Une Enfant Du Siècle Une Enfant Du Siècle

Álbumes

Alizée AlizéeUne Enfant Du Siècle

7.5 / 10

Alizée

JIVE-SONY BMG

Desde “Moi… Lolita” ha llovido mucho. Aquella quinceañera de instintos puteros nabokovianos que rozó la ilegalidad a base de estribillos efectivamente pegajosos nunca tuvo el control absoluto de su carrera. No nos engañemos, Mylène Farmer y el letrista Laurent Boutonnat la explotaron a base de bien convirtiéndola en un títere del pop francés. La Madonna gala low-cost por excelencia –reivindicada por la neumática Kate Ryan a golpe de bases poligoneras– hizo que Alizée se convirtiera en el sueño húmedo prefabricado de toda una generación. Farmer no era una chiquilla por mucho que se empeñara en pasar por el quirófano cada dos por tres, así que halló en la corsa una reválida para entonar esas composiciones que, en su boca, hubieran resultado cuanto menos ridículas y fuera de lugar. La jugada salió brillante. Alizée, de la noche a la mañana, se hizo con un nombre en media Europa gracias a un sorprendente debut, “Gourmandises”, que la enalteció como la Lio del siglo XXI. Pero no todo fue de color de rosa.

La autoexclusión mediática se paga muy cara. Alizée, en 2004, meses más tarde de lanzar “Mes Courants Electriques”, desapareció del mapa y decidió tomarse un descanso de tres años para criar a su retoño hasta que publicó “Psychédélices” –producido por ella misma y su marido, Jérémy Chatelain–; un álbum con el que se desvinculó de sus protectores y que, incomprensiblemente, obtuvo una repercusión de lo más mediocre en Francia. Desde entonces, nulas eran las noticias acerca de la joven que llegaron a nuestros oídos –a excepción de la icónica sesión de fotos que protagonizó para Technikart este pasado enero, recreando la portada del “Like A Virgin” de Madonna– hasta que, de pronto, nos anunciaron que se alinearía junto a algunos de los célebres artistas del sello Institubes para relanzar su carrera como se merecía. Así que los mayores interrogantes acerca de este “Une Enfant Du Siècle” residían en si la jovenzuela podría volver a formar parte de nuestros incontestables guilty pleasuresatemporales.

A partir del remix que David Rubato firmó de “Fifty Sixty”, Alizée empezó a interesarse por las grandezas de la electrónica vintage gala. Si a esto le sumamos que Jean-René Etienne –cofundador de Institubes– puso a su disposición toda su troupe, la extinguida lolita se ha marcado un tanto ante tal plantel productivo, entre los que podemos encontrar los nombres de Chateau Marmont, Tahiti Boy, Para One o el propio Rubato. Bajo la coartada conceptual, el álbum gira alrededor de la figura de la musa warholiana Edie Sedgwick –que falleció de una sobredosis de fármacos con tan sólo 28 años–, con explícitas referencias a su persona en “Factory Girl” y ese tema que perfectamente podría haber entonado Sébastien Tellier llamado “Grand Central”. Aunque la grandeza de este álbum recae merecidamente en los tintes sintetizados melancólicamente ochenteros y oscuros que imperan en buena parte de los cortes, si dejamos a un lado la maravillosamente naíf “Eden Eden”, a caballo entre las bandas sonoras del porno peludo de los setentas y la delicadeza vocal de Jeanette.

Chateau Marmont son los culpables de producir algunos de los temas más efectivos del largo –siempre bajo la atenta mirada de Etienne–. Para muestra el primer single anglo-francés, “Les Collines (Never Leave You)” –que no deja de ser una canción de la Farmer ochentera llevada al terreno electro–, o ese súmmum de clase italodisco titulado “Limelight”, que vuelve a hacernos reivindicar hasta el fin de nuestros días al visionario Giorgio Moroder. Por si fuera poco, “À Coeur Fendre” mantiene acertadamente la maquinaria rememorándonos los inicios de la belga Lio, que en los ochentas elevó el ánimo fálico de los franceses con aquel antológico “Le Banana Split” como la misma Alizée Jacotey hiciera dos décadas más tarde siendo una teenager.

Mención aparte merece la pieza ideada por Adan Jodorowski, “La Candida”, el regalo que ofrece a su fiel público mejicano –no me pregunten el porqué de esta devoción–, aun errando su entonación en favor de las palabras llanas como hace unos meses lo sufriera la pobre Nelly Furtado, que el castellano tampoco es lo suyo. Sea como fuere, lejos de este mero batacazo entonativo, Alizée vuelve por la puerta grande. De niña a mujer –como diría Julio Iglesias– y abandonando los recodos mainstream hasta nuevo aviso, la francesita de veinticinco años se posiciona como icono del pop transpirenaico manteniendo la vertiente kitsch y melancólica que nuestros vecinos más allá de Roncesvalles tan bien han sabido vender al mundo. Un servidor no sabe exactamente cómo calará este giro sonoro y estético de nuestra protagonista en las listas de éxitos que mantiene dignamente el pulso con su obra magna, “Les Courants Electriques”. Pero todos aquellos que más allá de su “Moi… Lolita” o “J’en ai marre” pensaban que no podía dar más de sí, quedarán gratamente satisfechos con el que, sin duda, es uno de los mayores comebacks de lo que llevamos de 2010.

Sergio del Amo

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