Vale Oso Vale Oso

Álbumes

Jeremy Enigk Jeremy EnigkVale Oso

7.8 / 10

Jeremy Enigk  Vale Oso

CYDONIA

Parece que le ha sentado bien a Jeremy Enigk su temporadita en Sant Feliu de Guíxols (Girona) y la brisa del mediterráneo. El cantautor de Seattle, alejado radicalmente y a conciencia de cualquier idea de rockstar que podamos tener, nos presenta con “Vale Oso” su trabajo más sencillo y directo, pero a la vez el más completo y redondo. El sonido de Enigk en solitario, al fin, consigue conectar enseguida, algo que no acababan de lograr sus anteriores “The Return Of The Frog Queen” (1996) y “World Waits” (2006) –dicho sea, eso sí, que en sus directos celestiales éstos también parecían discazos–.

“Venga, Jeremy, volvamos al rock”, parece haberle dicho el responsable de la grabación –Santi García, en su estudios Ultramarinos Costa Brava– con el resto de músicos, todos catalanes, que le acompañan en “Vale Oso”: Ricky Falkner, bajista de Standstill; Ramón Rodríguez, cantante de Madee, etc. Se trata de toda esa panda que se crió escuchando y versionando hardcore y maduró adaptando –con indiscutible talento– lo que se llama post-hardcore a la escena independiente en España. Están, por tanto, encantados de grabar junto a todo un personaje de culto. Como tantos cantantes que inician su andadura en solitario, no podrá Enigk huir de haber sido el vocalista de Sunny Day Real Estate, última gran apuesta de Sub Pop en Seattle y grupo inventor del emo antes de que dicha palabra se asociara con esa adolescencia de horribles flequillos teñidos de negro tapando media cara. A eso se referían con lo de “volvamos al rock”.

Evadido de SDRE en sus anteriores discos en solitario, en un mundo superior y místico que se traducía en la alternancia de temas acústicos e intimistas y otros instrumentales cercanos al pop de cámara, Enigk parece asumir que la exquisita textura de su voz ambivalente tiene más gancho acompañada de la estridencia post-hardcore de Sunny Day Real Estate. Pero, ojo, “Vale Oso” no es un disco de Sunny Day con músicos cambiados. Es más bien una pelea constante entre el Enigk cantautor y el Enigk rockero –y sus secuaces catalanes– que se libra entre canción y canción y también dentro de cada tema, y que tiene su punto candente en “Restart”, donde el bueno de Jeremy nos deleita con dos minutos de una especie de power pop con una alegría inusitada en él.

Nada que ver con los primeros segundos del disco, con la confusión y desasosiego del inquietante piano de “Mind Idea”, que en seguida va a subirse por el trampolín de la contundente batería de Víctor García –de Ghouls’n Ghosts, entre otros grupos– para saltar desde muy pronto hacia atrás, al sonido Sunny Day. Vuelve también desde el primer momento a un primer plano la turbulencia de las guitarras que caracterizó aquel emocore o como gusten en etiquetarlo.

El ruidoso inicio de “Late Of Camera” va muy en esa línea de desconcierto ruidoso y acaba elevándose con la magnífica tormenta sonora que cerrará la canción. Y justo una tormenta, “April Storm”, es lo que viene después, si bien en ella, paradójicamente, Enigk parece darse un respiro entre tanto desasosiego y se acerca al pop con una caricia suave. Volverá a dar un viraje en la siguiente “Life’s Too Short”, la canción mas SDRE del disco. El vaivén entre las tormentas sunnydayanas y la calma del cantautor va a seguir marcando el disco y a hacerlo atractivo.

También es cambiante la agitación en las letras, en las que Enigk se muestra con un estado de ánimo parejo al del Empordà, como si de un poeta del romanticismo se tratara. Así, las velas, los puertos y los acantilados aparecen en casi todas las canciones a la par que el amor y los constantes enigmas vitales del ser humano. Así, el disco empieza en un naufragio bravío en alta mar en medio de la tormenta y termina en una humilde barquita en un mar calmo de un día soleado.

Pero antes de eso, y después de una rabiosa “In A Look”, Enigk se muestra desahogado, y quizás por primera vez, le escuchamos feliz, pop, en “Same Side Imaginary”. Esa felicidad acaba de dar carpetazo al pasado, definitivamente, en “Restart”. Se trata de la canción más vitalista, propicia para sentir el sol y el aire fresco en la piel con la intensidad de los que todo lo viven por primera y última vez. La felicidad le sienta de maravilla. La inconmensurable voz de Enigk, por una vez, ni se enfada ni se entristece (demasiado) y nos parece una invitación a una vida sencilla. Un final acompañado de palmas y de lalalás acaba de confirmar la tesis.

Encara a partir de ahí el disco una recta final ya conciliadora, calmada, aburrida incluso, con el mar de la Costa Brava ya en perfecto reposo. Reaparece el Enigk más íntimo, el que tal vez no convenza en el disco pero que hará sentir escalofríos cuando se quede solo con su guitarra o su piano en el escenario en alguno de sus deleitantes directos.

Germán Aranda

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