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Álbumes

Alva Noto Alva NotoUnivrs

8 / 10

RASTER-NOTON

Entre 2007 y 2008 se produjo una transición decisiva en el sonido siempre meticuloso, pulcro e inquisitivo del alemán Carsten Nicolai: el proyecto “Xerrox” –iniciado en 2007 y continuado un año después con el volumen dos– prolongaba la línea de trabajo más estática, e incluso se diría que emotiva, que parecía haber llegado a su cumbre en otro proyecto, “For” (2006), pero a la vez ya estaba trabajando a fondo en patrones rítmicos dinámicos (o más dinámicos que de constumbre), directamente influenciados por ese techno del que Alva Noto siempre había querido estar alejado. En 2008 apareció “unitxt”, la conciliación de su discurso experimental de siempre con aproximaciones a la música de club, algo en lo que no estaba solo en Raster-Noton: aquel año también coincidieron en el catálogo “Death Of A Typographer”, de Byetone, y el “Rhythm” de Frank Brtschneider, dos álbumes eminentemente rítmicos firmados por la columna vertebral del sello. No es que estuvieran dispuestos a irse de rave, pero se apreciaba que había la intención de compartir un espacio con el público joven que poco a poco iban ganando para la causa de Raster-Noton.

El título “univrs”, por supuesto, arroja una pista: para Alva Noto, es el siguiente paso tras “unitxt”. Si aquel primer disco era descrito como “el proceso de patrones rítmicos (siendo ‘unit’ la unidad de medida, y ‘txt’ la información contenida, o el lenguaje)”, ahora el enfoque parte de que esa información existe como un lenguaje universal (ergo, ‘univrs’, es decir, que para el músico éste es su álbum más totalizador, el resumen e inclusión de todas sus inquietudes actuales en un solo disco). Y, efectivamente, es como si el Alva Noto de los primeros años, el cirujano del pulso de sonido y los tonos purísimos que empezó en Mille Plateaux, estuviera coincidiendo en el tiempo y en el espacio con este otro Alva Noto mucho más mayor, mucho más sabio, con las ideas aún más claras, y que incluso no tiene problemas en explorar una posibilidad de techno apto para galerías de arte. “univrs” no es un álbum propiamente techno, ni tampoco un resto de la antigua escuela glitch, y ni siquiera es una hibridación limpia de ambos lenguajes, pero se nota un equilibrio entre esos dos polos opuestos.

Hay momentos en “univrs” en los que el ritmo se desboca. Suele ser un arroyo de pulsos constantes, de beats desacompasados, sostenidos por un lecho de ruido puro –un zumbido, generalmente– que permite una progresión en movimiento, muy parecido al efecto del álbum anterior de Byetone pero sin tanta fuerza ni tanta hinchazón en el sonido. El comienzo del álbum ya es clarificador en ese sentido: “uni c” suena como un taladro amortiguado bajo el que se ocultan texturas de una blancura deslumbrante y que, por supuesto, son para escuchar en un sound system como dios manda –y a poder ser pinchando la edición en vinilo–. Esas fases de caos y temblor se extienden por momentos como “uni rec” –el patrón escogido es una especie de electro en diagonal–, “uni dia”, puro rhythm’n’noise que puede hacer pensar en Esplendor Geométrico o el último Surgeon, los dos minutos concisos de “uni mode” y los instantes bestiales, de chirridos y latigazos, de bombos asimétricos y efecto mareante de “uni deform” y “uni pro”.

Luego hay otros momentos en los que hay zumbidos y arañazos, pura dislocación del momento, inestabilidad del sonido y frecuencias bajas y puras, como las de “uni fac”, “uni asymetric”, que parece una actualización de la computer music delineada de Iannis Xenakis –tema prorrogado en sus secuelas, “uni asymetric noises”, “uni asymetric III-IIII” y “uni asymetric sweep”–. Pero donde “univrs” cobra su sentido total es en los tres momentos en los que se alternan ruidos en racimo y espacios amplios. La pieza central sería “uni iso”, diez minutos en los que se dan relevos las frecuencias ondulantes que se introducen como un alfiler en el cerebro, las transmisiones electroacústicas con poso alienígena y los mantras rítmicos absorbentes; y la pieza definitiva sería la hipnótica “uni acronym”, en la que Anne-James Chaton acompaña con su voz –leyendo acrónimos de tres letras, al azar, durante todo el corte– una lluvia de beats y latidos de software que dan la medida de otra nueva obra mayor firmada por un Alva Noto que, para qué engañarnos, no tiene obras menores.

Javier Blánquez

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