Ultraísta Ultraísta

Álbumes

Ultraísta UltraístaUltraísta

6.2 / 10

Cuando el alquimista de la producción Nigel Godrich abrió la boca y dijo que se traía entre manos una nueva banda, se abrieron las cábalas acerca de los derroteros que el ‘sexto Radiohead’ tomaría para la susodicha ofrenda. Lo primero que supimos es que el material en cuestión recibiría el nombre de Ultraísta y contaría, además, con la frágil voz de Laura Bettinson, de Dimbledy & Capper, y el productor (aquí en funciones de baterista) Joey Waronker, quien también se ha colado en esos Atoms In Peace capitaneados por el propio Godrich y el culo inquieto de Thom Yorke. Por muy estupendos que nos pongamos, no cabe la menor duda de que el equipazo convocado en Ultraísta es de esos llamados a hacer daño, demasiado incluso. No obstante, y con alguna que otra lagrimita cayéndonos por los ojos, con lo que nos hemos encontrado con un disco que viola las mismas armas a lo largo de sus diez piezas y que nos hubiera sabido mucho más dulce si se hubiera comprimido en formato EP.

Pónganse “Smalltalk”, la primera canción que dieron a conocer, y déjense llevar por la estática voz de Bettinson, esos arpegios sintéticos con los que Godrich salpica sus casi cuatro minutos de duración y esa base arrítmica y resbaladiza en clave krautrock / trip-hop –no muy lejos de la estética de los UNKLE de “Never, Never, Land” con una capa extra de dulce– con la que Waronker barniza todo el tema tomando el broken beat ensoñador como único credo. ¿Les ha gustado? Si la respuesta es afirmativa deberían saber que esto, y sólo esto, es el patrón que el tridente nos ha encasquetado a lo largo de este spin-off (también) del “The Eraser” de Yorke. Porque en realidad, más allá de su precisa producción, sintéticamente punzante y expansiva (puestos a guardarnos un pedacito del álbum en nuestro mp3 agarraríamos “Easier” y ese “Static Light” humanizado por las voces, pese a ser un témpano de hielo), el disco acaba cayendo con el paso de los minutos en un opaco pozo que ni la propia Bettinson puede reflotar dada la falta de recursos de sus cuerdas vocales. También hay que entender que en Ultraísta hay un poso de ultraísmo –movimiento de vanguardia español de la década de los 20 del siglo pasado que exigía una concisión máxima de la palabra, basada en la metáfora y la eliminación de cualquier adorno innecesario–, y que sería incongruente con su propia identidad el revestimiento exagerado de las piezas. Pero más allá de la teoría, quedan las formas, y como divertimento de Godrich, Ultraísta tiene su qué. Pero con cinco temas a lo sumo ya hubiéramos tenido más que suficiente.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar