Under And Under Under And Under

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Blank Dogs Blank DogsUnder And Under

7.3 / 10

Blank Dogs Under And Under IN THE RED

En casi todos los sitios donde se habla de Blank Dogs se menciona a Wavves. Si Nathan Williams agita la Costa Oeste de Estados Unidos con su lo-fi abrasado de ansiolíticos, Mike Sniper, el hombre que se esconde detrás del alias Blank Dogs, lo hace desde Brooklyn. En realidad, esconderse se escondía hasta hace nada, porque después de editar desde el anonimato en sellos como Slowboy y 4:4:2, por fin el año pasado se destapaba con el aparatoso pero sorprendente debut “On Two Sides” (Troubleman). Desde entonces, su imparable sentido creativo se ha disparado y no para de prometer inminentes lanzamientos. En 2009 y militando en In The Red, sus compañeros de sello, los mucho más in Crystal Stilts y Vivian Girls, le acompañan a lo largo del minutaje de este su segundo largo oficial. Como ellos, Blank Dogs explora lo opaco y el lado mugriento de la vida, pero desde un acercamiento más transversal y obtuso, menos directo. Grabando en cuatro pistas desde su habitación y haciendo honor al significado de su supuesto apellido (Sniper = “francotirador”), nuestro misterioso protagonista dispara artefactos bastardos de synth-punk que despiden un tufo de desidia casi pornográfico, que no se deja querer fácilmente, pero que igualmente se adhieren a la piel sin problemas haciendo gala precisamente de lo contrario: de insidia. No es difícil pillarle el truco a sus rudimentarias bombas de fuzz metálico, pero, ¡ay!, tampoco resulta tan fácil escapar de ellas.

Como una suerte de post-punk retardado que suena como si Ariel Pink se embadurnase hasta arriba de grasa con el legado de The Sisters of Mercy, a lo largo de los 45 minutos de este “Under And Under” se localizan momentos apasionantes y también minutos que olvidar a la primera (los menos), pero más allá del choque frontal de la primera escucha, durante todas las sucesivas sobrevive una intriga que abrasa. Iguales pero diferentes, escapando continuamente de un centro de gravedad que las mantenga en órbita, las quince canciones encerradas en este antro suenan siniestras y sinuosas, desorientadas e insatisfechas. Todas buscan y encuentran soluciones que las hagan atractivas y únicas. “No Compass”, “Setting Fire To The House”, “Around The Room”, “Tin Birds” o “From Here”, infectadas de roña hasta el tuétano, te dejan con la sonrisa torcida. El conjunto, deliberadamente bizantino más allá de lo que pueda parecer, podría dar la sensación de que es una guarrada sin más, y den por seguro que el chaval ni tenga un directo decente –me viene a la cabeza el pasote de Wavves en el reciente Primavera Sound–, pero uno queda atrapado en su ponzoña espesa como si hubiera caído en unas arenas movedizas. Paradojas a un lado, “Under And Under” no parece una trampa, sino un aislado misterio difuso sin la pátina de coolness que se gastan sus compañeros de página. Y el hecho de que las canciones se evaporen por completo en cuanto dejan de sonar tampoco resta; es más, resulta tan educado como quien recoge la mierda de su perro en cuanto el can la despacha.

Cristian Rodríguez

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