Vapours Vapours

Álbumes

Islands IslandsVapours

6.9 / 10

Islands  Vapours ANTI / PIAS SPAIN

El lifting de Anti- a su catálogo continúa. Su repertorio amigo de las músicas adultas se rejuvenece en 2009 con novedades frescas y modernas a rabiar. Ahí está The Field (con “Yesterday & Today” licenciado del sello Kompakt), los vuelos en solitario de Alec Ounsworth y Jason Lytle, el nuevo proyecto de Kyp ‘TVOTR’ Malone ( Rain Machine) o el reciente debut de los excelentes Dead Man’s Bones, otra de las sorpresas del año. Los polimórficos Islands completan el lavado de cara de la escudería angelina con un disco que significa el regreso a la formación de Jaime ‘T’ambour’ Thompson, quien abandonara el grupo antes de la grabación de “Arm’s Way”. Atrapados por su pasado, y cargando con la losa de haber sido la génesis de uno de los grupos más interesantes de la década (aquellos The Unicorns separados en 2004), Islands se quedan con su tercer álbum exactamente donde estaban, en ese meridiano tibio en el que ni conquistan fans acérrimos ni detractores organizados. Les pasa lo mismo que a muchos colegas de la camada canadiense que hace cinco años iba a cambiar el pop: todos se han ido quedando por el camino, sobre todo los de la estirpe Arts & Crafts. Por lo que respecta a Islands, lejos quedan las ilusiones que nos hicimos al principio por culpa de su debut.

Del seno de “Return To The Sea” irradiaba una luz cegadora con reflejos de la Penguin Cafe Orchestra que iluminaba la participación de colaboradores de bandas amigas como Wolf Parade, Arcade Fire y A Silver Mt Zion, pero el recuerdo de aquel título aéreo y epidérmico se desvanece más y más a cada nuevo trabajo. Al editarlo en 2006, los fundadores del grupo anunciaron la separación de la banda para un año y medio después y desde ahí todo comenzó a desenfocarse. Al final aquello sólo quedó en la deserción de Tambour, harto al parecer de la personalidad egocéntrica de su colega de firma, y Diamonds se entregó entonces a un superpop más intrincado y progresivo que le hizo desviarse de las interesantes posibilidades de antaño en el indigesto “Arm’s Way”. Como prueba de fuego, y como cuarta oportunidad si contamos a los unicornios, a su tercera entrega como Islands cabe exigirle mucho más, algo definitivo o radicalmente personal. Pero lo que era seducción y misterio hace cinco años se convierte aquí en síndrome de Diógenes y horror vacui, en una aglomeración de hits engreídos que se delatan a sí mismos, faltos de la personalidad que les sobraba a, por ejemplo, esa llorada banda de new wave reciente llamada Clor. Otra comparación: no se puede alabar esto sin apasionarse con la genialidad de los ignorados How I Became The Bomb, aunque la materia prima es la misma.

Claro homenaje a los ochenta, lo mejor de “Vapours” es el atracón de sintes de “Tender Torture”, la fuerza pop de la tríada inicial de temas, el hallazgo del autotune en “Heartbeat” y los aires al “The Universal” de Blur que se da el tema más largo del álbum, “On Foreigner”. Pero poco más. Sigue habiendo descuidos en un grupo que se esfuerza por ser y sonar perfecto. En algunos pasajes intentan acercarse de refilón a las excelencias de la ELO “EOL” no es un título al azar–, pero en general se delatan como banda que pierde intriga a borbotones, algo que se acentúa en mayor medida (¡atención!) cuanto más hacen por disimularlo. Además, el álbum está coproducido por el espíritu marimandón de Diamonds junto a Chris Coady (Yeah Yeah Yeahs, Blonde Redhead y TV On The Radio), quien brilla por encima del grupo en una maniobra peligrosísima de productor crecido. “Vapours” enseña los dientes pero su problema es que estos están horriblemente limpios. Los temas pretendidamente molones no consiguen levantar una supuesta juerga movidita que se desinfla sola al intentar plasmar la inercia pop de Vampire Weekend y Franz Ferdinand a fuerza de enfatizar conceptos. Es lo que ocurre cuando se intenta sonar radicalmente irresistibles, modernos en exceso, brillantemente tópicos: que se acaba en la misma desembocadura que otros interrogantes recientes como son Discovery o Miike Snow. Se dice que no hay nada peor que un disco te conquiste a la primera escucha, y eso es algo que en el panorama actual de rarismos y músicas incómodas resulta peor que nunca. ¿Qué hacemos con ellos?

Cristian Rodríguez

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