Trouble Trouble

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Hospitality HospitalityTrouble

7.4 / 10

Hospitality, trío neoyorquino de enorme encanto, se dio a conocer a principios de 2012 cuando publicaron su álbum de debut homónimo en Merge Records. Ahí exhibieron un pop que buscaba la melodía dulzona y los estribillos pegadizos. Tenían una fórmula y sabían manejarla bien. Para su segundo disco, todos nos hubiésemos apostado un riñón a que las cosas seguirían como estaban, pero no, ha habido un proceso de madurez aunque sólo hayan pasado dos años en los que la banda ha aprendido muchas cosas por el camino. Sus letras, entonces, eran universales y trataban de la angustia postadolescente. En otras palabras, de los amores no correspondidos de fiestas, de conocer nuevos amigos y de trabajar en oficios tediosos. También estaba como telón de fondo la ciudad de Nueva York. Ahora, en “Trouble”, “han aprendido a aceptar el silencio, a dejar que exista el espacio vacío sin importar lo que pueda despertar o evocar. Se puede escuchar una banda empujando sus fronteras y limitaciones”. Es decir, aquí lo que encontramos no es tanto un pop facilón y coqueto a la Camera Obscura, éste es un trabajo de una mayor profundidad y, por tanto, de unos resultados más convincentes, aunque según para quién no tan satisfactorio por el mero hecho de que no es tan inmediato como su antecesor.

En este sentido, hay dos mitades muy diferenciadas. La primera que sí, es tan pop como cabría esperar, y una segunda en la que imperan los tempos más calmados, especialmente en sus dos últimos temas en los que exhiben su lado más desnudo, acústico y casi mágico. Hasta se parecen a Kings Of Convenience en “Call Me After”. Pero al empezar el disco rápidamente nos encontramos con la pegadiza “I Miss Your Bones”, que ya lo dice todo con el título y que tiene un halo punk que la hace francamente especial sin perder su esencia melódica. Son canciones a las que hay que prestar especial atención porque si no te puedes perder los muchos matices que tienen, como ese solo de guitarra juguetón. Amber Papini sigue aquí igual de dicharachera y carismática como siempre. Se ha convertido en una frontwoman aún mejor, más decidida y confiada (en “Nightingale” está de lo más descarada). Existe una sensación cuando se escucha este álbum que Hospitality se han oscurecido un poco sin dejar por ello de sonar rematadamente bellos, atención si no a las cuerdas de “Going Out”. También han añadido a su sonido teclados ochenteros como en “Rockets And Jets” y han dejado más espacio para que sus canciones se desarrollen como es el caso de “Last Words”, que va de lo funky a lo atmosférico en seis minutos y medio (¿ese corista quiere imitar a Justin Vernon, por cierto?).

Como comentábamos antes, “Trouble” va más sobre lo que hacen los jóvenes una vez terminan la universidad, el vacío existencial o laboral que se encuentran, que de las fiestas que se pegaban unos meses atrás. En palabras de la Papini, “la mayoría de las canciones son sobre entornos del día a día que despiertan ansiedad o malestar”. De hecho, va más lejos, y habla de la inmensidad del océano como una de las grandes influencias líricas de este LP. Han crecido, sí, pero siguen teniendo el mismo problema que en su debut. Aunque sus canciones son divertidas y placenteras, lo cierto es que les falta aún fabricar ese hit redondo para convertirse en todo un referente, en dar un salto de calidad que les coloque en un puesto privilegiado. Pero cuando lo hagan, que no dudamos que así sea, se convertirán en una de las bandas más reivindicadas del pop de su país. Al tiempo.

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