Trouble Trouble Top

Álbumes

Totally Enormous Extinct Dinosaurs Totally Enormous Extinct DinosaursTrouble

8.1 / 10

Los sintetizadores alienígenas y los gorgoritos aterciopelados de ese hit llamado “Trouble” levantaron las orejas de los caniches pisteros que hasta ese momento no sabían nada de un flacucho nerd de Oxford de nombre imposible y futuro esplendoroso. Pop aletargado y algo cursi, de acuerdo, pero encajado en un estimulante mural de IDM, 2step, dub, console madness y melodías bailables. Con tan celebrado single –y el más reciente “Tapes & Money”–, Orlando Higginbottom dejaba allanadito el sendero hasta este majestuoso álbum, su obra magna, un bellísimo y atmosférico tratado sobre cómo conjugar la pesadumbre e ingenuidad melódica del pop sensible con estampas electrónicas de perfil contemporáneo. Un talento muy especial, un perfil de finísimo estilista que le ha llevado a remezclar a peces tan gordos como Lady Gaga, Crystal Fighters, The 2 Bears o Katy Perry. Está en alza y subiendo.

Y es que el rastro de sus Eps para Greco-Roman ha descrito una progresión de calidad que debía, por fuerza, verse reflejada en un corpus de canciones como el que tenemos entre manos. En “Trouble” encontraremos los singles más definitivos que, desde 2009, nuestro dinosaurio extinto favorito ha ido lanzando en el sello de Joe ‘Hot Chip’ Goddard. Caviar recopilado como Dios manda: el deep house-funk con ruiditos de Gameboy de la pegajosa “Garden”, el disco-grime épico con arena ibicenca en las orejas de “Tapes & Boys”, el aplastante dubstep-boogie de “American Dream Pt. II” o la euforia balearic, los repiqueteos percusivos y los chispazos disco-house de “Stronger”.

Y aunque una parte del disco –editado con honores de major en Polydor– ya se había catado en formato 12”, su tiempo le ha costado a Higginbottom juntar las piezas restantes del puzzle. Si algo se aprecia en las actuales partituras bailables del británico es un amor incondicional por el detalle, por el bordado manual, de ahí que sus construcciones estén plagadas de efectos escondidos y pequeños pellizcos que palpitan bajo esa voz afectada tan marca de la casa. Cada track es un mar de graves inflados con plumón, melodías con mucho suavizante y brillos musicales obtenidos del lustre underground de la escena UK.

Su forma de cantar, a medio camino entre Luomo y Superpitcher, se ajusta perfectamente a una paleta de sonidos rabiosamente actual: el 2step tostado, candoroso y vigorizante de “Promises” –¡qué bien entona el de Oxford en este track!–, el bass feérico con guiños a la IDM de los 90s que el tipo ejecuta con mano de santo y graves vibrantes en “Shimmer”; el electrohouse con exceso de serotonina francesa y voz femenina retro disco de la bestial “Your Love”. Grandes canciones, obras preciosistas surgidas de la mente de un chaval con la asombrosa capacidad de concitar en cuatro minutos el arrojo psicodélico ibicenco y la introversión pop más vaporosa. Romanticismo clubber. Música de baile para veranos del amor, pero también para veranos del desamor. Para lo bueno y para lo malo. 4.500 millones de años de puestas de sol, para que venga un imberbe de Oxford y les ponga banda sonora cuando falta tan poco para que se acabe el mundo. Disfrutemos de las pocas que nos quedan.

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