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Roll The Dice Roll The DiceUntil Silence

8.3 / 10

Con el paso de los discos, la música de Roll The Dice se ha ido haciendo más espesa y en Until Silence ya no queda apenas rastro de aquella constitución gaseosa del álbum de debut, homónimo, de 2009: los efluvios de electrónica primitiva y las delicadas notas de piano que trinaban por debajo de aquel trabajo en el sello Digitalis han pasado a ser, cinco años después, como el soundtrack viscoso de una película distópica que nos pareciera querer atrapar en un permanente estado de guerra. Del equilibrio entre la amenaza y la tranquilidad, que indicaban un mundo idílico pero en transformación, se ha pasado a un marco estético en el que ya no hay espacio para precisamente eso, el espacio entendido como pausa, sino únicamente para una pesadilla de alta intensidad. Esto, en el programa global de Peder Mannefelt y Malcolm Pardon, tiene una lógica precisa, ya que son ellos mismos los que explican que cada nueva entrega de Roll The Dice es como escribir un nuevo capítulo en una historia que, en este caso, es la Historia entendida como conflicto social: el primer disco sería como un recuerdo nostálgico de la época pre-industrial de la Europa del siglo XVII, donde todo -las clases sociales, la circulación del dinero- estaba sostenido por un orden rígido y coherente, mientras que el segundo, mucho más acelerado y abundante en sonidos, simbolizaba el inicio de la era de la máquina.

Siguiendo ese orden, Until Silence explica las contradicciones del capitalismo: a la par que se aumenta la riqueza -y a nivel sonoro, Until Silence es copioso, mucho más que los dos discos anteriores-, aumenta también la desigualdad y el conflicto, siguiendo más o menos al dedillo las tesis de Marx y Engels. Esos conflictos son la guerra y la rapiña -la Primera Guerra mundial, de la que ahora se cumple un siglo, fue una consecuencia esperada de la Europa industrial y colonial del XIX; la crisis económica actual, tan crispante y desesperante, no se explica sin esas mismas contradicciones del sistema capitalista-, y de este modo Roll The Dice añaden un título más a esa interesante serie de crónicas del fin de una era que nos ha ido dando un sector de la música electrónica, especialmente abatido y pesimista con el rumbo que está tomando nuestra civilización, en el que hay que contar a Leyland Kirby, a Samuel Kerridge, Roly Porter y, por qué no, el Darder (2013) de Balago. La tensión que sentimos en el ambiente, ese aviso de fallo inminente en el sistema, de declive imparable, y que también tiene su correlación con productos audiovisuales de reciente creación como la serie de televisión Utopia (2013) o la película Hijos de los Hombres (2006), es la que hace de Until Silence algo inmenso, perfectamente engarzado en el zeitgeist.

Para reflejar una nueva época, Roll The Dice necesitaban un nuevo sonido, y en la tercera parte -tercera temporada, tercer capítulo, da igual el formato- de su relato han introducido un ensemble de 16 músicos que nutre la partitura con cuerdas dramáticas y por momentos en una pulsación cercana al paroxismo, muy en la línea de bandas sonoras recientes como la de Inception escrita por Hans Zimmer ( Assembly). Así es como el dúo sueco consigue solidificar la fragilidad del primer álbum y la tendencia a la fuga cósmica del segundo en una masa pétrea de ambientes depresivos, ritmo mucho más lento y adornos de oscuridad impenetrable y alta toxicidad. Lo que podía ser ‘agradable’ en entregas anteriores -un arpegio altamente dinámico, una voluta de piano logrando una forma rizada entre dos instantes de silencio- ahora es casi siempre hostil, invasivo, ataca al sistema nervioso con chirridos y percusión metálica ( Perpetual Motion) y crujidos amenazantes (la falsa calma de Someone’s Land que evoluciona en el adagio tristísimo, como si lo hubiera escrito Henrik Górecki, de Haunted Piano). El tono del disco lo marca desde el inicio Blood In Blood Out, que apenas deja margen para la esperanza con esa exacta interacción entre notas fúnebres de piano, cuerdas de la muerte y sintetizadores que parece que estén cultivando un virus letal. Quizá sea el mejor track del disco y a partir de ahí todo sea cuesta abajo, pero no hacia la decepción, sino hacia el infierno. Until Silence es claramente el mejor de todos los discos de Roll The Dice hasta ahora -incluiríamos el Live in Gottemburg (2011)- y abre la puerta a nuevas posibilidades fabulosas: ojalá el próximo sea sobre la era de la información y el caos digital. Pero lo más importante no es lo bien que hablan sobre su estado de forma creativo, sino la forma clarividente con la que Roll The Dice explican el mundo convulso en el que estamos atrapados.

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