True True

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Violens ViolensTrue

7.3 / 10

El caso de Violens es francamente raro. Su álbum de debut, “Amoral”(Static Recital, 2010), pasó injustamente desapercibido, especialmente teniendo en cuenta que muchos compañeros de generación y barrio –el trío salió de Brooklyn– han ofrecido trabajos mucho más planos e insulsos. Ese estreno en largo era un esplendoroso despliegue de influencias, con referencias al glam, el pop psicodélico de The Beatles, el noise-pop y el jangle, todo ello empaquetado en un envoltorio arty que se miraba en el espejo de bandas como Prefab Sprout, The Blue Nile y The Smiths. Hay quien podría achacarle que era algo disperso, con demasiadas ideas inconexas, pero nada más lejos de la realidad. El año pasado se decidieron a sacar una serie de sencillos individuales a razón de uno al mes. Estos se encuentran recopilados en “Nine Songs”, un disco al que, de nuevo, poca gente le ha prestado atención. Ahora llega el momento de su segundo LP, “True”, esta vez bajo el amparo de Slumberland Records, lo que debería reportarles la atención mediática que merecen.

Del mismo modo que “Amoral”, su continuación ofrece una propuesta variada que se podría dividir en distintos segmentos. “True” empieza calmado, con la refrescante “Totally True”, recuperada de esos sencillos de 2011: un corte de jangle pop de traje y corbata con un infeccioso ritmo. En la misma onda está “Der Microarc”, en la que una limpia guitarra vuelve a acaparar el protagonismo, aunque esta vez repartido con un palpitante bajo. “When To Let Go”, también repescada de “Nine Songs”, sin quitar la mirada hacia los 80s, echa un guiño a los 60s, con una buena dosis de dulces armonías, recurso que repiten en otros puntos del álbum. Pese a las evidentes virtudes de la pieza, de ese recopilatorio quizá hubiese sido más acertado incluir “Be Still” o “Spirit”. Le sigue “Sariza Spring”, que en su contra cabe decir que tarda demasiado en arrancar, tanto como para que muchos pierdan el interés y pasen a la siguiente pista. En un LP en el que acertadamente muchos temas no rebasan la barrera de los tres minutos y, de hacerlo, es por bien poco, esta canción se considera como el único traspiés del disco. Afortunadamente, el trío recupera rápido la forma en la esquizofrénica “Every Melting Degree” que, aunque sigue el sendero guitar-pop impuesto en la primera mitad del LP, los riffs de guitarra se mueven entre lo elegante y lo arrebatado. Primeras dosis de ruido y anticipo de lo que está por venir.

El tramo central se abre con el sombrío interludio “Lavender Forces”, que con su ruido parece querer invocar una tempestad y pone sobre aviso del terremoto musical que se avecina. La turbulenta “Unfolding Black Wings”, primer adelanto, y que ha sido descrito brillantemente por la banda como “su aproximación sónica a un grabado de Goya”, debe lo mismo a Ride que a Sonic Youth, y sirve como prueba de que Iddo Arad y Myles Matheny ahora tienen más protagonismo, no sólo en la composición, también en unos brillantes coros. Sin apenas descanso, la canción desemboca en “All Night Low” frenética pieza poseída por los redobles de batería.

De nuevo, las cristalinas guitarras se hacen querer en “Watch The Streams”, adornada por un órgano de inspiración 60s. Aunque se rebaje la intensidad, la pieza tiene un enorme poder magnético y vuelve a marcar otro punto álgido de “True”, que cierra con el único corte ligeramente new wave, “So Hard To See”. Es, pues, un disco bien parecido a “Amoral”, no tan variado, pero mejor estructurado, por lo que ahora sí, pocos reproches se le pueden hacer. La idea de colocar esas viscerales tres o cuatro canciones en su tramo central es más que acertada, como si Violens planteasen este disco como una gran etapa de montaña del Tour de Francia con triunfante final en plano.

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