Two Eleven Two Eleven

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Brandy BrandyTwo Eleven

6.2 / 10

Joder Moesha (sigo llamándote Moesha, querida Brandy, fueron muchas horas viendo teleseries en La 2), no envejeces. Casi que tienes la misma cara que cuando lo petaste con el “The Boy Is Mine” con tu prima Monica. Pero ya nunca volviste a hacer un “Never Say Never”. Qué penita, con lo que se salió ese disco. Eran otros tiempos, Darkchild estaba en plena gracia y no hacía desaguisados para Justin Bieber. De cualquier manera, has seguido sacando discos a buen ritmo; te has sabido rodear de gente de bien y tu voz sigue teniendo ese toque grácil e infantil y ese carraspeo dulzón que la hace tan reconocible –a diferencia de la voz de tu colega Monica, que por muy bien que cante tiene la misma tonalidad que la de cualquier finalista de X Factor–. En “Two Eleven” repites fórmula. Es más de lo mismo, pero con un toque actualizado, que no se diga que se gastan el dinero en ti a lo loco.

Lykke Li te ha echado una mano en “Let Me Go”, bien jugado. Es uno de los tres temas que firma el celebradísimo Bangladesh, al que parece que le ha subido el azúcar para producirte la mitad más disfrutable del disco. No lo digo a malas, ojo. Esta faceta más sweety del productor también me gusta. Además, Brandy, creo que eres incapaz de hacer un tema como “Diva” de Beyoncé o “Aww Shit” de Kelis. Tu legado como estrella infantil de la pequeña pantalla no te lo permite. Y tú debes pensar que venderte a estas alturas como una maneater, una lobona –como hiciera Nelly Furtado en su momento– está totalmente fuera de lugar. Integridad, olé tú. Bangladesh no es el único mastodonte que te has agenciado. Sean Garrett, que de actualizado no tiene nada, pero de hacer hits sabe un rato, también ha estado en el estudio. He aquí la explicación de que la ya mencionada “Let Me Go”, tu single con Chris Brown “Put It Down” y la fantástica “So Sick” (vaya highlight Brandy, así da gusto aprenderse estribillos) sean los temas que mejor funcionen de “Two Eleven”.

Pero no dejemos de lado la inesperada aparición de Switch, del que no se sabía mucho desde que saliera por lo bajini del proyecto Major Lazer con Diplo (¿acaba todo el mundo fatal con Diplo o es cosa mía?). Suyo es “Slower”, donde se nota su contacto con otros mundos alejados de la tradición R&B mainstream. Y, sin embargo, “Slower” le ha quedado muy próximo a las producciones del “Fanmail” de TLC o a aquel “What’s It Gonna Be?” de Busta Rhymes y Janet Jackson, con sus efluvios acuosos y futuristas. Sea como fuere, el tema suena diferente del resto del disco, algo que es de agradecer. Porque el resto de temas que aparecen en este álbum recuerdan al que podría haber sido el siguiente trabajo de Whitney Houston.

A ella le has dedicado en parte este álbum. La que fuera tu amiga se fue de este mundo trágicamente un 11 de febrero, el mismo día que tú cumples años. A las fans de la Houston, esas señoras que maduraron bailando Diana Ross y que se emocionaron con “El Guardaespaldas”, les va a encantar el resto del disco, con sus baladas tradicionalistas en las que luces los matices de tu voz. Pero no creo que ninguno de esos cortes te haga subir como la espuma en Billboard, Brandy. No pasa nada, tienes 33 años y le has sobrevivido a muchas princesas del urban de tu generación manteniendo tu imagen angelical, apostando por trasladarla a los nuevos sonidos de la industria, pero sin dejar de lado el mercado adulto que te vio crecer en la tele. Ya nadie se acuerda de Ashanti, Mya o Lumidee y tú sigues al pie del cañón. Gracias por esos cuatro cortes de Bangladesh, Garrett y Switch. Nos vemos en tu próximo reality.

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