Undivided Undivided

Álbumes

Helixir HelixirUndivided

7.1 / 10

7EVEN RECORDINGS

De acuerdo, nadie como los franceses para hacer pelis de terror moderno, polos de algodón y música dance con filtro. Pero quién nos diría a estas alturas que en el país de Ratatouille habría también cantera bass. Helixir no está dispuesto a dejarse arrastrar por los tópicos y ha dejado sobre el tapete diez tracks con sabor a dubstep para clubs que harán fruncir el ceño a más de un británico fumeta. “Undivided” se arrastra con la elasticidad de un congrio en un bidón de residuos radioactivos. Los movimientos son bellos, precisos, hipnóticos, pero ejecutados en un contexto industrial ultra-tecnológico de buceo extremo. Poco de humano tienen las abstracciones clubbers del francés –nacido y residente en Estrasburgo, por más señas–. “Undivided” parece, por momentos, grabado con el sistema electrónico de un submarino nuclear, como si Helixir hubiera construido un estudio entre las silenciosas turbinas del monstruo de hierro, a miles de metros de profundidad, en el fragor de la batalla entre un cachalote y un calamar gigante. No es una analogía gratuita post-visionado de “Abyss”: cortes como “Atlantis” –el nombre lo dice todo– definen el carácter subacuático de un disco que volvería locos a los alienígenas bioluminiscentes de James Cameron: las oscilaciones de graves profundísimos, las extrañas reverberaciones, los efectos glaciales, el burbujeo futurista. Frío y oscuridad.

Las coordenadas de la inmersión son muy claras. Sin renunciar al nervio bailable –los esqueletos rítmicos son garage en estado virginal–, Helixir debuta en formato LP con una miasma de dub, IDM, techstep y, por supuesto, dusbtep cósmico a mansalva. Es un sonido húmedo y macerado casi a punto de congelación. Lo bueno es que el francés en ningún momento se recrea en su faceta más experimental, sino que aplica las probaturas a un motor diseñado para la pista. Así, mientras “The Big Wheel” se acomoda claramente en un colchón marca Underground Resistance y un tamborileo importado de las catacumbas londinenses, “Summertime” planea sobre el dancefloor gracias a unos sintetizadores Mike Paradinas style y un patrón de sonidos garageros que huele a fish & chips a las seis de la mañana. Y en esa zanja encontramos algunas gemas de una belleza arrebatadora. “I’ve Never Wanted To Hurt You” –junto a “Atlantis”, uno de los grandes momentos del álbum– te envuelve la espina dorsal gracias a una mutación de 2step romántico que funciona con precisión robótica. Dubstep avanzado, sí, pero para todos, no para unos pocos.

En esta línea de actuación, los sonidos del underground británico se muestran ante nuestros oídos como las plumas de un pavo real cibernético. Helixir tiene un asombroso dominio de las atmósferas y el moldeado sonoro: los despuntes metálicos de “Quiet Storm”, el acordeón alienígena de “Tide The Wind” y las cuchillas sonoras que cortan el aire de “Space Travelling”, entre otros muchos trucos de prestidigitación electrónica, nos hablan de un artesano obsesivo que pule y repule sus obras hasta conseguir superficies perfectamente llanas, desinfectadas, sin la más mínima rugosidad. Es el sello de un productor minucioso, casi obsesivo, que te obliga a repasar el álbum con auriculares y las luces halógenas a mínima intensidad. Concentrado. Es la única forma de apreciar su trabajo de carpintería fina en los graves, un destilado perfecto que busca la esencia más pura del bajo, para golpear o, mejor dicho, acariciar nuestra caja torácica a profundidades imposibles. Y es que es ahí, en la soledad del lecho oceánico, donde mejor se comprenden las extrañas anti-melodías de Helixir. Que nadie se sorprenda: así se baila en el abismo.

Óscar Broc

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