Truelove?s Gutter Truelove?s Gutter

Álbumes

Richard Hawley Richard HawleyTruelove?s Gutter

8.1 / 10

Richard Hawley  Truelove’s Gutter MUTE

Para la inmensa mayoría de los que tienen algún disco suyo, Richard Hawley se convirtió hace tiempo en un básico. Como esa gabardina en tono café con leche para los días de otoño. Como el grandes éxitos de Roy Orbison al que recurrir en días de manta, moqueo y poca autoestima. Como el Espidifén para salvar el día de la resaca paralizadora. No falla, siempre está ahí, para lo bueno y para lo malo. Ajeno a las modas pasajeras. Y desafiando, desde un romanticismo más anclado en el siglo XX que en el XXI, a la caprichosa escena musical británica, tan proclive a fabricar juguetes rotos a base de fomentar estrellatos efímeros de corto recorrido.

Con el último “Truelove’s Gutter” (Mute), su sexto álbum en solitario, Hawley se confirma como ese valor seguro que en tiempos de crisis se revaloriza. También como un tipo valiente y con coraje, lo cual debería esperarse de todos los artistas a los que admiramos. No es sólo que Hawley haya vuelto a firmar un puñado de canciones redondas desde la óptica del crooner solitario que abre su corazón y desnuda sus miedos y miserias, sino que lo ha hecho desafiando bastantes parámetros comerciales: “Truelove’s Gutter” consta de ocho únicos temas, algunos de casi 10 minutos de duración (un suicidio para el formato radiofónico y el modo de escucha intermitente que alimentan Myspace o el iPod), en los que en vez de asegurar el tiro repitiendo fórmula (esto es: melodías magistrales y riquísima orquestación con toques vintage, con el retrovisor apuntando a los 50), ha optado por otra vía: el menos es más. Y el resultado es de sacarse el sombrero.

Donde antes había violines a tutiplén y ambiciosos desarrollos en la estela de ese reducido club de genios barrocos y perfeccionistas ( Scott Walker, Roy Orbison) obsesionados en condensar en una canción la enorme complejidad que tienen las emociones, la vida misma, ahora hay contención y dosificación. Hawley, acompañado de chelo y violín, sin más. O de su guitarra. Donde antes había acompañamientos envolventes que lo llenaban todo, ahora las letras (con ese humor sarcástico que aporta la madurez, nada de lloriqueos adolescentes) quedan sobreexpuestas bajo una luz clarificadora, como en “Don’t Get Hung Up In Your Soul”, con final hipnotizante digno de western. También hay lugar para la experimentación, como la oscura introducción ambiental que roza lo abstracto (casi podría decirse a lo “Twin Peaks”) que abre el disco en “As The Dawn Breaks”. En “Ashes On Fire”, el de Sheffield demuestra que bien podría haber nacido en Memphis, a orillas del Mississippi. Pero por encima de todo, lo que abundan son las confesiones. El Hawley letrista e intérprete es el que sobresale aquí. El testimonio no es el que uno podría esperar de alguien que bordeó el precipicio de las drogas y el alcohol antes de conocer el superéxito con Pulp, sino el de un tipo sencillo que habiendo vivido todo eso (la fama planetaria de “Different Class” y el “sexo, drogas y rock’n’roll” en su versión menos romantizable), prefiere escribir sobre lo que tiene cerca, aunque ese material no sea carne de tabloide ni apto, probablemente, para el público más joven. Hawley prefiere su universo cotidiano: su Sheffield natal (presente en todos sus discos en solitario) y las complejas interioridades de una relación de pareja larga. Como cuando le canta a su mujer, en “For Your Lover Give Some Time”, que promete no beber ni fumar demasiado, regalarle flores, ver la tele con ella y quizá algún día, no muy lejano, tatuarse su nombre. Hawley pertenece a una estirpe que escasea. Aplausos y reverencias.

Leticia Blanco

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