Two-Way Mirror Two-Way Mirror

Álbumes

Crystal Antlers Crystal AntlersTwo-Way Mirror

7.5 / 10

Crystal Antlers  Two-Way Mirror RECREATION LTD.

Crystal Antlers han estado de gira por Estados Unidos y Europa hasta en nueve ocasiones. Se nota. Estos californianos saben cómo manejar y exprimir sus instrumentos y, lo más importante de todo, saben cómo desenvolverse en la dinámica de la banda, tocando a una con una compenetración absoluta. Las frases melódicas van cayendo y las modifican sobre la marcha, repiten los ritmos con perfección mecánica y los recontextualizan. Hay una inmediatez digna de aplauso en “Two-Way Mirror”; se puede sentir en la pesadez del aire, en el sudor, en los cuerpos en movimiento. Pero, ¿se traduce todo esto necesariamente en un álbum de estudio competente?

“Two-Way Mirror” se abre con “Jules Story”: un ejemplo resplandeciente de psicodelia bañada en noise-pop. Emergiendo de un lecho de feedback, cobra forma gracias a la técnica impresionante de Kevin Stuart a los mandos de la batería –similar en destreza a la que se puede escuchar en bandas como Dirty Projectors–, antes de regresar a su forma normal de siseos y fuzz. Hay una excitación latente, una fiebre que te arrastra desde la barra del bar hasta la pista de baile.

Si nos atenemos a la producción, la niebla sonora se ha disipado en comparación con los días de “Tentacles”; esto implica que el esqueleto de cada una de las canciones se percibe más claro, en especial cuando entran la voz suave de Johnny Bell y el impulso que añade Cora Foxx con el órgano. “Summer Solstice”, por ejemplo, florece a partir de un feedback sencillo hasta coronarse con un estribillo eufórico. Como si fueran Sonic Youth con un bronceado de playa o unos Arcade Fire tan rebeldes como siempre pero más amables. Capa sobre capa, conduciendo el resultado hasta explotar en un verso que parece una consigna, “desaparecer”. El problema es que no hay mucho más que eso. El disco desaparece muy pronto. A lo largo de todo “Two-Way Mirror” se percibe esa brevedad, con la excepción de la exultante y molona “Dog Days”: casi todos los temas se cortan a los tres minutos. Es pop progresivo que ha cristalizado en las formas escuetas de una canción punk. Y a pesar de que estoy a favor de las canciones depuradas, Crystal Antlers lo llevan demasiado lejos. Si se tiene en cuenta la complejidad de las texturas que muestran, la rapidez con la que desaparecen los temas te deja con un mohín de insatisfacción. Nos enseñan pequeños detalles del paisaje, pero si no te dejan hacer el viaje completo es complicado disfrutar de las vistas.

Esta sensación de movimiento se extiende a las influencias que manejan: Crystal Antlers han aprendido nuevas cosas durante sus giras por el mundo. Su ferviente eclecticismo se ha expandido. “Knee Deep”, por ejemplo, se fija en el folk de los 70 (con el añadido de un matiz vocal a lo Ben Gibbard), mientras que “Always Afraid” está subrayada por una frenética discordancia free-jazz. Es más, “Fortune Telling” combina a la perfección la velocidad del surf-rock con una progresión armónica propia del doo-wop. Como si fuera una versión alternativa a la canción más esperada del baile de fin de curso: los descastados se han adueñado del escenario.

Crystal Antles son una banda de directo increíble y han sacado partido de las ventajas que tiene salir de gira con frecuencia: “Two-Way Mirror” es dinámico, bullicioso y divertido. Eso sí, no termina de ser un álbum fantástico. A veces parece flaquear. Está bien ejecutado, te lo pasas bien, pero necesita algo más de tiempo para hundir sus raíces en tu corazón.

Jessica Jordan-Wrench

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