Variance Variance

Álbumes

Jega JegaVariance

8.5 / 10

Jega  Variance PLANET MU

La primera vez que el nombre de Jega (proyecto que dirige en solitario Dylan Nathan) se escuchó en los mentideros de la música electrónica fue a mediados de los noventa, en una época en la que todavía no existía la IDM como tal (entonces se le llamaba Intelligent Techno, para desconfort de sus escasos próceres) y las obras maestras del género se sucedían a velocidad de vértigo. Para que se hagan una idea: el primer EP de Jega, “Phlax”, compartió espacio en las cubetas de novedades con discos tan referenciales como el “Tri Repetae” de Autechre, el “Advance” de LFO, el “Time Tourist” de B12 o el “Richard D. James Album” de Aphex Twin, y con los primeros maxis de Bola, B oards Of Canada (recordemos que antes de “ Hi Scores” sólo les conocían sus vecinos), Disjecta, Squarepusher y Funkstörung. Es decir, apareció justo cuando se estaba gestando la segunda oleada de la IDM: la que ayudó a normalizar un sonido que hasta entonces había sido cosa de francotiradores, fijando sus elementos más característicos, pero también la que permitió abrir el género hacia otros territorios, a fuerza de estirar alguno de esos rasgos hasta límites insospechados (y a veces absurdos; recuerden si no el berenjenal en el que terminó convertido el drill’n’bass).

Dentro de esa joven generación de productores, Nathan se convirtió con rapidez en una de las piezas más codiciadas: a la excelencia del material que contenía “Phlax” se sumó, apenas unos meses después, un nuevo EP, “Card Hore”, y a partir de ahí el fichaje del niño fue una pelea de gallos entre Warp, Skam, Planet Mu y algún que otro sello que hoy yace en el olvido. Nathan escogió la oferta de Mike Paradinas en parte porque Warp todavía no era el monstruo en que se ha convertido ahora, y en parte porque Planet Mu poseía un jugoso acuerdo de distribución con Virgin. Que poco después se rompiera ese acuerdo y que el prestigio de Warp se disparara hacia la estratosfera con la publicación de “Music Has The Right To Children” son otras historias, y ya las contaremos otro día. Lo que aquí nos interesa es que a principios del verano de 1998 Jega inauguraba el catálogo de Planet Mu (suyas son las referencias 001 y 002) con un maxi, “Type Xer0”, y un álbum, “Spectrum”, que todavía hoy sintetiza a la perfección lo que debería ser un disco de IDM: ritmos complejos y al ralentí, melodías tocadas con tres deditos, arpegios envolventes, pads repletos de reverb, un inevitable poso de electro, retazos de drum’n’bass oscuro (a ratos cercanos al drill’n’bass, cosas de la época) y un aire a nostalgia que lo envuelve todo. Una fórmula que Nathan llegó a desarrollar, con un grado de finura superior y una atención insana por el detalle, en el entrañable “Geometry”, uno de esos discos que es imposible no amar, y que hasta la fecha (se publicó a mediados del año 2000) carecía de continuidad. Y no porque Nathan hubiera dejado de hacer música o porque el sello no quisiera publicarla: de hecho, “Variance” aparece con el número de referencia 24, cuando en Planet Mu hace ya tiempo que sobrepasaron los doscientas lanzamientos, y desde los cuarteles de Paradinas siempre se anunciaba su aparición como inminente. Las razones para tanto retraso incluyen el robo de un portátil, varios cambios de residencia y una obsesión por lo perfecto rayana en la locura: una concatenación de factores que han ido dilatando la edición del disco en el tiempo hasta plantarse en la bonita cifra de nueve años. Lo que convierte a “Variance”, y aquí tienen la explicación a la larga parrafada histórica que les he soltado (perdonen por el ladrillo, por cierto), en el particular Chinese Democracy de la IDM.

No vayan a pensar, eso sí, que la comparación con el disco de retorno de Guns'n'Roses está traída de los pelos: igual que Axl Rose se ha quedado atrapado en el tiempo, suspendido en el interior de una burbuja donde sólo existe el hard rock de los primeros noventa, Nathan no ha sido capaz de sacudirse la estética que dominaba a la electrónica a finales de la década pasada, y eso convierte a “Variance” en un producto con mucho de dèja vu. Un producto con pátina añeja, pero que compensa la falta de temporalidad con una producción donde el detallismo y la perfección son insultantes. Y es que, tanto en el lado suave del asunto como cuando se pone oscuro (el disco viene divido en dos compactos, el primero dedicado a la luz y la nostalgia, el segundo más mecanicista y dramático), Nathan da lecciones acerca de casi todo: de cómo construir ritmos quebrados y torcerlos aún más si hace falta, de cómo elaborar melodías encantadas con lo que sobra de un muñón, de cómo edificar colchones ambientales que son pura melancolía. De hecho, el primero de los discos puede entenderse como un perfecto manual de IDM clásica: hay temas que recuerdan de manera vívida a Boards Of Canada ( “Sakura” parece un descarte de los hermanos Sandinson), hay melodías bonitas y un poco descoyuntadas, a lo Plaid, ritmos robóticos con un aire a Autechre y atmósferas al borde del aislacionismo, que podrían haber salido de un disco duro de Richard D. James, olvidado allá por el año 2000.

Es, en fin, el particular ajuste de cuentas de Nathan con los casi diez años de IDM que ha visto pasar mientras grababa una y otra vez los temas de “Variance”; el pasado. Porque si existe un futuro para la música de Jega, ése está recogido en el segundo compacto, el que aglutina los ritmos más complejos, las estructuras más ariscas y envenenadas, el que lleva su (reconocible) manera de enfrentar las melodías a un nivel más alto. Las puertas que deberá abrir si quiere que su discurso no se quede varado en el tiempo, por mucho que a él, pionero reconocido, se lo podamos perdonar. Habrá que cruzar los dedos, y confiar en que no tardará otros diez años en volver a abrir esas puertas.

Vidal Romero

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