que las lágrimas son reales, no un vulgar llanto de cocodrilo.

Cuando una banda tiene tantos buenos singles, siempre existe la preocupación de que no puedan mantener el nivel durante todo el álbum. Por suerte, Veronica Falls han sido lo suficientemente pacientes como para hacerlo correctamente. Las primeras sesiones, grabadas en un remoto estudio en Yorkshire durante un invierno crudo, estuvieron envueltas en el ambiente adecuado, aunque con un sonido incorrecto: lo tuvieron que borrar todo por sonar sobreproducidas. Volvieron a grabar el álbum de nuevo, y en una sola toma, en un estudio de Londres en sólo tres días. La inmediatez de la grabación capturaba, ahora sí, su espíritu con fidelidad, y aunque tuvieron que volver a grabar los singles originales –una práctica que odio–, no hay aquí nada que suene fuera de lugar.

Hay ocasiones en los que esto se convierte en una debilidad para el álbum. Canciones como “Misery” y “Wedding Day” se transforman en algo prácticamente inconsecuente, suenan grises en comparación con las composiciones notables que escuchamos en sus vecinos. Gris, de hecho, es una palabra que define a Veronica Falls. Es el color de los cielos lluviosos, de las tristes playas británicas, del cemento agrietado de las calles de Londres y Glasgow y, sobre todo, también el de la portada del álbum. Pero estas canciones, siendo grises, son un gris diferente, un gris formulaico y predecible que se desvanece en el trasfondo.

Por suerte, esos momentos son pocos y están bien repartidos entre el conjunto del disco, lo que consigue que brillen mejor las nuevas canciones, capaces de estar a la altura de los singles. “Right Side Of My Brain” comienza con una intro abollada que podría pertenecer incluso a una rareza de garage psicodélico antiguo, mientras que “All Eyes Are On You Tonight” se convierte en lo que podría ser una frase tan dulce y motivadora como amenzante. El último corte, “Come On Over”, resume todos los momentos de éxito del álbum con arpegios amables, perezosos, antes de que irrumpa una canción ruidosa y pulsante que dispara coces como un caballo salvaje hasta que, llegado el momento, se disuelve en unas armonías vocales de chico y chica, perfectamente equilibradas, que redondean el disco al completo.

Así que, ¿han conseguido Veronica Falls estar a la altura de sus colegas americanos? Si os digo la verdad, después de este debut formidable, la pregunta sería más bien si van a ser capaces los americanos de superar esto...

Kier Wiater Carnihan

“Come On Over”

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