Tuning Echoes Tuning Echoes

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Mock & Toof Mock & ToofTuning Echoes

8 / 10

Mock & Toof  Tuning Echoes TINY STICKS / M&T INC

Me imagino el teléfono de Mock & Toof: echando humo de tantas llamadas entrantes. O si no su bandeja de correo electrónico, con centenares de mensajes sin leer por falta de tiempo. Estos dos chicos han estado muy ocupados en los últimos meses –¿he dicho meses? Perdón, quería decir años?– aceptando remixes para algunos de los artistas más hip del momento –empezando por The Juan MacLean, continuando por Hot Chip, acabando en Ladyhawke, etc.–, siempre para sellos que manejan presupuestos holgados. Entonces aprovecho para pensar en la cuenta corriente de estos dos productores con la agenda saturada y sólo veo billetes grandes. Pero lo que tienen hay que reconocer que se lo han ganado depurando un sonido que entronca con la facción más accesible e indie-friendly del revival disco, pariente cercano del que también se edita en plataformas tan respetadas como DFA y Rvng Intl. Lo que ahora aparece en Tiny Sticks –otro de los grande sellos de buen neo-disco, del que merece conservarse para la posteridad– es, dicho todo lo anterior, el primer match ball que tienen Mock & Toof para consolidarse como creadores con posibilidades artística a la altura de sus capacidades técnicas. Todo un álbum para ellos, para demostrar que saben componer, que saben desarrollarlo con pulso. Hay precedentes de altura –Metro Area, LCD Soundsystem, Chicken Lips, Lindstrom– y la responsabilidad es grande.

Mock & Toof plantean el primer objetivo con absoluta claridad: buscan sonar amables, sin complicaciones. Sus temas son lúdicos, con voces en primer plano y producción clara que en ningún caso va a la deriva. El punto de partida está en el sonido retro de la música disco neoyorquina –y ocasionalmente europea– de los años 80, pero a partir de aquí Mock & Toof se permiten modificar las reglas a su conveniencia para lograr ese equilibrio con el pop que tanto les preocupa. De ahí que la mayoría de temas sean vocales, aunque tienen el acierto de no acudir a un elenco estelar de voces invitadas que habrían saturado el tracklist con lujo excesivo –algo que siempre ensombrece el resultado final; nos fijamos más en quién está que en cómo suena–: todo se lo reparten entre Polina Lapkovskaya –la chica del grupo POLLYester, nuevo fichaje del sello Permanent Vacation– y Gavin Gordon, que si se presentara a un concurso de imitadores ganaba y todo: hay veces en sus cuerdas vocales suena igual que las de Matt Bellamy (Muse) o las de Steve Mason (ex líder de The Beta Band). Se lo reparten para que el álbum tenga consistencia pop y también para que no sea una ruptura con respecto a lo que han venido haciendo. Recuperan, por ejemplo, “Underwater”, editado hace dos años en DFA, y el álbum se abre con el que ha sido el primer single, “Farewell To Wendo”, que lo pone todo en su sitio: melodías pegadizas, influencias por igual de italo, mutant disco y un toque femenino a lo Desire, Glass Candy o The Juan MacLean, un tipo de producción en la que haya espacio para todo, desde la percusión orgánica con congas a los destellos de sintetizadores espaciales sin olvidarse de todo tipo de overdubs. Porque el álbum suena lleno de capas de audio sin resultar nunca barroco.

A Mock & Toof les podemos distinguir con varios títulos o enunciados pomposos. La respuesta británica a DFA, por ejemplo: “From Kashima”, con sus campanillas y su groove evolutivo podría ser un buen ejemplo, porque tiene ese sonido de club en una zona alta y adinerada en una gran ciudad, esa manera de plantear la fiesta en petit comité. O como unos Hot Chip que se hubieran decantado más hacia la producción y el ritmo antes que hacia la composición y la canción pop – “Day Ken Died”, de todos modos, sería un tema al que Hot Chip no hubieran dicho que no, les hubiera quedado como anillo al dedo en “The Warning”–. Pero Mock & Toof no son encajonables en un cliché fácil, porque entonces te sueltan un tema como “Shoeshine Boogie”, que tiene elementos de clásicos olvidados del Paradise Garage, de canción de The Flirts y, por supuesto, la influencia del recuperado sonido boogie de mediados de los 80 en el downtown neoyorquino, y demuestran que también saben explotar sus dotes de arqueología dance –por no hablar de “Norman’s Eyes”, que comienza con la misma secuencia de bajo que el “Dirty Talk” de Klein & MBO para luego evolucionar hacia el impenitente híbrido disco-pop que manda en este álbum que, a medida que se escucha, va destapando sorpresas. Tanto se decanta por el punk-funk ( “The Key”) como acude a fuentes jazz ( “Mr. Frown”), e incluso se vuelve cósmico y planeador al final ( “Take Me Home”) y rescata el necesario toque early house (“Underwater”). Muchos registros y una sensación inamovible: Mock & Toof saben cómo hacer música para una fiesta sin ser vulgares. En su elegancia –más su capacidad para sumar melodías bien construidas a una producción compleja– está el secreto de “Tuning Echoes”.

Ronald Fritze

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