Until In Excess, Imperceptible UFO Until In Excess, Imperceptible UFO

Álbumes

The Besnard Lakes The Besnard LakesUntil In Excess, Imperceptible UFO

7.3 / 10

Con cuatro discos publicados en diez años, se confirma que The Besnard Lakes no es la prioridad del matrimonio formado por Jace Lasek y Olga Goreas, que seguramente estarán hasta arriba de curro en su día a día en los estudios Breakglass, en Montreal. Por allí han pasado desde mediados de la década pasada bandas canadienses como Wolf Parade, Fly Pan Am, Islands, Holy Fuck, Suuns (de los que hace unos días hablamos aquí mismo) y hasta Arcade Fire, que dieron un concierto “secreto” en sus instalaciones el pasado diciembre para unos pocos elegidos. A esto habría que sumarle The Soft Province, el proyecto indie que Lasek puso en marcha en 2011 con su amigo de toda la vida Michael Gardiner, más centrado en elaborar canciones que en levantar un sonido con personalidad arrolladora, como es el caso de The Besnard Lakes. Según contaba el músico en una entrevista, como productor autodidacta que es, su relación con los controles es cercana a la de un geek ante un cacharro nuevo: todo se puede aprender trasteando e intentando arreglar las cagadas cometidas por no haberse empollado el manual de uso. Será una obviedad, pero ahora toca resaltar aquí cómo su trabajo como productor y el uso del estudio como instrumento principal hacen posible el sonido saturado, multirreferencial, de The Besnard Lakes.

A eso vamos. Lasek se ha empapado de las formas, los trucos y hasta la instrumentación (rozando el fetichismo) que han marcado cierto tipo de sonido “grandioso” durante los años 60, 70, 80 y 90. El matrimonio sigue trabajando en encontrar el punto personalísimo donde se cruzan sus amores e influencias, dibujando un mapa que quedaría de la siguiente manera. Al norte, el grupo comparte territorio con el muro de sonido de Spector, los Beach Boys, los coros y los arreglos orquestales. Al sur, con los paisajes amplios del post-rock y el mareante vaivén de la música espacial, y de ahí a los vendavales típicos del shoegaze y el dream-pop: metan aquí desde sus queridos Swervedriver y Ride a Spiritualized y Sigur Ros. Al oeste, comparten frontera con los excesos de la ELO, Fleetwood Mac, The Alan Parsons Project y, sí, los Bee Gees, con ese notable falsete de Lasek tan marca de la casa. Y al este sobreviven algunos recursos de la psicodélica, que es lo que lamentablemente el grupo ha ido matizando desde que debutaron con “Volume 1”, y que en unas ocasiones les empareja con Broadcast o con Olivia Tremor Control y la gente de Elephant 6, y en otras con los Pink Floyd cósmicos. O, sin irnos muy lejos, con otros grupos de la escudería Jagjaguwar como Foxygen o Unknown Mortal Orchestra. De hecho, teniendo en cuenta que “Volume 1”, lanzado con muy pocas copias en 2003 y reeditado en 2007, es visto hoy casi como una rareza algo tímida en su discografía, “Until In Excess, Imperceptible UFO” bien podría cerrar una trilogía de tormentas sonoras que comenzó en 2007 con “The Besnard Lakes Are The Dark Horse” y que tuvo su continuación en “The Besnard Lakes Are The Roaring Night” (2010). Una trilogía bella y misteriosa, profundamente coherente y de gran capacidad evocadora.

De nuevo, el matrimonio se pasa el micro, dando lugar a un disco que puede ofrecer dos lecturas diferentes. La partes cantadas por Olga Goreas son más poéticas y de apreciable eco ‘noventas’ ( “46 Satires”), mientras que las escritas por su marido, que durante estos años ha volcado en sus letras su pasión por las historias sobre espías, guerra fría y otros aspectos típicos de los thrillers (además de Carl Sagan, el cosmos, los sonidos fantasmales y… er… esto… los aliens que podrían vivir en la Antártida), tienen un acento más vintage (ahí está la muy Brian Wilson “The Spectre”). Los mejores momentos de “Until In Excess, Imperceptible UFO” se dan cuando ambas partas colisionan, dando lugar a hallazgos sobresalientes, como esas cascadas de coros en “And Her Eyes Were Painted Gold”, la conjunción Bee Gees-meets-prog-rock en “Colour Yr Lights In” y la magnífica “People of the Sticks”, donde los más atrevidos han visto un rastro de Cocteau Twins si a estos les hubiera dado por la épica orquestal, lo que ya son palabras mayores. En medio quedan algunos temas donde el grupo vuelve a demostrar su buena mano para construir algo parecido al impresionismo musical, como “At Midnight”, “Catalina” y “Alamogordo”, para crear imágenes difusas, medio empañadas, donde lo importante no son tanto las formas que dibuja como el punto de vista.

La comparación con el irrepetible grupo de Liz Fraser me lleva, en cualquier caso, a subrayar el halo enigmático, extraordinario, que envuelve la música de The Besnard Lakes. Y, de nuevo, a cierta lentitud en la ejecución y en la escucha y asimilación por parte del oyente, que está en todo su derecho de considerar “Until In Excess, Imperceptible UFO” de ser un disco pasivo. Personalmente creo que su virtud está en todo lo contrario, en que es exigente con el oyente, que requiere de su complicidad y que termina premiando la paciencia y el tiempo empleado. The Besnard Lakes, aunque solo sea como señal de aviso a estas alturas del texto, estaría por lo tanto más cerca de Broken Social Scene o de Feist que de Arcade Fire, por aquello de hacer las obligadas comparaciones con otras bandas canadienses. Son un grupo para recrearse, para pararse a observar y escuchar, para disfrutar más con su sonido que son sus canciones. Y dicho esto, me retiro antes de seguir adjetivando como un loco un disco de estas características. Ya conocen las imágenes habituales que se usan para describirlos y uno tiende siempre a lo superlativo: arenoso, boscoso, montañoso, nubloso y cualquier otra palabra que se refiera a fenómenos atmosféricos, territorios desolados y oleaje sonoro. Sabrán disculparme si en esta ocasión me corto ya y les evito el inevitable ejercicio de orografía y meteorología musical.

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