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Álbumes

Leila LeilaU&I

6.5 / 10

Leila

Entre “Courtesy Of Choice” (2000) y “Blood, Looms & Blooms” (2008), Leila dejó pasar nada menos que ocho años. Fue una larga, larguísima espera, y valió la pena. Entre “Blood, Looms & Blooms” y este nuevo “U&I” sólo ha dejado transcurrir cuatro, pero parece como si hubiera sido una eternidad. El efecto acaso se explica por la tibieza final; si hubiera sido una obra deliciosa como las anteriores, repleta de romance electrónico, nostalgia de infancia y naturaleza floreciente, quizá estaríamos olvidando los momentos flojos y regalándonos en la belleza singular de su música, que siempre cuesta describir con palabras sencillas –ni pop, ni soul, ni IDM, ni retrofuturismo, y un poco de todo eso a la vez, ya desde los tiempos felices de “Like Weather” (Rephlex, 1998)–. Pero Leila Arab no está tan fina como otras veces, le falta esa chispa, y esto era algo que se veía venir desde unos meses atrás. Björk, su amiga Björk, cuando comprobó que el resultado final de “Biophilia” no acababa de estar a la altura de las expectativas, le llamó para hacer retoques, practicar arreglos, darle una capa de pintura y vestirlo mejor; Leila, como ya hiciera en “Post”, fue con su arsenal de cachivaches y arregló “Biophilia”, pero no lo suficiente. Parece que su magia ha perdido el momentum.

“U&I” es un disco planteado de manera diferente por la Arab, al menos en su gestión de esfuerzos: por primera vez lo ha hecho ella sola con la única ayuda de un colaborador, Mt. Sims –antiguo artista del sello International Deejay Gigolo, colaborador de The Knife, ambigua figura de la noche canalla en Nueva York–, que ocupa toda el área vocal que antes se repartían entre Terry Hall, Luca Santucci, Roya Arab o Donna Paul. Mt. Sims tiene un registro parecido al de Luca Santucci, grave y viril, y ahí parece que su ausencia no se note. Pero no son los detalles los que afectan a “U&I”, sino la visión de conjunto. Uno por uno, los cortes del álbum nos hablan de lo que debería ser un trabajo de Leila: hay travesuras electrónicas con aparatos antiguos, conexiones raras entre el pop y la composición abstracta y algunas salidas del guión en forma de piezas uptempo. Pero de principio a fin carece de esa atmósfera unificada y cautivadora que existió en “Like Weather” y “Courtesy Of Choice” –y un poco menos, pero bastante más que aquí, en “Blood, Looms & Blooms”–.

Pasa demasiado rápidamente del frío al calor. “Of One” es una intro característica de Leila, apenas un minuto de sonidos de vapor y tonos de sinte antediluviano, pero “Activate I”, la pieza que le da continuidad, sube el beat al máximo conocido en su carrera con un arranque techno asimétrico, como si el patrón rítmico tuviera una lesión de rodilla, y estos toma y daca se mantienen sin que acabe de cuajar una cohesión coherente. Los primeros cameos de Mt. Sims llegan en el primer tramo, con “All Of This” –que suena como una Björk transexual, con voz de Mairena–, “Welcome To Your Life” –que sostiene el beat subido de intensidad– e “In Consideration”, una especie de ambient operístico que sitúa el contenido, de nuevo, en un espacio onírico. “U&I” plantea un clima extraño y difícil, como soñar con una rave de manera muy vívida, o como estar en un club sórdido y pasar constantemente del barullo sexual del cuarto oscuro (Dios nos libre) a la tranquilidad amortiguada de los lavabos (con sus suelos sucios). Y además de hacerlo constantemente, hacerlo también con mucha rapidez, sin fijarse en los detalles: de la miniatura IDM de “Eight” se pasa en un santiamén a la canción de cuna para un niño poseído por el demonio de “(Disappointed Cloud) Anyway”, y de ahí al minuto de rugosidad industrial de “Interlace”, y una vez más al techno –con influencia directa de Joey Beltram o Marc Acardipane– de “Colony Collapse Disorder”, y luego a una especie de electroclash viscoso de “Boudica”, difuminado al final como una nube de humo que se escapa por la ventana.

“U&I” no es una violación sonora, pero a veces lo parece. Se complace en confundir y en romper la simetría, en dejar escapar los aromas; parece disfrutar con la perplejidad que causa. El problema, de todas maneras, no es la perplejidad –será por discos que hay ahí fuera que te dejan con gesto de incredulidad; esto no le debería pillar por sorpresa a nadie–, sino el no haber dado con la tecla para conjuntarlo todo de una manera armoniosa. Leila ha sido capaz de escribir muy buenos episodios –y es especialmente notable el final, con los tributos a la library music y la electrónica analógica primitiva desde “In Motion Slow” en adelante, hasta concluir en “Forasmuch”, donde vuelve a jugar con sus sintetizadores como una niña con su muñeca chochona–, pero lo que no le ha salido esta vez es una buena novela.

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