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Álbumes

Marc Houle Marc HouleUndercover

7.4 / 10

Percusión líquida, efectos hipnóticos e incisivos, muros de sintetizadores que suben y bajan como el MDMA, graves oscilantes que masajean el cerebro empastillado. “Juno 6660” es un ejemplo impepinable de la pericia de Marc Houle en la fabricación de música de baile que se pega como un parche de nicotina a la piel del clubber, administrándole pequeñas dosis de elegancia y savoir faire a ritmo de minimal house con ramalazos technoides y colonia sintética de los 80. No se queda Houle en la corteza. Poco instrumental para operar a colocón abierto, sin duda, pero este cirujano sabe meter la aguja hasta el fondo, rascar hueso y hacer aullar al oyente.

Basta con atender a los magistrales cinco minutos de “Very Bad” para comprobar que a nuestro hombre no le van los singles de usar y tirar: quiere fabricar hits imperecederos. Las lágrimas melódicas del final (parece una guitarra eléctrica reconstruida) y las descargas de disco house ochentero para amantes del cine de espías no pueden ser tomadas a la ligera. Dentro de sus evidentes limitaciones pisteras sabe manejar los estados de ánimo como Dios, borda producciones repletas de detalles y trabaja los loops con un olfato perruno de altas prestaciones. Houle es un amante de la música de baile en todas sus variantes más exquisitas. Se percibe en su primer LP para el sello Items & Things –cuyas riendas comparte con Magda y Troy Pierce, el pionero del look ‘fashion indigente’–: la dulce radiación de Detroit, el nervio clásico del sonido Chicago, la afectación romántica de Depeche Mode, el preciosismo vintage de Kraftwerk, la psicodelia minimaloide con denominación de origen Berlín… Pasado, presente y futuro, mezclados con fader de terciopelo para solaz del clubber exigente que no acepta cualquier mierda en el bol de cereales.

El canadiense no es precisamente un advenedizo: una exitosa trayectoria en la disciplina de M_nus le avala. El respeto absoluto de le peñita del minimal le avala. Un reguero interminable de buenas críticas desde su magnífico debut “Restore” le avala. Con todo esto y una enciclopedia musical incrustada en el cerebro, Houle da forma a un sonido ni demasiado futrurista, ni demasiado retro. Perfectamente producido. Cargado con la melodía justa. Aderezado con los efectos necesarios, ni más ni menos. Las razones para meter la nariz en este polvo son muchas: los sintetizadores new wave, la sutileza y capacidad de alterar la conciencia de los loops, la base house importada de Chicago y los recitados átonos de “Undercover”. Los subgraves marinos, la percusión maquinal y los bombos rellenos de plumas de la misteriosa “Am Am Am”. La triple destilación del synth-pop ochentero más oscuro que practica en “Mooder”. El vapor mareante, los teclados planeadores y los guiños a Detroit de “Under The Neath”. Enemigos de la sutileza, mascachapas varios y groupies de Steve Aoki: habéis leído esta crítica para nada.

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