UGK 4 Life UGK 4 Life

Álbumes

UGK UGKUGK 4 Life

7.8 / 10

UGK  UGK 4 Life JIVE

En el saqueo económico, mediático y popular que el dirty south protagonizó a inicios de esta década en el mapa hip hop norteamericano, UGK, tándem formado por Bun B y Pimp C, fue uno de los pocos referentes de la escena que no se hizo con la parte del pastel que, por historia, bagaje, trayectoria y credibilidad, le correspondía. Otros, más jóvenes, hambrientos y ansiosos, trincaron la pasta y se dedicaron a redimensionar su estatus ( Lil Wayne, de rey del Sur a rey del mundo), a la vida contemplativa ( Lil Jon va camino ya de los cinco años de silencio desde “Crunk Juice”) o al menos noble arte de la perrería creativa ( David Banner, quién le ha visto y quién le ve), pero UGK, padrinos espirituales de todo este movimiento, quedaron fuera de encuadre cuando el crunk, el Houston rap y el sonido Nueva Orleans salieron a la superficie y asaltaron la banca. No pareció importarles, pues en todo este tiempo siguieron grabando y publicando discos, siempre fieles a su sonido, y apenas patalearon lamentando otra injusticia histórica, pero prevalecía entre los headz la sensación de que el público y la industria no se habían comportado bien con ellos.

Y ahora, una vez más, el hip hop, fiel a un ADN marcado en todo momento por el apego a la tragedia y el drama, se cobra la cuenta pendiente aunque sea a costa de un cadáver inesperado. La muerte repentina de Pimp C en diciembre de 2007 ha fomentado la reivindicación –tarde y mal, conste en acta– de un referente que llevaba más de veinte años en la brecha y que indudablemente tuvo buena parte de culpa en el levantamiento, casi podríamos llamarlo golpe de estado, que el dirty south llevó a cabo hace unos años en el entorno de la música urbana estadounidense, un tsunami que acabó expandiéndose más allá de sus fronteras e incluso ejerció de influencia en otros canales de expresión (el grime, por ejemplo). “UGK 4 Life”, grabado poco antes del mencionado fallecimiento, pasa por ser, ahora sí, aunque en el ámbito del rap una desaparición nunca es garantía de nada ( 2Pac y J Dilla siguen engrosando discografía desde el otro barrio sin que a nadie parezca sorprenderle más de la cuenta la profundidad de archivo de ambos), el álbum póstumo de Pimp C junto a Bun B, el canto de cisne de UGK, y, por supuesto, el disco más importante que saldrá de terreno sureño a lo largo de este 2009 si Lil Wayne no lo evita.

Como si estuviera todo pensado a priori por un guionista de “Friday Night Lights”, este retorno tiene mucho de final épico de contienda deportiva y de reconciliación personal. “UGK 4 Life” cierra etapa e historia con un más que explícito retorno al sonido más orgánico, cálido y sudoroso de la banda, un voluminoso tratado de funk que recuerda, a conciencia y con toda la intención del mundo, a sus primeros discos y, por ende, al génesis del Houston rap, ese subgénero maldito y maltratado en los 90 que, sin embargo, sentó cátedra y ejerció de brújula para sus vecinos de Atlanta o Nueva Orleans. Se han distanciado a propósito del latido más bouncy y electrónico de sus dos últimos discos, sobre todo de UGK (Underground Kingz), se han refugiado en una producción más retro, han reclutado a un puñado de instrumentistas con empaque y, sobre todo, han dado rienda suelta a ese discurso de medios tiempos turbulentos marca de la casa que tiene estilo propio y no suena a enésimo producto clónico destinado a quemarse en las rotaciones radiofónicas. Se hace extraño y deprimente pensarlo y decirlo, pero en estas canciones el grupo suena pletórico de forma, motivado y muy fresco. Contradicción fatal: no es su disco más redondo, pero sí parece su mejor despedida posible.

David Broc

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