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Damu DamuUnity

8 / 10

KEYSOUND RECORDINGS

Muchas veces, los títulos de los temas dan pistas que no solicitamos, y los de Damu llegan a un punto en que casi destruyen la sorpresa inicial nada más pinchar “Unity” por primera vez: “L.O.V.E.”, “Ether”, “Plasm”, “Waterfall Of Light”… En efecto, este debut chorrea fotones y colores intensos que parecen amplificados con un efecto de Photoshop, es ese tipo de sonido que se arquea en curvas 3D y que sale del altavoz como si fuera una manguera de audio espeso, dispuesta a bañarte en una luz intensa, esa catarata a la que alude uno de los cortes antes citados. Aunque esto es algo que, para ser sinceros, ya nos veíamos venir, porque la trayectoria de este joven productor de Manchester –breve y concentrada exclusivamente en los meses de 2011, pero meteórica en su ascenso– ya había consistido precisamente en eso: en afinar todos los recursos emocionales y texturales del post-dubstep actual y citar, consciente y activamente, sus influencias en materia de 2step, crunk, grime de tonos purpúreos, cabalgadas rave con clímax vocal y algo de deep house. Música para los sentidos, que inyectan su sobredosis de azúcar directamente sobre la piel.

De los cuatro cortes que poblaban de ideas aquel “Ridin EP” que sellaba su fichaje por Keysound Recordings, ninguno aparece ahora en “Unity”: este es sólo un pequeño dato que indica hasta qué punto Damu anda sobrado ahora mismo de inspiración y confianza. Al chaval se le acumulan los temas, los podría regalar a la beneficencia si quisiera, porque además le salen en progresión ascendente; el álbum es la maximización de la idea que ya subyacía en el maxi –y también en su EP anterior para Local Action, “Mermaid”, el que comenzó a hacer rodar la bola de nieve–, que es la idea de una música tan apasionada, tan de tonos oro, que más que para bailar sea para facilitar una especie de rapto místico. Si la propiedad del éxtasis es sacar momentáneamente el espíritu del cuerpo y conectarlo con la fuente del amor universal, eso es lo que se propone, grosso modo, el de Manchester. Aunque él es un orfebre de beats –y los hace mullidos, blandos, se extienden por todo el espectro auditivo a lo largo y a lo ancho, como una versión (todavía) más expansiva de Joy Orbison–, la virtud de sus bases de house lento y dubstep elástico están en cómo permiten que por encima se construya un palacio de texturas de altas torres que brillan al sol, acristalada de voces femeninas recortadas en palabras y suspiros de pasión, con adornos y molduras que hacen que las melodías y los sonidos en suspensión floten por todo su diámetro como si fueran ángeles.

“Unity” (el tema) es una intro que pone en situación y que hace estallar todo el disco nada más entrar en “Breathless”, donde cada sample y cada nota de sintetizador es una muesca que se le arranca al diamante para que, al final, quede bien tallado y reluciente. Y aunque Damu pudiera incurrir en un error –que es el de recargarlo todo, el de pasarse con el caramelo y arruinar su obra por exageración y desmesura–, sabe cómo ponerlo todo en equilibrio para que nunca se tenga la sensación de que hay más pose que substancia. Damu añade matices inesperados –como la frase de steel drum caribeño que realza la felicidad que transmite “L.O.V.E.”, un ejercicio de 2step perfecto–, inserta interludios misteriosos como el de “Weapon #3”, corta de vez en cuando el exceso de virtuosismo luminoso para demostrar que también se desenvuelve en terrenos más minimalistas ( “Math Is Fine For Sum”, “Cheat When You Compete”, que tiene más graves que agudos), y sólo cuando ha encontrado el contrapeso se decide a lanzarse a tumba abierta hacia su objetivo, que es arrebatarse como un San Juan de la Cruz bass: “Ridin The Hype” (con la colaboración vocal de Trim) es el grime sucio después de una buena ducha y de echarse colonia, “Waterfall Of Light” un abuso de sintes de neón y efectos láser, “Plasm” el tema que Joy Orbison también quiere hacer, “Ether” su intento de robar corazones en la pista de baile con unos arpegios que son imanes de sentimientos, y “Don’t Cry In My Bed” el resumen de todo, la suma de un álbum que quiere transmitir amor, sin reservas ni sonrojos; quiere dar felicidad y, a cambio, sólo pide que le escuches.

Javier Blánquez

Damu - Ridin' The Hype (Feat. Trim)

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