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Lana Del Rey Lana Del ReyUltraviolence

7.8 / 10

Pasada la omnipresencia mediática, llegó la hora de la verdad. Lana Del Rey seguirá generando igual cantidad de odios que de amores -eso nunca cambiará-, pero es de recibo advertir que Ultraviolenceno está pensado para contentar a los fans casuales, aquellos que se dejaron engatusar por los encantos de esta lolita atormentada gracias a canciones pop de espíritu amable y gancho inmediato como Born To Die o Blue Jeans. Aquí no hay hits incontestables ni amagos de pop facilón cortado para la radiofórmula, a lo Radio en Born To Die, a excepción de ese bonus track que lleva por título Florida Kilos (que puede sonar amable, pero que de inocente tiene bien poco por tratar sobre el tráfico de sustancias para el vicio nasal). En cambio, Del Rey firma una colección de canciones mejor hiladas que nunca donde se martiriza y psicoanaliza, más explícitamente que antes, en nombre del (des)amor, la mala vida y los estupefacientes que la mantienen en pie cada mañana.

Las ventas millonarias y los conciertos en grandes fosos son algo secundario. Ultraviolence, dado los tórridos episodios que relata, podría considerarse algo así como el testamento de una joven que no descarta ingresar dentro de ese selecto ‘Club de los 27’ idealizado en su cabeza. Su particular travesía hacia la autodestrucción, como buena ficción musicada que en realidad es, cuenta con todos los ingredientes de una tragedia postmoderna. A veces Lana se excede, como cuando en el tema titular traza una delicada dicotomía entre la sumisión y la lealtad bajo la sombra del maltrato físico (suponemos que algo tendrá que decir al respecto su actual pareja, el ex Kassidy Barrie James-O’Neill). Pero en otros, como cuando se considera la puta sin privilegios del amante de turno (la preciosa Sad Girl, uno de mis highlights), cuando se hace pasar por una hipster de los setenta (en Brooklyn Baby, una canción en la que estaba previsto que participara Lou Reed), o cuando vacila envalentonada a sus detractores ( Fucked My Way To The Top), su personaje de 'femme fatale' se crece respecto a aquellos reiterativos tópicos al american way of life que proliferaban en sus antiguos temas.

El primer tramo del álbum, el que va desde la emoción in crescendo de Cruel World hasta la anteriormente mencionada Sad Girl, es de una solidez aplastante. La producción del The Black Keys Dan Auerbach ayuda a que Lana suene mucho más cruda y rockera ( Shades Of Cool es el claro ejemplo), dejando a un lado las orquestaciones épicas en pos de un mayor protagonismo de las guitarras y las percusiones opacas. Eso, a excepción de Old Money, que no deja de ser un spin-off muy digno de Young and Beautiful.

Sí, hay números poco sorprendentes al oído como Pretty When You Cry o Money Power Glory (en sustitución de éstas podría haber incluido en el tracklist de la versión estándar del disco la rescatada Black Beauty o Flipside, una grata sorpresa desnuda). No obstante, en general estamos ante un trabajo de gran magnetismo donde Lana da un maduro paso al frente radicalizando al personaje y mostrándonos otra cara sonora algo más salvaje y aún así compatible con su cancionero previo. A muchos les joderá, pero hay Lana para rato.

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