Trust Now Trust Now

Álbumes

Prince Rama Prince RamaTrust Now

7.8 / 10

PAW TRACKS

Vi por primera vez a Prince Rama, o Prince Rama of Ayodhya, que es como se llamaban antes, en el festival Green Man de Gales, de esto hará cuatro años. Eran, directamente, la propuesta más rara de todo el cartel. La percusión repiqueteaba, las melodías estaban hinchadas, y no pasaba un solo minuto sin que lanzaran un alarido de timbre agudo. Allí estaban el teclista Michael Collins y la percusionista Taraka Larson junto con su hermana Nimai, que tocaba la guitarra y cantaba: la experiencia al completo era como llevar a tu tía, la hippie, a su clase de baile Astral Energy. Pero de una manera bien. De hecho, aquello fue una sorpresa, sobre todo cuando, pasados diez mintuos, te das cuenta de que nadie a tu alrededor está desnudo.

Después de aquello me aseguré de hacerme con su álbum de debut, “Threshold Dances”, y no me decepcionó, a pesar de que de vez en cuando sonaba como una interpretación musical, entre amateur y dramática, del Bhagavad Gita. Pero entre los chillidos dementes y los cánticos también había canciones excelentes, por no hablar ya de esa obra con auto-harp titulada “Gita Nagari (Part I)”. Además, saber que toda la banda había crecido en una comuna Hare Krishna ayudaba a quitarse la idea de encima de que toda su dimensión espiritual y los fraseos influenciados por la música oriental eran recursos artificiosos y forzados.

Desde entonces, han ido mejorando. Editaron “Of Ayodhya” (¿no es un nombre un poco raro?) y Michael Collins (¿no es un nombre demasiado poco raro?) se tomó unas vacaciones temporales. Irónicamente, el sonido es ahora más enorme que nunca en “Trust Now”, el quinto álbum, y la partida de Collins no ha hecho disminuir en absoluto la preeminencia de los sintes. Es más: la decisión de grabar el álbum en una iglesia del siglo XIX con Scott Colborn (que ha producido a Arcade Fire y a Animal Collective) significa que Prince Rama suenan ahora más épicos que nunca.

El álbum arranca con un montaje de samples soulful que suena tipo “oooooooh yeeeaaaeeaaaaeeaah” (un truco que ya había empleado antes la banda Quasi, de Portland), antes de que se amontone un tumulto de pinchazos brutales de sintetizador que son la apertura del primer corte, “Rest In Peace”. La voz de Nimai se ha vuelto más amable con el paso de los años, y su manera de cantar es menos estridente que en lanzamientos anteriores; su tono es más grave, de la misma manera en que el volumen ahora es mucho más alto.

La música también se ha modificado levemente. La influencia primaria sigue siendo la del Este, pero un oriente mucho más lejano que antes. Específicamente, el sudeste asiático. Abundan las escalas pentatónicas, y en canciones como “Summer Of Love” Prince Rama suenan como esa banda entre californiana y camboyana, Dengue Fever (siempre y cuando Dengue Fever sonaran tan raros como sus pintas). También tienen algo de Gang Gang Dance, comparten un compromiso similar por esa suerte de libertad musical que sólo se puede obtener acudiendo a esa improvisación, comandada por sintetizadores, que suena como no fuera de este mundo. Los cambios de tempo y de patrón de los sintetizadores en “Trust” nos suenan familiares en ese sentido; te olvidas de a quien estás escuchando (hasta que salta un un cántico procaz que te devuelve a la realidad). Sólo Prince Rama prefieren construir mantras antes que estribillos.

El siguiente corte, “Portalling”, es el más relajado del álbum, a pesar de que está igualmente salpicado por choques de címbalos. La batería está, como siempre, tocada con libertad y abandono de espíritu, pero aquí la percusión está afinada como en un gamelan, produciendo un contraste que siempre es bienvenido. Y aunque nunca se diría que Prince Rama es un experimento esquivo, al cabo de un rato es lógico sentirse exhausto después de tanto cambio. Quizá sea por el ambiente de la iglesia en la que se grabó el disco: hay partes que suenan a veces un poco indistintas, o fangosas. Sospecho que hay una especie de moda por grabar últimamente en iglesias (Wu Lyf lo han hecho también), pero, la verdad, ¿vale la pena? Supongo que a los artistas lo que les interesa es la atmósfera reverencial que les rodea, pero a nivel de sonido cuesta encontrar algún beneficio para la música. A menos que te guste, mucho, muchísimo, el eco.

En cualquier caso, si puedes vivir con la idiosincrasia new age de Prince Rama, este tipo de quejas son triviales. En estos seis cortes suceden más cosas de las que muchas bandas podrían embutir en sesenta. No hay nadie ahí fuera como ellos, y eso siempre es algo bueno. En parte porque enfatiza la singularidad de su aproximación y amplifica lo exótico del resultado. En parte también porque si hubiera más de un Prince Rama sería difícil de digerir, incluso para los alumnos que van a la misma clase de baile que tu tía.

Kier Wiater Carnihan

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