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Álbumes

Alan Moore Alan MooreUnearthing

7.9 / 10

LEX

Los lectores de cómics que, entre paja y paja, nos criamos leyendo “Miracleman”, “Swamp Thing”, “V De Vendetta” y, por supuesto, “Watchmen” veneramos a Alan Moore como si fuera un conquistador español montado a caballo, asombrando a los mayas con su mágica armadura y amenazante caballo. A pesar de su carácter huraño, de su pinta inquietante, de su mirada escrutadora, el guionista británico ha cambiado la vida de mucha gente, la de este menda incluida, y aunque con el paso del tiempo su genio se haya diluido un poco, conozco a unos cuantos que seríamos capaces de vender a nuestra propia madre como esclava para que Moore viviera 50 años más y siguiera aportándonos cómics legendarios con los que pasar nuestros encierros caseros. En esta tesitura de idolatría casi irracional, sé que los fans más entregados, los que seríamos capaces de comer fideos con pelos de su frondosa barba, hemos recibido este extravagante ítem como si fueran las mismísimas Tablas de la Ley recién bajadas del monte Sinaí.

No puedo evitar pensar, de todos modos, en la gente ajena al universo alanmooresco, y debo advertirles, claro está, que si quieren iniciarse en esta religión o si, sencillamente, no tienen interés alguno en este maestro de pupila victoriana, no es éste el ítem más recomendable. Estamos ante una de esas marcianadas que el británico tanto gusta de hacer a contrapelo. En un momento en el que nadie apostaría por una combinación de literatura, imagen y música experimental, Moore aprieta el grano y lo revienta en nuestras mismas narices con un box-set que se yergue como un extraño islote en el océano de mediocridad e imbecilidad que inunda la contracultura actual. La fórmula es sencilla: el mago lee con su voz cavernosa un largo texto-reflexión cuyo protagonista podríamos decir que es Steve Moore, un pionero del cómic británico que fue algo así como su mentor tanto en el arte de la viñeta como en los pastos de la psicomagia. El texto, que originalmente tenía que estar incluido en la antología de Iain Sinclair, London: City Of Disappearances, también nos sirve para adentrarnos en curiosos terrenos autobiográficos del creador de “La Liga De Los Hombres Extraordinarios” y masticar la inquietante literatura de nuestro oscuro héroe, una literatura cargada de una electricidad estática muy particular, mareante, apocalíptica, virológica.

De fondo, a modo de dulce ruido blanco, se suceden los pasajes de ambient, turbias capturas sonoras en las que la distorsión de guitarra, abstracciones electrónicas, partituras paradimensionales, ectoplasma y psicofonías se convierten en protagonistas secundarias. En el bando musical, la lista de colaboradores no es ninguna broma: Adam Drucker ( Doseone), Andy Broder ( Fog), Mike Patton, Stuart Braithwaite ( Mogwai), Zach Hill ( Hella) y Justin K. Broadrick ( Jesu). Quita el sueño, la verdad. Paranoia, crujidos digitales, nieve negra, lluvia ácida: las cortinas musicales reptan a un volumen bajo, casi de hilo musical, ubicándose cual alfombra transparente bajo la lectura de Moore, que avanza a ritmo propio, marcando unas pulsaciones que evocan un Londres tenebrista, extraño, onírico, una ciudad devorando a sus hijos como un Neptuno de cemento y piedra. No es una digestión ligera: los once pasajes que componen el relato son vomitonas incesantes de una literatura mercurial, ponzoñosa, dañina para los pulmones como el amianto. En ese terreno es Moore quien marca el paso y son los distintos músicos quienes siguen el ritmo de su Apocalipisis literario. El protagonista es él. Sólo él. Y su dicción es intoxicante.

Aparte del doble CD con el texto y música –dos horitas de lectura–, la caja que nos ofrece Lex contiene también las magníficas instantáneas de Moore tomadas por el fotógrafo Mitch Jenkins –el segundo instigador del proyecto, por así decirlo–, la versión en vinilo del material y un EP con los fondos musicales para los que no pueden aguantarle la mirada y sienten tembleques febriles cada vez que el Gran Mago abre la boca y suelta fuego. Mi CD de spoken word favorito desde el ya lejano “Spare Ass Annie & Other Tales” (93) de William Burroughs. Ha valido la pena esperar 17 años.

Óscar Broc

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