Two Dancers Two Dancers

Álbumes

Wild Beasts Wild BeastsTwo Dancers

8.3 / 10

Wild Beasts  Two Dancers DOMINO / PIAS SPAIN

La cosecha británica de este 2009 está siendo bastante superior a la de anteriores temporadas. Parece por fin que los grupos de Reino Unido se han puesto las pilas espoleados por el apabullante talento que llega del otro lado del charco. Estamos viendo nacer y crecer a bandas de verdad, que sacan pecho, con personalidad y sin miedo al ridículo, rotundas y atrevidas. Grupos que estilizan ese poso engreído que suele llegarnos de las Islas y que plantan cara de una vez a la efusiva creatividad americana. Con Arctic Monkeys afianzados (aunque flojeando) y discos como los de Bat For Lashes, The Horrors, Future Of The Left, The xx, Soulsavers, Micachu o los inminentes The Big Pink marcados ya a fuego en el resumen de este ejercicio, ahora la lista se amplía un poco más. La culpa es de los voluptuosos Wild Beasts y de este fantástico “Two Dancers” de precioso título.

Conocidos como Fauve cuando se formaron siendo un dúo allá por 2002, el hoy cuarteto reubicado en Leeds nos lo dice todo desde sus orígenes. El término en cuestión (el significado de ‘fauve’ es fiera) dio nombre a una de las ramas más importantes del expresionismo: la corriente pictórica del fauvismo en la que los colores se violentaban aplicándose de manera irreal y los trazos se subrayaban hasta el exceso. Pues bien: aunque el actual nombre de Wild Beasts tampoco les sienta nada mal, su nomenclatura ancestral nos da más pistas sobre las filias del grupo. Lo suyo es eso, expresionismo, exceso, estética agresiva; una amalgama bien batida y sin apenas grumos de drama glam, funk libertino y art-pop galopante. El cóctel se excita sobremanera con el falsete de Hayden Thorpe, un cantante a medio camino entre Paul Buchanan ( The Blue Nile) y un Antony desmelenado en un cuarto oscuro. Bajo el signo de todo ello, Wild Beasts se elevan como el epítome de lo cool, “por lo moderno y por lo renacentista, por los pantalones anchos y por los pitillos, por una escena y por un lugar”, como declaran en su MySpace. Los temas de su segundo trabajo suenan solemnes y, en comparación con el estupendo “Limbo, Panto” (2008), más concentrados y sostenidos. Las aflamencadas curvas y la pomposidad desbocada que dieron forma a temas como el inolvidable “The Devil’s Crayon”, se refinan ahora con un garbo más controlado. Todo en “Two Dancers” despide un brillo marciano que fija y da esplendor, partiendo de colchones instrumentales al dente que van creciendo hasta desplegarse como pavos reales de salvaje pluma multicolor. La producción nos lleva hasta trabajos de los ochenta más floridos y románticos, aquellos que orbitaban alrededor de los versos The Smiths y de los efluvios de Modern English llegados desde Nueva York. Sí, Wild Beasts podrían ser perfectamente los Associates de hoy día o unos Lotus Eaters bañados en la opulencia. También tiran líneas hacia estetas más tardíos tipo Suede, Rialto y todo aquello, conectando con todo aquel frenesí por la misma vía que transitan los Guillemots más dinámicos.

Lo mejor de todo ese barroquismo sonoro, de esa sofisticación exaltada al cien por cien, de ese temperamento inflado y lascivo, es que el grupo nunca peca de soberbio. Extravagante pero menos, “Two Dancers” entra solo, llamando la atención con su ramalazo, pero siempre cortés y coqueto. Ellos no tienen miedo a resultar pedantes ni demasiado afectados, simplemente quieren sonar a Wild Beasts y, por ahora, no cabe duda de que van bien enfilados. Además lo han hecho rápido, cuando aún no ha pasado ni siquiera un año desde que se editara su estreno discográfico. Estilo y mucho trabajo: ahí está la clave.

Cristian Rodríguez

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