Vallisa Vallisa

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Dakota Suite Dakota SuiteVallisa

8.1 / 10

Dakota Suite Vallisa GLITTERHOUSE

Aquí un firme defensor de la versión neoclásica de Dakota Suite en detrimento claro y frontal de su vertiente folk, con voz, letras atormentadas y autodestructivas y muchos recursos ya asimilados y muy reconocibles propios del género. A veces se puede llegar a pensar que Chris Hooson, el líder solitario de este proyecto, también es de esa opinión, y que sus grabaciones más ortodoxas no dejan de ser concesiones a su séquito de fans más convencional y amplio, el que puede permitirle, en cierto modo, la experimentación en ese otro campo más libre y minoritario. De hecho, si hacemos un repaso a su carrera podemos comprobar cómo ha ido alternando discos folk con discos neoclásicos casi de manera ordenada y cronológica, pero también es cierto que sus últimos pasos ya sólo parecen moverse en una misma dirección, y yo que lo celebro.

Después de “The End Of Trying”, un más que meritorio regreso dedicado a su verdadero amor, Johanna, Hooson vuelve al tajo con “Vallisa”, disco grabado en directo en una pequeñita iglesia de Bari con el acompañamiento al chelo de David Darling y el refuerzo al piano de Quentin Sirjacq, substituto a última hora de Sylvain Chauveau, con quienes establece una alianza inédita y muy instructiva. Para Hooson esta actuación constituye una de sus cimas artísticas, no solo por el resultado obtenido esa noche sino por el simple hecho de compartir escenario con uno de sus grandes ídolos, David Darling, uno de los músicos de chelo más reconocidos e importantes de los últimos treinta años, habitual de sellos como ECM, siempre con un pie en la new age y otro en el ambient de cámara, y gran fuente de inspiración para el líder de Dakota Suite.

Los tres dan vida a un pequeño ensemble de cámara, sin aportaciones vocales de Hooson, formato instrumental, en que el repertorio y el modus operandi se distancia en algunos términos del más ortodoxo de Dakota Suite, quizás porque aquí el trío se somete al mandato, y perdón por la paradoja, de cierta noción de improvisación y la libertad total de expresión y creatividad en vivo. Si en sus anteriores grabaciones neoclásicas primaba siempre una brújula melódica y un sentido de la emoción muy explícito y palpable, todo bien pensado y pautado en el estudio, fueran cuales fueran los mecanismos expresivos, aquí, en cambio, prima una investigación menos accesible en la que el silencio y el dominio del tempo cobran especial protagonismo y relevancia. A veces recuerda a aquel demoledor debut en solitario de Mark Hollis, otras veces nos hace pensar en Arvo Pärt vía “Alina”, e incluso escuchamos minutos de sofisticación casi jazzera que aportan nuevos afluentes sonoros al discurso del grupo.

Pero sea cual sea la derivación que adoptan las composiciones, una selección de temas de “The End Of Trying”, “The Way I Am Sick” y del aún inédito “North Green Down”, álbum grabado junto a Emanuele Errante que tenía prevista su publicación este mismo octubre y del que de momento no tenemos noticia, el resultado es especialmente óptimo, contundente y atractivo, sobre todo para los cercadores de nuevas referencias neoclásicas con las que superar plomizas tardes de domingo, solitarios viajes en metro o sesiones nocturnas de jogging urbano. Te deja sin habla, literalmente. Sobre todo cuando el concierto enfila la recta final con “Hands Swollen With Grace”, una de las obras cumbre del legado de Dakota Suite y fiel resumen de lo que su música, por atormentada, afligida y deliberadamente afectada que nos parezca, es capaz de transmitir cuando su autor junta cuatro notas de piano y las llena de alma y tristeza reconfortante.

David Broc

Dakota Suite - Hands Swollen With Grace

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